jueves, 20 de marzo de 2014

¡Mi abuelo es un beatle! Capitulo 10 FINAL

Escuchó que, en un ruido infernal de chapas y cosas que caían, llegaba el auto de su madre, con su madre arriba, claro.  Bajó corriendo, su madre ya empujaba la puerta cargada con bolsas de supermercado.
-¡Mamá, mamá!
No hubo respuesta, la mujer sólo sacaba las cosas de las bolsas y maldecía por su precio.
-¡Caster!
-¡Ay, que no me llames por mi nombre!
-¡Es que parece que no me escuchas!
-¿Cómo no escuchar tu voz chillona? ¿Qué quieres?
-¿Tú sabías de esto? –levantó el cuaderno-diario de su abuela.
-¿Y qué diablos es eso? –se lo arrancó de las manos y lo miró-¿De dónde lo sacaste?
-Del baúl grande, el verde ese.
-¿Y cómo conseguiste la llave?
-¡Eso no importa ahora! ¡Lee!
-Ay cómo me tienes con tus cosas…A ver…
Comenzó a leer, primero con indiferencia, después maldiciendo. Al último, ya no tenía otra expresión más que asombro.
-Me engañó. Me engañó toda la vida. ¡Odio a mi madre! De hecho, la mataría si ella no me hubiera ganado muriéndose antes.
-¡Mamá! Lo ha hecho para que nunca supieras qué clase de porquería tenías como padre.
-Ok, pero me engañó.
-Bueno…sí.
-No entiendo porqué todo ese cuento de los Beatles, ¡podría haber inventado otros padres y ya! ¿Por qué ellos?
-Quizás pensaba que así te sentirías bien, y que si un día los buscabas, ellos te aceptarían, cosa que el tal Pick parece que no haría.
-Pero nunca los busqué, fuiste tú. ¿Ves? Hubieras dejado todo como estaba.
-Mamá…
-Bueno, ahora lo hecho, hecho está. ¿Cómo seguimos?
-Buscaré a Pick.
-¡No! Hazle caso a la vieja, sino la mentira que sostuvo toda no tendrá sentido. El Pick te echaría y probablemente no tenga dinero, ¿para qué lo queremos?
-Deja de pensar en el dinero.
-De algo o de alguien hay que vivir. Ay Midori, has lo que te plazca, pero no me vengas con llantos. A menos que Pick sea rico. Ahí le dices que estuve buscándolo toda la vida.
Sin ganas, sonrió, y su madre también. Subió al ático y para su sorpresa, Caster la siguió.
-Déjame ver si hay algo más. –dijo revolviendo el fondo del baúl-Sé que hay más cosas de tu abuela, pero están tapadas con la basura que dejó tu padre. Ayúdame.
Juntas levantaron cajas, bolsas, y una nube de polvo.
-Vaya, vaya, no sabía de estas herramientas de tu padre.
-Parecen importadas.
-Las venderé.
Continuaron buscando, pero no había más que cosas en desuso.
-¿Cómo decía que se llamaba? –preguntó Caster.
-John Perkins.
-Lo buscaré en la guía telefónica.
Midori se sorprendió, era la primera vez que veía a su madre entusiasmada con algo.
-Supongamos que Pick no tenga nada que ver, y tu padre sea Paul o Ringo, ¿qué harás?
-Nada.
-Pero ellos sí tienen dinero.
-No lo quiero. Me gustan los Rolling. ¡Ay Doris, ¿por qué no te acostaste con Mick Jagger?!
El teléfono de Midori comenzó a sonar descontrolado, lo miró.
-Ay…otra vez Jeremy.
-Dámelo, le haré saber que no tengo interés en ser su suegra.
Midori le lanzó el teléfono desde la otra punta del ático y Caster lo tomó en el aire y lo atendió.
-¡Idiota, deja de molestar a mi hija o te mando a la policía acusándote de sicario y contrabandista!
Cortó y dejó el teléfono en el suelo.
-Santo remedio.
-Gracias mamá.
-De nada. Ahora, como contraprestación, aguantarás escuchar Satisfaction y traerás la guía telefónica.

