lunes, 27 de junio de 2016

Revolver Capitulo 10 - Por debajo de la puerta


Querido diario:
Ha pasado un mes desde que los Beatles están en casa. Las cosas mejoraron, acatan las reglas, no se pelean y comen menos. Tampoco dan signos de querer denunciarnos. Con Chloe llamamos dos veces más a Brian haciéndonos las terroristas para que no piense que el peligro pasó y se los lleve. A continuación, un listado de los cambios y continuidades de este mes:
*El pelo les creció malditamente rápido. A George se le dio por querer ser rubio y casi se echa encima tres frascos de agua oxigenada de no ser porque Chloe lo vio a tiempo y los tiró en el inodoro.
*Ringo ni siquiera respira el mismo aire que yo porque procura situarse a tres kilómetros de distancia de mí. Lo odio. John no ha hecho nada para que cambie de opinión por lo tanto también lo odio a él.
*John sólo tiene tiempo para Chloe pero no son nada, sólo se miran y suspiran hasta que Paul y yo nos metemos un dedo en la boca y simulamos que vamos a vomitar.
*Hablando de Paul, sigue sin poder montar a Tofu.
*Hablando de Tofu, sigue comiéndose mis flores.
*Se nos está acabando el dinero así que pronto haremos un peaje.

*********
–¿Cómo ve veo? –George se plantó delante de Chloe con una sonrisa tonta en la cara.
–Eh…¿perdón?
–Que cómo me veo.
–Ehh…¿cómo tendrías que verte? –lo miró de arriba a abajo, desconcertada. Lo veía igual que siempre.
–Ay, decime si estoy bien o no.
–¿Estás enfermo?
–¡Decime si estoy guapo!
–Siempre lo estás…
–¿De verdad?
–Claro, sos lindo. ¿Por qué me estás preguntando esto?
–Es que necesito saber si me veo bien.
–George, ¿pasa algo? Te veo bien pero estás algo…raro.
–Estoy perfecto, no te preocupes. Gracias por tu ayuda.
George se fue caminando y silbando, no sin frenarse ante cada espejo para contemplarse. Choe sólo agitó la cabeza, pensando que las drogas de verdad hacían mal.
********
Se ajustaron los guantes y el gorro y entraron al auto, listas para un día de trabajo.
–¿Notás raro a George? –preguntó Chloe mientras controlaba que tuvieran todo.
–¿En qué sentido?
–No sé, de pronto pregunta si se ve bien y se viste como si fuera a aparecer en una película. Y todo eso de querer ser rubio…
Escucharon golpecitos en la ventanilla y vieron a Paul, vestido con su mejor ropa. Chloe bajó el vidrio.
–¿Me llevan?
–No. –subió el vidrio.
–¿Por qué?
–Porque no.
–¡Me hablan como si fuera un niño de cuatro años!
–Paul, siempre que alguien te dice lo contrario a lo que querés, ¡te comportás como un niño de cuatro años!
–¡Pero es que quiero irrrrrrrr!
–Mierda, ¿adónde querés ir?
–Necesito cuerdas para la guitarra.
–Nosotras las podemos comprar.
–¡Ustedes no saben nada!
–¡Claro que sabemos!
–Ay basta. –dijo Zettie, ya harta–Que venga Paul. Pero no pensarás que irás  a comprar cuerdas vestido así. Si te reconocen estamos fritos todos.
–Tengo mi disfraz. –Paul buscó en un bolsillo y encontró un bigote sintético. Se lo pegó y al instante se cayó al suelo.
–Excelente disfraz, McCartney. Vení.
Zettie salió del auto y abrió el baúl. Buscó en una bolsa hasta que sacó una peluca y anteojos de abuelita. Además, una falda.
–¡No pienso ponerme esto!
–Entonces te quedás.
De mala gana, Paul subió al auto y comenzó a vestirse. Por el espejo retrovisor, Chloe y Zettie lo veían luchando con la peluca y se mataban de risa.
*****************
El auto estacionó lentamente a un lado del peaje. Por ser casi mediodía, el lugar estaba atestado de autos y bocinazos.
Chloe se giró para mirar a Paul. Trató de mantener la seriedad pese al disfraz.
–Vos te quedarás acá, nosotras tenemos que hacer algo. Ya volvemos.
–¿Eh? ¿Me van a dejar?
–Sí, quedate quietito ahí.
–¡Van a robar! ¡No, no! ¡Tengo que avisarle a esa pobre gente!
–¡Paul dejá la liga de la justicia a un lado, carajo! No vas a avisar a nadie, porque si lo hacés…–Chloe mostró el revolver que llevaba y Paul tragó saliva.
–Me quedaré acá. –dijo al fin, acurrucándose en el asiento trasero–Además los del peaje  roban con los precios que cobran.
–Y ya sabés que quien le roba a un ladrón…