****************
Dos horas seguidas de escuchar la misma canción, tiradas en el suelo, mientras Caster llamaba uno por uno al centenar de Perkins que aparecía en la guía.
-¿Podría…?
-No muevas tus dedos, Midori Watts y deja a sus majestades satánicas en paz. Esa canción me da bríos, ¿no ves que nadie conoce al maldito John Perkins que buscamos? Necesito ánimos.
-Hasta ahora, lo más aproximado es el que tenía taller de motos en Minnesota…
-Cuak cuak cuak.
-Nunca entenderé cómo este pato se mete en todos los sitios. Y cómo todavía no me lo comí.
-¡Mamá!
-Está gordo…
-Mamá…
-Ay bueno…Oye Midori, hablando en serio, será mejor que dejemos esto, espera el resultado del ADN, quizás Pick no tenga nada que ver y…¿sabes? Iré contigo a ver esos resultados. Esto de “Descubra al padre perdido” me está gustando.
***********
Quince días habían pasado. Quince tortuosos días en los que la comunicación entre ellos había sido fluida, quizás para compartir nervios. Midori hablaba largo y tendido con Paul por teléfono y con Ringo por Twitter o Whatsapp. Ellos se mostraban entusiasmados por conocer a la supuesta hija que tenían. Caster, por su parte, sólo pensaba en todo lo que se compraría ni bien pisara Londres.
Lo malo era que Midori aún no se había animado a hablarles del tal Pick porque no sabía cómo hacerlo.
-Ahí llegó el auto que mandaron. –informó Caster mirando desde la ventana del hotel.
-Genial, bajemos. Estoy nerviosa.
-Midori, sea lo que sea, no puedes cambiar nada, y ¿sabes qué es lo mejor, o quizás también lo peor? Que la culpa de todo este enriedo no es tuya. Así que déjalo ser, como dice tu posible abuelo McCartney.
-No sabía que conocieras eso.
-Ey, tan ignorante no soy.
Bajaron  apuradas y subieron al auto, cuyo chofer, sin mediar palabra, las llevó hasta el laboratorio. Ya anochecía, otra vez serían el último turno para evitar cruzarse con gente.
-Ya han llegado. –dijo Midori al entrar al edificio.
Paul y Ringo, bastante camuflados, se acercaron a ellas.
-Hola.-saludó Midori.-¿Qué tal están?
-Bien, bien –respondió Paul, sin despegar la vista de Caster.-¿Ella es…?
-Sí, sí, soy Caster.
-Un gusto conocerte. –sonrió Ringo.
-Emmm…yo me voy a comprar por ahí.
-Pero mamá…
-Odio las salas de espera. No se preocupen, volveré sola al hotel, ya estudié el camino. Y tú, diles lo que tienes que decirles. ¡Adiós!
En menos de un pestañeo, Caster desapareció.
-Discúlpenla, todo esto no le hace mucha gracia y es claro que está nerviosa y avergonzada. Siempre se comporta así cuando se siente de esa manera.  Igual, aún no entiendo porqué quiso venir.
-No te preocupes. Dijo que hay algo que tienes que decir.
-Ahh sí Paul. Bueno…Estuve buscando entre las cosas de mi abuela, cosas que ni sabía que tenía y encontré unos escritos. Y…allí dice que…que…
-¿Qué?
-Que hay otro posible abuelo.
Se hizo un silencio, que interrumpió la médica asomándose por la puerta.
-Buenas noches…
-Un momento. –dijo Ringo.
-¿Otro? ¿Pero con cuántos anduvo?
-James Paul McCartney cierra la boca antes de hablar de mi abuela.
-Pero es que…
-¡Shh! A ver, no es nada seguro, pero es una tercera posibilidad.
-Ehh…ya pueden pasar. –sonrió la médica.
************
El doctor parecía no dar más de orgullo y “cholulez” al ver a Ringo y Paul juntos, sentados frente a él. Ellos sólo carraspeaban y se miraban de reojo. La médica hacía esfuerzos para que el doctor dejara su estado y se enfocara en lo que tenía que hacer.
-Ehh…
-Bueno, ¿y? –preguntó Ringo, ansioso.
-¿Y qué? Ah sí, cierto, vinieron por los resultados. ¿Antes pueden firmar aquí? –les extendió dos hojas de papel. Las tomaron y miraron dónde tenían que firmar.
-Para el Doctor Daniels. –sonrió.
-¿Qué? ¿Son unos jodidos autógrafos?
-Midori, tu forma de hablar, cuídala…
-¡Pero Paul!
-Déjalo, estamos acostumbrados.
-Ringo dijiste que nunca más firmarías autógrafos, ¿y cambias de idea justo hoy? Oiga doctor Daniels, o quizás sea Jack Daniels porque seguro que está borracho, ¡deje de pedir y haga su trabajo!
El médico seguía embobado mirando sus autógrafos y las paredes donde los colgaría junto a sus diplomas. Con la misma sonrisa tonta los dejó sobre el escritorio y tomó dos sobres.
-Bien, pasaré a leer. Este sobre contiene la comparación de ADN entre la señorita Watts y el señor Starkey. Veamos qué dice: “La comparación de ADN entre la señorita Midori Watts y el señor Richard Starkey ha arrojado como resultado…”
-Doctor.
Le médica, nerviosa, interrumpió.
-¿Qué? –la miró molesto, al igual que el resto de los presentes.
-Es que...yo también quisiera…un autógrafo.
Suspiraron resignados y extendieron sus manos en busca de los papeles que la mujer les entregaba.
-¡Oiga, esto no es serio! ¡Se supone que son médicos!
La mujer, ignorándola, le sonrió a Paul y le entregó un papelito más pequeño, en el que Midori alcanzó a ver un número de teléfono.
-Ay Dios…
-Bien, continúo.-dijo el médico-La comparación de ADN entre la señorita Midori Watt y el señor Richard Starkey ha arrojado como resultado una relación igual a 0%.
-¿Eh?
-En palabras simples: no son nada. Ni siquiera vecinos.
El semblante de los tres no cambió, porque no reflejaba absolutamente nada.
-Y ahora el otro sobre. Veamos…La comparación de ADN entre la señorita Midori Watts y el señor James Paul McCartney ha arrojado como resultado una relación igual a…0%. Bueno, los felicito, no tienen nieta-sorpresa.
****************
El sector de juegos del centro comercial rebosaba de gente, pese al frío cruel de la noche. Todos iban y venían, alegres, tristes, enojados, frustrados, eufóricos, en fin, demostrando algo, algo de lo que al parecer, habían sido privados los tres de un golpe.
Sentados en un banco, muy apretaditos, frente al carrusel, tomaban un helado, sin pestañear.
-Entonces…-comenzó a decir Ringo, pero no continuó.
-No somos nada.
-Ay Paul, no digas así, no estamos en un velorio.
-Entonces es Pick.
-¿Quién? –preguntaron los dos.
-Pick. El que nombra mi abuela en su diario. John Perkins.
-¿John? Joder, ¿no será el John que todos pensamos?
-¡RINGO!
-Bueno…nunca se sabe.
-No sé qué pensar…Creo que mi madre tiene razón, Doris nos engañó a todos. Perdónenme por esto.
-No hay nada que perdonar. Por lo menos ya sabemos la verdad. –dijo Paul.
-¿Conoces  a Pick?
-No, ya buscamos en la guía telefónica y hay muchos, pero parece que ninguno es. Lo único que sé es que tenía una moto.
-Lo encontrarás. Pagaré detectives.
-No Paul, no puedo aceptar.
-¿Por qué? Quiero ayudarte. No serás mi nieta, pero me caes bien, no quiero que te quedes con la duda después de haber buscado tanto.
-Coincido. Yo también pondré detectives. En poco tiempo tendrás noticias.
***************
Giuseppe iba y venía por la cocina, pidiendo comida. Caster dejaba caer algo, sin mirarlo, pero Midori lo tenía vigilado, y su actitud le extrañaba. El pato agarraba la comida, corría aleteando hacia el jardín, y con más rapidez volvía a pedir. Era raro,  era un tragón que desaparecía la comida incluso antes de que se la dieran, y ahora la cambiaba de lugar.
-Tú estás raro. –le dijo al fin. El pato siguió con la misma actitud, hasta que ella dejó de comer para seguirlo. En la puerta del jardín, encontró la comida, amontonada. -¿Qué te pasa, pato? Nunca hiciste esto.
Giuseppe tomó algo de comida, caminó por el jardín, y se metió en uno de los graneros. Asustada, Midori lo siguió despacio, temía que su pato estuviera volviéndose viejo y con problemas. Giuseppe se metió bajo un tractor y allí se escuchó un revuelo. Midori se agachó.
-¿Qué? ¿Y esto? ¿Tienes una familia? –bajo el tractor había un nido, en él una pata, junto a ella, cuatro patitos, y Giuseppe, mirándola podría decirse que con orgullo de padre. Jamás había viso a esa pata, es más, el único ser patuno en su casa era Giuseppe. Seguramente, era de algún vecino.
-Así que por esto juntas comida, ¿eh?
-¡Midori! ¡Teléfono para ti! –oyó a Caster gritar.
-Volveré para que hablemos de esto, señores patos.
Corrió hasta la cocina y atendió.
-Midori soy Ringo.
-Hola abue…digo Ringo.-respondió con tristeza-¿Qué hay?
-Hay buenas noticias. Los detectives encontraron a Pick pero…mira, será mejor que vengas y hablemos.
-¡Pero no puedo! Ahora tengo que ocuparme de verlo, sólo dime dónde vive, iré a buscarlo.
-Es que no…Midori, siento decirte esto pero…Pick está muerto. Murió hace casi diez años.
*************
Pese a que aquella semana había sido gris y lluviosa, ese día el sol brillaba y apenas corría una leve brisa. Como era día jueves, el cementerio de Darlington estaba desierto.
-No pienso bajarme de este auto, odio los cementerios. –Caster se cruzó de brazos.
-¿Y entonces para qué viniste hasta aquí? –preguntó Paul-Creo que estás un poco caprichosa.
-¡Tú no eres mi padre! Por suerte.
-Lo mismo digo, por suerte.
-Ay, entremos de una vez, quiero estirar las piernas.
-Opino lo mismo que Midori, caminemos aunque sea por un cementerio, pero caminemos. –agregó Ringo.
Paul cerró la puerta del coche, dejando a Caster sola escuchando la radio.
-¿De verdad te quedarás ahí? No es bueno para una mujer estar sola en un cementerio.
-No me das miedo McCartney.
Paul rió, caminó hacia el portal del cementerio y, cuando se aseguró que Caster no lo veía, se acercó nuevamente al auto.
-¡BUUUUUU!
-¡AAAAAAAAAHHHHHHH!
-¿Qué te dije?
Caster bajó la ventanilla.
-¡Te odio! –y volvió a subirla.


Entraron caminando lentamente, mirando aquellas construcciones fastuosas que se solían hacer en otras épocas.
-Bonita visita, a un cementerio. –comentó Ringo.
-Dicen que hay que ser innovador. –rió Midori.
Tanto Ringo como Paul sacaron de sus bolsillos unos sobres marrones, que contenían las informaciones que habían juntado sus detectives.
-John Perkins. –leyó Paul-Nacido el 7 de marzo de 1940, en Londres, su madre al parecer era ama de casa y su padre carpintero desertor de la guerra. Nunca terminó la escuela, le gustaban las motocicletas.
-Por lo que dice aquí –continuó Ringo-se dedicaba a eso, a comprar, arreglar, y vender motos. Tuvo talleres en Londres, trabajó en uno de Edimbugo por muchos años, y en el ‘68 se fue a Minnesota.
-Ah, era el de Minnesota al final…
-Allí trabajó en una gasolinera, tuvo otro taller, y en el ’80 se mudó aquí. Y hasta aquí llegaron, ¿qué mas tienes, Rich?
-Que se jubiló, pero no se sabe de qué, y que nunca se casó ni tuvo hijos, al menos reconocidos. Hay un hermano que nunca lo quiso, ese dio las informaciones y le tomaron una muestra de sangre. La compararon con la tuya y sí, son familiares.
-¿Todo eso han averiguado en tres meses?
-Se podría haber hecho más, si existieran más datos. Este tipo ha sido un fantasma.
-Ah, tu tío abuelo quiere conocerte.
-Ya veré cuándo lo hago…
-Ey, ¿es ésta? –Paul señaló una tumba-Decía fila 320, y es ésta.
Midori se acercó, y leyó.
-John Perkins…Bien, hola abuelo.
Se quedaron en silencio, mirando el lugar, bastante abandonado y con césped crecido. Luego de unos minutos de contemplación, Midori habló.
-Esto es muy aburrido, vamos.
-¿Segura?
-Sí Paul. Ya logré lo que quería, conocer a mi abuelo.
-Mira, sé que éste es tu verdadero abuelo pero…Creo que no te merece. Míralo, está muerto.
-Qué novedad. –rió Ringo.
-Está muerto y nunca se enteró de ti, ni de tu madre, a Doris la abandonó…No te merece.
-Es verdad, eres demasiada nieta para…para una tumba.
-Bueno, no hay mucho que pueda hacer. Son las cosas de la vida.
-Son las cosas de la vida, son las cosas del querer, no tiene fin ni…
-Ay Paul, no cantes flamenco ahora.
-No pude evitarlo, cada vez que dicen que son cosas de la vida tengo que cantar eso.
-¡Pero estábamos diciendo algo muy serio!
-¡Ya lo sé! ¿Pero es que acaso no se puede cantar?
-¡No!
-¡Pero yo sí quiero!
Midori largó una carcajada, que hizo que interrumpieran aquella discusión.
-Oye no te rías, estás en un cementerio.
-Uy, Ringo se puso autoritario, qué miedo.
-No te burles pequeña, ¿sabes quién dejó primero a los Beatles?
-Ay Ringo no vengas con eso.
-¡Pero es que…!
Otra carcajada los interrumpió.
-Sigan, son muy chistosos cuando discuten.
-Bien, vamos a lo importante y dejemos las peleas sin sentido. –suspiró Paul-Veamos, Pick es tu abuelo pero no lo supo, no lo sabe, y no lo sabrá. Y como técnicamente te quedas sin abuelo otra vez, te adoptamos.
-¿Eh? No estoy entendiendo.
-Que puedes ser nuestra nieta, de los dos a la vez. Vamos, ya lo venías siendo, ¿o no? Bueno, sigamos. Me presento, soy tu abuelo Paul McCartney.
-Y yo tu abuelo Ringo Starr. ¿Qué tal? Tienes dos abuelos beatles, serás la envidia en tu escuela.
-Ustedes están locos, ¿lo sabían? ¿Qué pretenden? ¿Anotar a mi madre con sus dos apellidos y agregarme los suyos a mi apellido también?
-No, no haremos eso porque tu madre no querrá. Pero si necesitas ayuda, aquí estaremos. Serás de la familia de ambos. Ey, no es tan mala idea, si yo fuera tú, no me lo pensaría mucho.
-Sobre todo porque quisieras ser chica.
-¡Ringo!
Otra vez Midori se echó a reír.
-Bueno…La verdad es que no hay mucho que pensar. Muchas gracias, no esperaba algo así. Ya saben, yo…los quiero.
-Ay, mira si no es tierna.
-Vengan abuelitos –les dio un beso en la mejilla a cada uno-Gracias por todo, y por aguantar mi aparición tan repentina. Siento si les traje inconvenientes.
-Para nada. Hiciste cosas buenas, ahora tengo un pato.
-Y yo una contrincante para la Play.
-Bueno, vámonos ya, no son lindos los cementerios y el día está hermoso.
Tomó de un brazo a cada uno y caminaron silbando una canción cualquiera. Midori se dio vuelta, miró la tumba.
-Adiós Pick –dijo en silencio. Miró al cielo y sonrió –Gracias abuela Doris.
Miró a Paul y Ringo, que otra vez discutían por vaya a saberse qué, y volvió a reír, esta vez con más ganas que nunca.