Paul asintió asustado y las chicas se fueron. Se quedó sudando y tratando de pensar en otra cosa. A los cinco minutos, se sobresaltó al escuchar que las puertas del coche se abrían, quizás fuera la policía que había descubierto todo y ahora se lo llevaban a él también como cómplice. Pero oyó las voces.
–¡Dale Chloe arrancá esta cosa de una vez!
–¿Ya terminaron?
–Claro chiquito, somos rápidas. Ey, no malinterpretes–Chloe lo miró por arriba de sus gafas negras– Si venías con nosotras podríamos haber despistado aún más a la policía. Serían las dos chicas de siempre, y una abuelita ladrona.
Paul sonrió y se incorporó totalmente, mirando hacia atrás y haciéndole fuck you al auto de la policía que intentaba seguirlos.

********
–Podría robar el negocio de música.
–Alto ahí McCartney, que hayas participado indirectamente de un robo no te hace ladrón. Aparte tenés muchos instrumentos y mucho dinero, ¿para qué vas a robar? Entrá y comprá y pagá.
Paul salió del auto simulando ser una respetable anciana. Entró y dijo que quería cuerdas para la guitarra de su nieto. El vendedor, viendo que era una anciana que no sabía nada, intentó venderle las más caras.
–No se aproveche jovencito, sé muy bien de estas cosas y las más caras no son las mejores. Deme aquéllas.
El vendedor, sorprendido, le dio lo que quería. Paul pagó y dejándole unos insultos más, se fue.
–Me encanta esto. –dijo cuando entró en el auto.
–Sabíamos que te convenceríamos. –dijo Zettie–Ahora vamos a casa, ya estoy muy cansada. Ah Chloe, ¿qué me decías hoy de George?
–¿Eh? ¿Qué pasa con George? –preguntó Paul.
–Nada que te importe.–respondió Chloe–Como te decía…lo veo raro. Está todo el día frente al espejo como una quinceañera, y no está comiendo tanto como comía, ni lo hace como un animal de granja.
–Quizás le guste alguien. –dijo Paul.
–¿Quién le puede gustar si no sale de casa?
–Quizás le gustás vos. Ah no, cierto que de vos gusta John.
–Callate.
Paul se echó a reír. Luego dijo:
–Quizás se haya enamorado de Zettie.
–No estaría mal. –convino–Teniendo en cuenta que Ringo no me da ni la hora…
–¿Qué? ¿Te gusta Ringo?
Paul se echó a reír con más ganas, como si le hubieran contado el mejor chiste del  mundo. Zettie comenzó a pegarle con una franela para limpiar pero él seguía riendo.
–¡Quizás guste de vos!
Paul se calló y miró a Zettie. Esta vez fue Chloe la que largó una carcajada.
–No es una idea descabellada. –dijo sin dejar de mirar el camino–George últimamente está todo el día hablando con vos y te pide las guitarras.
–Dejen de decir estupideces. George siempre me pide las guitarras. Y le gustan las chicas.
–¿Acaso vos no sos una?
Zettie comenzó a reírse esta vez, hasta que se quedó sin aire.
–No confío en las teorías gays de Zettie porque ya falló una vez, pero quizás ahora acierte.