***************
-¡Ringo, ¿puedes dejar un minuto ese teléfono?! ¡Me pones nervioso!
-Ya voy, ya voy, estoy haciendo algo importante…



FIN



******************

Hola!!! Bueno, este es el final. Quizás tengan ganas de matarme, no sé, si tiran cosas comestibles procuren tirarlas despacio, así las junto y me las como, que estoy en crisis...Hablando en serio, agradezco a los que han leído este desvarío y han aguantado la tardanza, de verdad les pido perdón por eso, y ojalá no se vuelva a repetir. Gracias a los que están leyendo desde el principio, y a los que se sumaron después, todos con mucha buena onda! Gracias gracias!
Bueno, sobre si seguiré escribiedo por aquí...creo que sí, no lo sé bien aún, de cualquier forma pueden seguir leyendo el otro fic que me queda...pobrecito, quedó huerfanito :( Pero quiero creer que seguiré teniendo tiempo y cabeza para desvariar y seguir escribiendo, así que quizás en un tiempo me vean publicando en este blog algún asesinato a la literatura, a sus ojos, y al buen gusto XD.
Antes de irme voy a hacer publicidad *comienzo de espacio publicitario* *musiquita* *voz de locutor* Hace pocos días empezó un nuevo fic mi amiga Cris (sí, ya saben, la única Cris que conocen, no se hagan los que no saben quién es) Ha regresado de las tinieblas para comenzar con Dakota, su nueva superproducción XD que pueden leer aquí-->http://dehistoriasybeatles.blogspot.com
Así que si tienen ganas de leer, y yo no publico, bueno, ahí tienen para entretenerse, pasarla bien, y reírse muuuuucho.
Y ahora me despido, agradeciendo y mandándoles besos voladores a todos!

María. 