–¿Qué teorías?
–Nada, hablamos de otra cosa, chica Paul.
–Paulina. –dijo Chloe y comenzó a reírse.
–¡Sostengo que seguro está interesado en alguna de ustedes dos!
**********
Cuando llegaron a la casa, vieron a George sentado al sol,  tallando un palito de madera con una navaja, completamente  aburrido. Se bajaron dando tremendos portazos. Habían hecho todo el viaje acusándose mutuamente de ser el objeto de amor de George y para cuando llegaron, la duda los consumía.
–¡Decime que no gustás de mí! –gritó Chloe.
–¡O de mí! –dijo Zettie.
–O…¿de mí?
George miró a cada uno achicando los ojos por el sol que le daba en la cara. A Paul lo miró durante unos segundos más.
–Están desquiciados. –dijo al fin, volviendo a mirar el palito.
–¡Alguien te gusta! –dijo Paul.
–¿Y qué? ¿Tengo que pagar un impuesto por eso?
–¡No! Sólo queremos saber.
–¿Por qué?
–Porque me tenés harta con tus preguntas sobre tu pelo, tus cejas, tus brazos, tu altura, tus zapatos, tus medias, y un millón de cosas más. –dijo Chloe–Y porque te ponés litros de perfume.
–Es verdad, la sopa de anoche tenía gusto a perfume de George. –agregó Zettie.
–¿Y bien? ¿Quién es?
–Ninguno de ustedes. Mucho menos Paul. ¿A quién se le ocurrió esa estupidez?
–Zettie dejá de hacer teorías, siempre fallás.
–Está bien, no haré ninguna más. ¿Pero quién es? ¿La conocemos?
–Claro. Es Dolores.
–¿Dolores? ¿Nuestra empleada? ¿Estás manipulando a nuestra empleada?
–¿Manipulando? Miren lo que dicen, simplemente me gusta. Pero…
–¿Pero?
–Ella no. O no sé. Ella piensa que nosotros somos sus amantes, como una especie de harén.
–¿¿¿Qué???
Paul comenzó a reírse a carcajadas pero Zettie  y Chloe permanecieron serias.
–Esto es grave, tendremos que decirle que las cosas no son así. No sabía que pensaba eso, nunca lo dijo.
–Y si lo dice estaremos en problemas.
–¿Pueden hablarle? Así no me ignora.
–Momento Harrison, ¿por qué te interesa Dolores?
–Zettie, simplemente me gusta.
–¿Simplemente? Entonces no te ayudaremos.
–¿Por qué?
–No voy a permitir que un beatle le rompa el corazón. Suficiente conmigo…–Zettie se largó a llorar de forma histérica y se fue corriendo a la casa. Los demás la miraron como si se hubiera vuelto loca.
–¡Ah! –exclamó Paul– ¡Cierto que Ringo ni la mira!
–¿Ringo?
–Sí George, Zettie está enamorada de Ringo y él, nada.
–¡Dejá de contárselo a todo el mundo!–gritó Zettie desde el balcón de su habitación.
–Tiene razón, no hay que comentarlo. –dijo Chloe.–Bien, hablaré con Dolores, pero sólo para aclarar este tema, no para ayudarte, George.
–¿Por qué?
–No voy a ser la celestina de nadie. ¿Qué es eso?
Paul y George miraron hacia donde miraba Chloe. Enseguida hicieron una mueca de dolor.
–Ay no…–se quejó Paul.
–¿Es un camión del correo?
–Sí. Sabía que esto sucedería.

********
Con un sonido de alarma intermitente, el camión volcador del correo fue dejando caer una pila de cartas. Cuando terminó, dio un rodeo y salió, sin pisar ni un solo papel.
–¿Qué es todo esto?
Chloe miraba la montaña, que medía unos dos metros de alto. Había cientos de sobres.
–Cartas de fans. –dijo George–Se han acumulado en este mes.
–¿Y lo decís así, tan tranquilo?
–Estamos acostumbrados.
–¡Pero yo no! ¿Por qué todo esto en mi jardín?
–Porque son muchas. Peor hubiera sido que el camión entrara a tu sala para dejarlas ahí.
–No es gracioso, Paul. Bien, haré una fogata.
–¡No! ¡No se pueden quemar! Hay que contestarlas.
–Ay por favor, no me digan que las leen todas y encima las contestan.
–Sí.
–¿Cómo que sí?
–Que sí, que las leemos y las contestamos.
–¿Siempre?
–Claro.
Chloe comenzó a ponerse cada vez más roja.
–¡Le envié treinta cartas a John y jamás me las contestó! Pensé que sería porque ni siquiera las leían, ¡y resulta que sí!
Entró a la casa dando un portazo.
***********
Dolores pestañeó al ver la montaña de papeles.
–¿Se supone que tengo que limpiar todo esto?
–No Dolores, no hay que limpiar nada. En nuestra correspondencia. –respondió George, del modo más dulce.
–¿Todo eso lo tienen que leer?
–Sí.
–Y responder.
–También. ¿Nunca nos enviaste una carta?
–Nunca supe que se podía.
–Ahora ya sabés, escribinos.
–¿Para qué si los tengo acá?
George rió ante la lógica de la chica y agarró una primera carta.
–Puedo ayudar. –se ofreció Dolores–Si contesta alguien que no es alguno de ustedes, pero con palabras de ustedes, ¿vale igual?
–Claro, te lo agradecería mucho. No tengo mucho para hacer pero aún así tardaré mucho tiempo si lo hago solo. 
Dolores sacó un bolígrafo del bolsillo de su uniforme y agarró la primer carta dirigida a George que encontró.
–¿Qué hacen? ¿Qué es esto? –dijo Zettie saliendo de la casa, al parecer repuesta de su ataque de llanto.
–Cartas de los fans. Ayudo al señorito George.
–¿Puedo yo también, George?
–Sí, por favor. Sino jamás terminaremos.
Zettie agarró una carta del montón, iba dirigida a Ringo.
–¡Ringo! ¡Esta carta es para vos!
–Leela. –dijo él acercándose–Dios, ¿todo esto hay que responder?
–Y seguro traerán más. –respondió John–¿Dónde está Chloe?
–En su cuarto, supongo. Se fue enojadísima.
–¿Qué le hiciste, Paul?
–Nada. El culpable sos vos.
–¿Yo?
–Dijo que te escribió treinta cartas y que nunca respondiste. –dijo George encogiéndose de hombros–Y ahora se enteró que las leemos a todas y las respondemos. ¿Por qué no respondiste las suyas?
–¡Y yo qué sé! No la conocía. Ni siquiera recuerdo haber leído su nombre alguna vez.
–Será mejor que le expliques eso como puedas, John. –dijo Zettie–La conozco, no te lo perdonará.
–¿Y entonces para qué iré a explicarle si no me perdonará?
–Ayy…¡hombres! –exclamaron Zettie y Dolores.
–De acuerdo, iré.
John se fue y todos continuaron sentados en el jardín, abriendo y leyendo cartas.
–Ringo, leo la tuya.–dijo Zettie–Dice…”Querido Ringo: quiero que sepas que te amo y…” ¡Esta estúpida quiere ser tu novia! ¡Y encima envía su fotografía!
–A ver cómo es, mostramela.
–¡No! Ahora le contestaré: Querida…¿cómo se llama? Angela. Bien, Querida Angela, quería decirte que sos muy puta.
–¡Zettie no podés escribirle eso!
–¿Por qué? Es la verdad.
–¡Pero no podés escribirle eso a una fan!
–Está bien, ahí te dejo a tu Angela. Ayudaré a Paul.
–No te enojes.
–No me enojo, sólo digo que ayudaré a Paul. Porque a vos te parece que todo lo que hago, lo hago mal.
–¡Yo no dije eso! ¿Por qué siempre tergiversás todo?
–¿Tergiversar? Vaya, qué léxico manejás hoy. ¿Desayunaste un diccionario o qué?
–¡Zettie sos imposible!
–¡Y vos también!
Zettie le dio una patada a la montaña de cartas, y todas se desparramaron o volaron. Se sentó junto a Paul y comenzó a leerle una carta. De lejos escuchaba todo lo que Ringo murmuraba sobre ella.
–No le hagas caso. –le dijo Paul.
–Ya quisiera no hacerle caso.
–Es que sos muy caprichosa. Él tiene razón, a una fan no se le puede contestar eso, por más que lo pienses.
–El quería ver la foto.
–¿Qué tiene de malo eso?
–Supongo que nada. ¡Pero es que…! Ay ya, mejor lo dejo así.
–No, pedile perdón.
–¿Por qué?
–¿Por engañarlo diciéndole que eras una princesa? ¿Por decirle que tus parientes querían matarte y por eso guardabas armas? ¿Por robarle sus medias? ¿Por acusarlo de ser novio de John? ¿Por gritarle cuando rompió una taza? ¿Por…?
–Bueno, bueno, ya entendí el concepto. Tiene razones para odiarme. ¡Pero Chloe le ha hecho lo mismo a John, y él la ama! 
–John no es Ringo y Chloe no sos vos.
–Por una vez en la vida voy a tener que darte la razón, aunque me cueste.
Zettie se puso de pie y caminó hacia donde Ringo estaba sentado, garabateando una respuesta en una carta.
–Perdón. –dijo parándose frente a él. Ringo levantó la vista y la vio con su rostro más altivo.
–No te creo. –respondió al fin.
–Está bien. –se puso en cuclillas frente a él–Perdón.
–Ahora sí. –él le sonrió–¿Podrías ayudarme con estas?
Zettie agarró la docena de cartas que Ringo le tendía y se sentó junto a él.
**********