sábado, 22 de febrero de 2014

¡Mi abuelo es un beatle! Capitulo 9

-¡Giuseppe! ¡Hola pato de mi amor!
Alzó al plumoso animal, lo apretó, le agarró el pico.
-¡Te extrañé mucho! ¿Y tú?
-Cuack cuack cuack.
-Lo sabía, tu también. Dime, ¿te trataron bien? ¿Amenazaron con meterte en la asadera o hacerte a la naranja?
-Cuack cuack cuack.
-También lo sabía. Ay mi madre…
Dejó al pato en el suelo y caminó silbando hacia la entrada de su casa.
-Volviste. –dijo su madre sin levantar la vista de su café.
-Sí, pero sólo por unos días, mientras espero los resultados. Porque, por si quieres saber, accedieron a hacerse el ADN. Y quizás consiga trabajo, y me quede en Londres para siempre.
-Midori, a mi no me amenaces con eso…
-Me da igual, Caster.
-¡No me llames por mi nombre!
Arrojó su mochila sobre una silla y subió corriendo al ático.
****************
Barbara miraba con reproche a Ringo, él sólo suspiró, resignado, apretó las manos en el respaldo de la silla en la que estaba apoyado.
-¡Dímelo! ¡Dime quién es ella!
-No es una amante.
-Y yo soy  tonta. Es otra más. ¡Dime quién es!
-Es una posible nieta.
-Qué raro, siempre con jovencitas.
-Es que no es una amante, es una posible nieta. Y recuérdame despedir a todo el personal, por contarte algo así. Salvo que lo hayan hecho porque los tienes bien entrenados.
-Claro que sí. Y ahora, eso de la nieta no te lo cree nadie. A ver, que sería más lógico que apareciera una hija, pero no una nieta. A esas apariciones de hijos ya estoy acostumbrada.
-Bueno, pero esta vez, apareció una nieta.
-Supongo que no la reconocerás.
-Claro que sí, ya hicimos el ADN, aún no sé el resultado, pero si lo es, la reconoceré.
-¡Estás loco! No quiero aceptarla.
-Me da igual, la realidad es la realidad. Permiso, llamaré a Paul.
Dejó a su mujer, todavía indignada, y se encerró en su oficina. Llamó, rogando que él lo atendiera y no lo hicieran pasar por el millar de secretarias que tenía. Al fin sus ruegos fueron escuchados y atendió Paul.
-Paul, soy yo.
-¿Quién es yo?
-Tu vaca que está a punto de convertirse en hamburguesas. ¡Ven, rescátame!
-¿Eh?
-Tonto, soy yo, Ringo.
-Idiota, no te reconocí. ¿Ahora qué quieres? ¿Te dije que sacaremos la discografí…?
-Me lo dijiste treinta veces. Hablo por algo más importante.
-¡Es importante!
-Será importante hasta que Yoko diga que no le da la gana publicar nada y arruine, como siempre, tus propuestas. Y yo me reiré.  
-Me caes mal.
-Ey, ha surgido un inconveniente…Verás, Barbara se enteró de la existencia de Midori.
-Ay, ay, ay…Pídele que no se lo diga a nadie.
-Lo dudo, está muy enojada. Paul, tu tendrías que decirle a tu mujer, que vaya sabiendo…Si es tu nieta y ella recién se entera en ese momento, será peor.
-Creo que tienes razón, trataré de decírselo. Pobre Midori, creo que nadie la aceptará.
-Ya verás que sí. Y sino, creo que ni le importará.
*********************
Bostezaba, revisar por dos horas su Facebook y el de las personas que le interesaban, la aburría, sobre todo porque nadie publicaba nada interesante, todos eran chistes malos y malísimos.
Jeremy la había etiquetado en un sinfín de fotografías de por lo menos un año atrás. Las borró a todas y cambió su situación sentimental: “Midori Watts ha pasado de tener una relación con Jeremy Francis a estar soltera.”
De inmediato sonó su celular.
-¡Midori! ¿Qué has puesto en Face?
-La verdad. Te pedí un tiempo, un tiempo en el que NO MOLESTES.
-Pero, ¡ahora todos pensarán que me dejaste! ¡Mis amigos se reirán de mí!
-¿Y?
-¡Pero quiero que volvamos!
-Y ya te dije que no, ¡déjame en paz!
Apagó el teléfono y lo arrojó sobre la cama. Siguió bostezando, como si nada hubiera pasado, hasta que escuchó que su madre pateaba el destartalado auto que tenían, que al fin arrancaba, y que salía echando una humareda negra.  Se escabullió en su habitación, revisó todos sus cajones, hasta que levantó, triunfal, una vieja llave, grande y algo oxidada.
Subió al ático y se dirigió a aquel baúl, grande y sucio, tapado con mantas, dos televisores en desuso, y varias cajas. Quitó todas esas cosas, ganándose dolores en los brazos y en la cintura, hasta que, sentada en el suelo, lo abrió con la llave.
*********************
Nancy almorzaba con tranquilidad, mirando el canal de noticias con atención. Paul la miraba, sin decir nada.
-Al fin hará buen tiempo esta semana…-comentó ella.
-Nan…
-¿Si?
-Debo decirte algo.
-¿Y? Dilo. ¿Hay algún problema en la productora? Si quieres yo puedo encargarme…
-No es eso. Es un problema pero no de ahí. Bueno, ya no sé si considerarlo problema.
-No entiendo.
-Verás….tengo una nieta.
-Vaya novedad.
-Es que no se trata de los que tú conoces. Es otra…
Nancy lo miro extrañada, negó con la cabeza.
-¿Estás bien?
-Sí, lo estoy. Se trata de otra nieta. Tendría que buscarme la madre, o sea, mi supuesta hija, pero me busca mi nieta. Y bueno, ya me ha encontrado.
-Que se te aparezcan hijos me resulta común, pero nietas….¿Por qué no te busca tu hija?
-Porque no quiere saber nada conmigo, pero la niña sí.
-Bueno Paul, no sé, échala, dile que no moleste, que si quiere fama que la busque por otro lado.
-Ya me hice el ADN.
-¿QUÉ?
-Que ya lo hice.
-¡Y no me dijiste nada!
-Sabía que reaccionarías así…
-¿Y cómo quieres que reaccione? ¿Saltando y tirando cohetes?
-Déjalo Nancy, son mis problemas y los resuelvo solo.
-¿Pero es tu nieta o no?
-No te importa…-respondió fastidiado.
-¡Contéstame bien!
-Adiós Nancy…
-¡Ay, dale dinero y que desaparezca!
-Pienso reconocerla, es muy buena persona.
-¡Pero Paul!
Hizo lo mismo que Ringo, la dejó sola y se encerró.
****************************
En aquel baúl no había más que polvo. Tosió.
Mantas, algunas cosas que su abuela había tejido, el libro de la comunión, cuadernos, algunas fotos. Y polvo.
Una de las fotos le llamó la atención. Su abuela sonreía junto a un muchacho, algo moreno. En el anverso no decía nada, pero calculaba que allí Doris no tenía más de 18 años. Buscó otras fotos que tenía de su abuela, apartadas en una caja que también estaba en el ático. La comparó con esas y sí, no pasaría de esa edad.
Su teléfono emitió un sonido, lo revisó, era un mensaje directo de Twitter.
“Barbara se enteró de todo. Está enojada, pero no te preocupes.”
Cuántas anhelarían un mensaje de Ringo, y ella lo recibía, pero con malas noticias. No contestó, lo haría después, cuando supiera qué decirle. Siguió revolviendo ese baúl. Se percató de que tenía un doble fondo, y allí encontró dos fotos más, una de ese hombre solo, y otra en la que estaba Doris con él, riendo en una motocicleta. También encontró una caja de metal con joyas baratas y un cuaderno rayado, algo húmedo, apestando  a mugre. Comenzó a leer.

“27 de febrero de 1955.
Pick me ha llevado en motocicleta la escuela, ¡el revuelo que se armó! En este pueblo, ninguna chica va a la escuela en moto.
Me gusta Pick, es un muchacho bueno, quizás demasiado, teniendo moto anda despacio. ¡Yo volaría! Me prometió que me enseñará a andar.


4 de marzo de 1965.
Pick ha vuelto. Mamá y papá lo miran con buenos ojos, pese a su moto. Consideran que me vendría bien, quieren que me regenere luego de haberme escapado con los chicos. Creo que tendría que darles ese gusto, aunque Pick me parece tremendamente aburrido comparado con la vida que llevé. Los extraño, ¿ellos se acordarán de mí?

31 de marzo de 1965.
Le he dicho a Pick que estoy embarazada y me preguntó ‘Pero, ¿cómo?’ Qué idiota es, como si no supiera. Después se fue, la primera vez que lo vi andar rápido en la moto.


7 de abril de 1965.
La idiota de Clara le dijo a Pick lo de los chicos. Me gritó cosas feas, pero no las quiero escribir aquí. Me dijo que  mi bebé seguro es de alguno de ellos. Ojalá.
Se fue otra vez, rápido.


10 de abril de 1965.
Te odio John Perkins. No te buscaré porque no te necesito, me iré de esta casa, es lo que todos desean. A mi hijo le daré un padre mejor, nunca diré que es hijo de un canalla como tú, que parecías tan bueno. Nos engañaste a todos.
Tendrá un padre con nombre, no un cerdo desconocido como tú. Y mis nietos, bisnietos, toda mi descendencia creerá eso y tú terminarás solo y podrido. Ahora papá y mamá lloran porque creyeron en ti y…”

Terminaba allí, se notaba que dos hojas habían sido arrancadas.
-Joder. –dijo Midori-Entonces todo ha sido en vano.




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Hello hello! ¡Aquí reaparezco yo! ¿Qué tal todos? Bueno, les dejo para que disfruten (o no) el anteúltimo capitulo de este fic, el mas atrasado del mundo jajaja
Espero que les guste y si no, ya saben, tiren cosas, protesten y hagan piquetes.
Saludo especial a las nuevas lectoras, Cata, Lucy, y el señor/a señorito/a anónimo. A Lucy le agradezco su saludo de cumple en su fic (sí, el lunes cumplí añetes) 
¡Muchas gracias por leer y nos encontramos en el último! 

sábado, 25 de enero de 2014

¡Mi abuelo es un beatle! Capitulo 8

La separación había resultado mas difícil de lo que creía. Extrañaba a Jeremy y a la vez la fastidiaba, porque él la llamaba mínimo tres veces por día, para pedirle que volvieran. Había sido su primer novio y desde hacía un tiempo estaban juntos, y ahora ya no estaba con él, lo que suponía un vacío y un alivio al mismo tiempo.
Se rascó la cabeza, mirando por la ventana hacia el patio interior del hotel, siempre tan sucio. Otra vez llovía a cántaros y en poco rato tenía que salir a hacer algo muy importante, quizás lo más importante de su corta vida.
Se arregló y trató que su cabello le obedeciera, pero la humedad hacía de las suyas con él, así que se resignó y se lo tapó con la capucha de su enorme camperón verde.
Esperó bajo la lluvia hasta que pasó un taxi y se subió, chorreando agua. Ya anochecía.
Después de varias vueltas, el taxi frenó frente a un edificio de aire distinguido. Era el laboratorio más importante de la ciudad. Midori le pagó al taxista con una mueca en la cara, ya le estaba quedando poco dinero en los bolsillos.
Cuando entró, escurriéndose por el agua que se había agarrado con la carrera desde el taxi a la puerta, vio tapados hasta los ojos a Paul y Ringo, sentados sin hablarse.
-Aquí llegó la causante de todo esto.-dijo Paul.
-No se quejen, los he juntado. Aunque así vestidos parece que se hubieran escapado de un asilo de ancianos.
-Si hubiéramos hecho eso, no estaríamos esperando a un doctor…-refunfuñó Ringo.
-Ay, ay, están viejitos y enojones.-Midori se sentó en medio de ellos y les sonrió.
-Lo lograste, chiquilla.
-Así es, Sir Paul. Ahora, hablando en serio, quiero agradecerles que hayan venido. Temía llegar y que no estuvieran.
-No creas que no nos arrepentimos, pero aquí estamos.
-Bueno, gracias por eso.
Un hombre y una mujer, vestidos con impecables guardapolvos blancos con el logo del laboratorio y sus nombres bordados, salieron de una oficina y los miraron. La mujer sonrió.
-Bienvenidos. Pasen, por favor.
**********
-Sólo respira, no pienses en que te van a pinchar.
-Pero…es grande. –miró a Ringo con angustia.
-¡Ey Midori! Mira aquí, soy Paul, ¿quieres que te cante?
-No, gracias.
-¡Yo sí! –exclamó la doctora que intentaba extraerle sangre a Midori.
-Bueno, comenzaré…
-¡¡¡AYYYY!!! ¡Duele!
Tapándose los ojos con el brazo libre, Midori aguantó hasta que su sangre llenó una jeringa. Paul cantaba una canción que ella no conocía, pero que al parecer la doctora sí y lo miraba embelezada. Midori sólo rogaba que la mujer, en su tontera por Paul, no hiciera alguna estupidez, como sacarle sangre de más o destrozarle una arteria. En todo el transcurso de su plan, había olvidado el pánico que le tenía a los médicos  y principalmente, a las agujas. Si lo hubiera recordado, seguramente no hubiera buscado a su abuelo.
-Bien, ya está. –la doctora, a la que el endulzamiento aún le duraba, le apretó un trozo de algodón en el lugar de la extracción. -¿Te sientes bien?
-Digamos que algo mareada…
-Se le habrá bajado la presión.-Ringo buscó en los bolsillos de su enorme sobretodo-Tengo semillas de girasol, ¿te gustan? Son saladas, te ayudarán.
Midori sólo asintió y extendió su mano. Se sentía débil.
-Ni bien estén los resultados, les avisaremos. –informó el doctor-Eso sí, tardarán un poco, es un estudio que se debe hacer con paciencia y cuidado.
-No importa, lo que sí le pido es, por favor, discreción.
-Pierda cuidado señor McCartney.
Ringo ayudó a Midori a bajar de la camilla y la llevó del brazo hasta la puerta de salida. Desde allí vieron a los coches que los esperaban.
-Te llevaremos a tu casa, llueve mucho. Midori…
-¿Qué?
-Paul, esta chica no está bien.
-No se preocupen…
-Pero estás pálida y como ida. Vamos, te llevaré a mi casa, descansarás un poco.
-¡No, Paul! –gritó angustiada.
-Shh…nos puede reconocer alguien. Ven conmigo. –Paul la tomó del otro brazo.
-Nos vemos. –saludó Ringo-Que mejores, Midori.
-Gracias…
-Ven, ¿puedes caminar?
-Sí, pero todo me da vueltas.
Paul empujó la puerta del edificio e instantáneamente apareció su chofer con un paraguas y los acompañó hasta el auto.