John golpeaba la puerta y llamaba a Chloe pero no había respuesta. Cuando se cansó pensó en irse, pero lo pensó mejor y se sentó en el piso, encendiendo un cigarrillo. Esperó unos minutos y volvió a golpear. Como nadie respondió, suspiró. ¿Qué culpa tenía él que las cartas de Chloe nunca hubieran llegado? Todo el mundo sabía que el correo era un desastre.
Se le ocurrió una idea y sonrió con  picardía. Buscó su bolígrafo en su chaqueta y revolvió un escritorio que había en el pasillo de las habitaciones, hasta que encontró unos papeles que no parecían tener uso. Garabateó algo en uno y lo pasó por debajo de la puerta.
***********
Chloe no entendía muy bien porqué estaba enojada. Era absurdo pero aún así…Se tapó hasta la cabeza e intentó dormir, John parecía que se había cansado, ya hablaría luego con él y le pediría disculpas por su extraño comportamiento. Después de todo, no podía protestar porque no eran nada, absolutamente nada. Le dolió pensar aquello y se tapó aún más.
De pronto escuchó un ruidito. El ruidito de algo deslizándose debajo de la puerta. Se incorporó y vio un papel blanco. Pensó en Zettie, a veces hacía eso cuando ella estaba enojada y no tenía ganas de pelear. En sus papelitos escribía cosas como “¿Querés sopa?” o “Te llaman por teléfono”. Decidió no darle importancia, ya lo leería. Necesitaba estar sola y pensar. A los pocos minutos, escuchó el mismo ruido. Abrió un ojo, había otro papel. Refunfuñando, se levantó.
“Siento no haber leído tus cartas. Si me mandas una ahora, la leeré”
Se tapó la boca con una mano para no gritar y buscó un bolígrafo en su desordenada mesa de luz. Probó uno pero no funcionaba y maldiciendo lo arrojó al suelo, ensuciando la alfombra. No le dio importancia, había algo mas importante que hacer. Rebuscó hasta que dio con otro.
“De acuerdo. En mis cartas te pedía un botón”
Deslizó el papel y esperó.
*********
John tenía miedo de leer. Conociendo a Chloe, lo más probable era que le insultara hasta el órgano reproductor de su madre. Con una mueca abrió el papel doblado y leyó. Su mueca se acentuó aún más.
–¿Qué mierdas…? ¿Por qué un botón? No pienso arrancarme un botón de mi ropa.
Agarró otro papel y escribió.
“Espero que no sea del pantalón. Es que tenés cara de ser demasiado pícara”.
Cuando lo pasó por debajo de la puerta se maldijo a sí mismo. Era un completo idiota por haber escrito esa completa idiotez.
*********
Esta vez, Chloe se tapó la boca con las dos manos para que su carcajada no se escuchara. Después se dio cuenta que su enojo se había disipado y que se sentía muy contenta con el extraño método de comunicación que estaban usando. En el reverso del papel, escribió con letra temblorosa:
“Veo que me estuviste observando demasiado. Sólo es un botón, no importa de dónde. Siempre me hizo ilusión”.
*********
Con más temor que antes, John desdobló el papel. Sonrió al ver la repuesta.
–Esa es mi chica.
Sin dudar mucho más, con los dientes arrancó un botón de su camisa. Después, poniendo todo su lado poético en una frase, garabateó un “Todas siempre piden pelo, vos sos distinta y lo sabía. Te envío el que estaba junto a mi corazón”
Envolvió el botón en el papel.
*********
Al ver aquello, Cloe se sintió más que feliz, pero dudó. ¿Qué podía responder a eso? No iba a encontrar palabras. Así que respirando hondo, abrió la puerta de su habitación.
–Hola. –dijo cuando lo vio.
–Hola chica de los botones. ¿Es para una colección?
Chloe negó con la cabeza.
–¿Te gustaría pasar?