Durante el trayecto, Midori durmió. Paul no perdió de vista que la chica se parecía mucho a Doris, y algo que lo alarmó: también reconoció rasgos suyos en ella.

-Midori, despierta, ya llegamos.-la sacudió con suavidad, cuando el coche atravesó la gran portada de su casa.
-¿Qué?
-Despierta.
La tomó de una mano y la ayudó a salir del coche. Entraron a la casa, no se oía absolutamente nada.
-Ni una palabra de esto. –le advirtió al chofer.
-Lo que usted mande, Sir.
-Midori, ¿quieres comer algo?
-No…Me duele el brazo.
-Bien, te acostarás en alguna de las habitaciones, y dormirás un poco.
-Pero tengo que irme…
-No, no saldrás a la calle así, y más con la que está cayendo. –la guió hasta una habitación y allí la dejó.
************
“Para Elisa” otra vez sonó, sacando a Midori de su profundo sueño. El teléfono vibraba y se sacudía al ritmo de la musiquita, hasta que ella logró alcanzarlo.
-¿Sí? –dijo aún confundida, ni recordaba bien dónde estaba.
-Midori soy yo, tu padre.
Pestañeó rápido. ¿Su padre? Hacía meses que no sabía de él.
-¿Qué pasó? –preguntó con brusquedad, un llamado así sólo la asustaba y quería saber cuanto antes el motivo.
-¿Qué pasó? –dijo él, sarcástico-La pregunta sería, ¿qué te pasó a ti?
-¿A mí? Nada.
-Hablé con tu madre, me contó todo. Quiero que vuelvas a tu casa ya mismo, deja de deambular por Londres, es peligroso para una chica como tú, que no sabe nada.
Sintió indignación, ya le iba a contestar cualquier cosa cuando vio que la puerta se abría y aparecía Paul con una bandeja llena de comida. Se dijo que pelear con su padre no tenía sentido cuando una bandeja con comida la miraba provocativamente.
-Hablaré luego contigo, tengo que cortar.
-¡Midori Watts, me escuchas sí o sí! Ya mismo vuelves, en dos días estaré en tu casa. Ten vendrás conmigo a Canadá.
-Sí, sí, lo que digas…-cortó y lanzó el teléfono al otro lado de la amplia cama.
-¿Pasó  algo? –peguntó Paul.
-No, nada.
-¿Era ése novio tuyo?
-No, mi padre. ¡Trajiste comida! –manoteó un plato lleno de arroz con condimentos raros. No le importó mucho, tenía hambre e igual se veía apetitoso.
-Pero, ¿tienes padre? Pensé que no…
-Está por ahí…
Paul la miró comer. Si entender bien cómo, sabía que la chica quería evadir el tema. Pero él estaba interesado, si resultaba ser su nieta, tenía que saber sobre su vida.
-¿En dónde está?
-Ya dije, por ahí.
-Pero…
-Ay, ay, señor curioso…Está en Canadá, ahí con los esquimales…
-Los esquimales están en Alaska.
-Me da igual, hace frío, debe haber esquimales también en Canadá.
-Pero…
Midori bufó y lo miró, dejando de comer.
-A ver, quieres saber, ¿no? Bien, se llama Jake, se separó de mi madre cundo yo tenía cinco años, ahora vive con una rubia y tiene una hija pequeña. O dos, no me acuerdo. No llama nunca y hoy llamó para exigirme que vaya a Canadá, pero sé que son puras amenazas, nunca cumple nada, ni las cosas buenas ni las malas. Ojalá viniera para ver…Bah, no tiene sentido. ¿Conforme?
-Sí, perdón si te molesté.
-Mas me molesta la comida que me trajiste y sin embargo la estoy comiendo.
Paul sólo se quedó en silencio mirando el suelo y escuchando los ruidos que ella hacía al masticar.
-Dejé a mi novio.
-¿Si? Me alegro muchísimo, estaba intranquilo con ese tema.
-¿Hablas en serio? No mientas.
-Sí que hablo en serio, pensaba que te pegaba.
-No, nunca se atrevió, y si lo hubiera hecho, se hubiera arrepentido. Pego fuerte, ¿sabes?
-Me imagino. ¿Y ahora qué harás?
-Volveré al hotel y…nada más, no tengo mucho para hacer. Seguramente mañana por la tarde vuelva a casa, mientras espero los resultados, así no gasto y me aburro en esa pocilga.
-¿Por qué no te quedas aquí? Hasta mañana estaré solo, bueno, por la mañana iré a la productora, Nancy recién llagará después del mediodía. ¿Te gustaría venir a la productora? Después de  todo, ya la conoces…
-Sí, me encantaría.
-¿Quieres cenar algo mejor que esto?
-¡Sí!
-Veré qué puedo prepararte.
-Deja esas cosas, vives en una ciudad, viejo, no en el campo, como yo., pide unas pizzas.
-¿Pizza? Hace años que no como pizza. Y no me llames viejo.
-¿70 años y te privas de la pizza? Hombre, empieza a vivir la vida…
-Creo que te estás tomando demasiada confianza…
-Relájate…Llamaré a un delivery.
*********
La tormenta arreciaba afuera y parecía que adentro también, a juzgar por el desorden reinante. Cajas de pizza, latas de gaseosa, servilletas usadas, la televisión encendida y…ronquidos.
-Paul….¡Paul!  Hay que ver cómo ronca…Si lo vieran sus fans…¡Abuelo!
-¿Eh? ¿Eh? ¿Cómo que abuelo? ¿Era verdad el sueño?
-¿Ah?
-Soñé que el análisis daba positivo.
-¿Y te ponías contento?
-No sé, me despertaste.
-Paul, ¿qué podemos hacer?
-¿Hacer? Dormir, son las once de la noche. Permiso, voy a mi cama. –se puso de pie.
-¡Es temprano!
-Ustedes los jóvenes…
-Ustedes los viejos…
-Quiero dormir, haz lo que te plazca, pero no molestes.
-Ufa. Paul, cuéntame qué haces con tus nietos verdaderos.
-No sé…-se sentó nuevamente, pensativo-La verdad es que mucho no los veo, siempre estoy de gira, y cuando estoy aquí, ellos viajan con sus padres o están ocupados con sus cosas.
-¿Y tu hija? Me refiero a la pequeñita.