***************


–Chloe tenemos mucho que hacer. Hay que llamar a Brian, otra vez. Y yo no me olvido de nuestro super proyecto.
–¿Eh? –Chloe parecía estar en las nubes, apenas se había dado cuenta que Zettie estaba en la misma habitación que ella.
–Ay ¿qué te pasa? ¡Te hablo de algo serio! Hay que llamar a Brian, amenazar otra vez. Hace mucho que no lo hacemos y no quiero que confíe que el peligro pasó. Aún nos queda mucho por hacer con estos beatles. Y nuestro proyecto, el palacio. Chloe, el palacio es nuestra consagración. Robamos el palacio y nos vamos al Caribe por siempre, nunca nos van a encontrar.
–No quiero.
–¿Eh?
–Que no quiero. No lo voy a hacer.
–Pero…pero…¿por qué?
–Es que no quiero ir al Caribe.
–Bueno, vayamos a otra parte...
–No, me quiero quedar.
–Chloe no seas tonta, no podemos quedarnos, nos encontrarán enseguida.
–Entonces no robemos.
–¿Qué te pasa? ¡Hace años que planificamos esto! ¡Es nuestro golpe! Nadie en la historia lo ha logrado y con nuestro y nuestro talento plan lo conseguiremos. Somos las mejores, y para las mejores, el mejor premio.
–No lo haré.
–Estás estúpida. ¿Por qué?
–No quiero robarlo porque no quiero irme. Y no quiero irme porque estoy con John.
Zettie pestañeó una vez, dos, tres. Luego cerró los ojos mientras trataba de respirar.
–Lo sabía.  Lo sabía, lo sabía, ¡lo sabía, maldita sea! ¡Sabía que esto iba a pasar! Y qué suerte que no fui yo, al menos estuvo bien no haber tenido nada con Ringo. Chloe, lo de John es pasajero, ya lo verás.
–No. Zettie lo quiero, lo sabés bien.
–Ay una cosa es quererlo en las revistas o en la televisión y otra cosa es quererlo en serio. Era parte de nuestra diversión.
–¿Vos querés que Ringo?
–No lo sé. Y mejor no saberlo.
–Sí que lo querés, y si pasara algo con él, estarías de acuerdo conmigo.
–No, no estaría  de acuerdo. Llevamos años preparándonos y lo vas a dejar todo por él.
 Zettie salió de la habitación hecha una furia. Una vez en la suya comenzó a juntar todo lo que iba a necesitar. Si Chloe no la acompañaba, lo haría ella sola.