-Ahora está con su madre. Si quieres, un día de estos puedes conocerla. ¡Ah, se me ocurre una idea! Supongamos que no eres mi nieta…
-Eso es lo que quieres.
-No pongas palabras en mi boca. Supongamos que no lo eres. ¿Qué harás?
-No sé, volver, ponerme a estudiar de una vez por todas o buscar un trabajo en el pueblo.
-¿Te gustaría…ser la niñera de mi hija? Si no te ofende, claro, y si te gustan los niños. Aunque ya no está tan niña. Piénsalo, nos seguiríamos viendo. Mal que me pese, me caes bien y te tengo confianza, juntas se divertirán.
-Mmm…podría ser. ¿Cuánto me pagarías?
-Watts, eres una materialista.
-Habré heredado tus genes.
-Lo que quieras.
-Lo pensaré.
-Ah, me olvidé de algo. Ya sé lo que podemos hacer, abrígate, saldremos afuera.
***********
Con largas capas y paraguas salieron al parque. La lluvia y el viento eran impresionantes, y Paul debía alumbrar con una linterna ya que se había cortado la luz exterior. Corrieron hacia un establo pequeño y entraron. Encendió una luz y sólo se vio allí paja, salvo por los dos caballos que dormían tranquilamente.
-Ven.-Paul caminó hacia los caballos. Sólo bufaron y siguieron  durmiendo. Los caballos estaban separados de otro compartimiento, oscuro, por una pared de madera.
-¿Qué tienes aquí? –preguntó Midori.-Qué prolijo todo, ni huele a establo…
-Mira.-alumbró con la linterna a un pequeño nido de ramitas, plumas y paja que había en el suelo. En él, un patito amarillo se revolvió y los miró.
-¡Pobrecito, está asustado! –Midori se arrodilló y lo tomó con ambas manos-¡Tiene que estar en tu casa, con esta tormenta y solito aquí con mucho miedo!
-Es que adentro ensucia…
-¡Pero tiene miedo! –acarició al patito y lo cubrió con su bufanda.
-Vamos a llevarlo, tápalo bien.
Midori lo metió dentro de su campera y sonrió al sentirlo calentito. Otra vez salieron afuera, a empaparse y tropezarse con todo.
***********
-Ahora está bien. -Midori, sentada en el piso, frente a la chimenea, acomodaba al pato en un almohadón-¿Cómo se llama?
-Aún no tiene nombre. ¿Qué tal…Giuseppe?
-No, no, mi Giuseppe es único. Ponle Fígaro. Fígaro Fígaro Fígaroooo –cantó imitando a un tenor, Paul sonrió.
-¿Por qué todo italiano?
-Porque sí.
-No está mal. Hola Fígaro.
-No te contestará, está enojado contigo. ¿De dónde lo sacaste?
-Se lo pedí a un hombre que tiene granja, lo conoce la cocinera.
-Tienes que dejarlo aquí, así aprende a hacer cosas como si fuera un perrito. El mío trae las cartas en el pico cuando pasa el cartero.
-Vaya, no sabía que podían hacer eso.
-Son muy inteligentes. ¿Y ahora qué podemos hacer?
-¿Más? Dormir.
-Siempre pensando en dormir. ¡Vamos a cantar! –en su celular buscó una canción-Ahora sí, le doy al play y…¡Es la nueva sensación la nueva generación, es un salto, es un frenesí…!
-¡Ya deja de saltar sobre mis sillones!
-¡Hay un bombo criminal, un relámpago virtual, hay enanos corriendo por ahí!
-¡Basta, basta! ¡Midori Watts, hija de Caster, nieta de Doris!
-Soy Aragorn, hijo de Arathorn, heredero de…
-Ya.
-Bien, noto que estás algo enojado.
-Mucho.
-Ok, me calmo.
-Haces bien. Apaga la música.
-Pero…¡eres un amargo! ¡La canción es muy buena, podrías saltar tú también!
-No.
-Bien, bien, ya voy a dormir.
-No. Si tantas ganas de bailar tienes, te daré el gusto. Espérame aquí.
Midori se sentó junto al pato, algo enojada. Fígaro trataba de salir del corralito de almohadones que Paul le había armado. De pronto escuchó unos acordes, acordes que enseguida reconoció que eran de ukelele.
-¡Ya sé! –gritó poniéndose se pie de un salto-¡All together now!
-Ese puede ser después…¿Conoces Dance Tonight?
-Sí –sonrió traviesa-es la canción tuya en la que bailan todos.
Paul comenzó a tocar el ukelele y Midori a hacer palmas y silbar con él. Cantaron juntos las primeras estrofas pero como bien sabía Paul, la chica tenía ganas de moverse, y eso hizo, con delicados pasitos de ballet, piruetas, con el pato en la mano, imitándolo a él tocando, o saltando, otra vez sin importarle, sobre los sillones.
Cuando la canción terminó, Midori aplaudió contenta.
-¡Eres un genio! Me encanta esa canción.
-A mí me ha encantado cómo la bailabas.
-Puedes ponerme en tu próximo video.
-Mmm…lo pensaré.
-Te estás burlando de mí, pusiste la cara que hago cuando digo eso.
-Qué bien, ya me sale entonces.
Midori se sentó a su lado, todavía agitada por el baile. Agarró el ukelele, tocó algunas cuerdas al aire, pensativa.
-Paul, ¿sabes algo? Eres un buen abuelo.




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Después de mil años, volví. Sé que estuve mal en tardar tanto, pido perdón, pero es que antes quería terminar uno de mis fics (pobrecito, aún lo lloro) para estar mas libre para este y el otro. No tienen la culpa, ya lo sé, y también sé que soy mala.
Para pedir más perdón todavía, los invito a poguear con esto:
Ahora me retiro antes de que me tiren con lo que tengan a mano. Si leen esto, les agradezco la paciencia, y les aviso que faltan dos capis para que termine (ya sé, más cosas me van a tirar).
Me voy, prometo que volveré más pronto. 

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