 Si alguien sigue leyendo esto, pido perdón por la tardanza. En dos capitulos finaliza el fanfic.




jueves, 14 de enero de 2016

Revolver - Capitulo 9 "Ladrones de amor"




El pelo beatle fue creciendo a una velocidad formidable, parecía que había cobrado fuerza con el corte, y además había sido ayudado por el aceite de almendras que Zettie se había empecinado en embadurnarles a las cuatro cabezas cada mañana, entre sus lamentos y el asco de ellos.
–¡Qué injusto! Tienen mejor pelo que yo. –se quejó Chloe mirando las puntas de un mechón de su cabello.
–Cuando volvamos a la libertad, nos llamarán enseguida para hacer publicidades de champús. –Paul sacudía su cabello frente al espejo de la sala.
–Qué afeminado. –rió George–¿Por qué decís “cuando volvamos a la libertad”?
–Porque acá estamos presos.
Chloe rodó los ojos, metió la mano en la bolsa de arena que tenía para el gato, y la dejó caer en el pelo impecable de Paul.
–¡Ey!
George soltó una carcajada y Chloe también, mientras él trataba de quitarse la arena.
–¿Lo ves? ¡Torturas! ¡Como en las prisiones!
–No se está tan mal aquí. –dijo George.
–No te gustaba.
–Pero ahora sí.
–Mmm…qué sospechoso.
–¿Por qué sospechoso? Al chico le gusta. –Chloe palmeó la espalda de George y se retiró, dispuesta a echarse todo el aceite de almendras que hubiera por la casa.

*********

Estaban contentas, con el dinero robado al camión de caudales habían pagado todos los gastos de manutención de las cuatro cabezas peladas, y además, les había sobrado. Decidieron que, al fin, era momento de darse unos gustos.
–Dolores, ¿podrás cuidar a los muchachos esta tarde?
–Claro señorita Read, se portan muy bien y no molestan. Incluso el niño George ayuda en la cocina aunque bueno…se come todo.
–Niño George. –repitió Zettie controlando la risa–Le diré que deje de robar comida o lo encerraré en el sótano.
–Pobrecito. –Dolores se estrujó las manos–Le gusta mi comida, sólo eso.
–Mentira mujer, no le haré nada. Bueno, ¡nos vemos!
Ambas salieron al jardín, mirando a todos lados. Vieron que todos estaban muy entretenidos: Paul le hablaba a Tofu, convenciéndolo de que era de mal gusto robar la ropa interior de las señoritas que colgaba en el tendedero; George intentaba arreglar una colección de luces de Navidad que no funcionaban; y John y Ringo charlaban y reían sin hacer nada. Al verlos, Zettie arrugó la cara pero no dijo nada.

Tres horas después, se llevaban los percheros completos de ropa, zapatos, y todo tipo de objetos para la casa de los cuales desconocían su utilidad pero igual les gustaban. Y todo lo habían pagado.
–¿Las ayudo, señoritas?
Se giraron para ver, aunque ya sabían quién era. Dimitri.
–Hola pesado. –bufó Chloe–¿Y ahora qué?
–Nunca me dejaron hablarles del negocio que quería proponerles.
–Uf, está bien. –Zettie dejó caer las bolsas al suelo y se cruzó de brazos.
–Que sea rápido, no tenemos todo el día. –agregó Chloe.
–Se trata de calamares.
–¿Calamares? ¡Te recuerdo que los vomitaste a todos arruinando una de nuestras fiestas!
–Sí Zettie, y me los tiraste por la cabeza.
–Era lo menos que podía hacerte.
–Pero esto es distinto, no los comeré. Verán, el calamar está de moda, pero es caro. Viene de Somalía y aquí muy pocos saben cómo es el calamar de calidad. El negocio consiste en robar los contenedores que llegan desde Somalía, y suplantarlos por otros que tienen bichos del mar que son parecidos a los calamares pero que no lo son. Y que además, son más baratos. Los calamares verdaderos, se revenden, o yo qué sé…
–¿Yo qué sé? ¿En tu plan hay lugar para un “yo qué sé”? Sos un inútil.
–Pero Chloe…
–Chloe nada. De pensar en el olor a pescado que se me pegará ya me dan náuseas. Nosotras apuntamos más alto.
–Ustedes se lo pierden –Dimitri se encendió un cigarrillo, mirándolas de arriba abajo–Cuando tenga un negocio con más “clase” para las señoritas, les avisaré.
Se alejó ofendido y entró al estacionamiento del centro comercial. Vieron cómo sacaba su nuevo auto verde y al dar reversa, lo chocaba contra una camioneta. El auto verde salió disparado mientras el dueño de la camioneta, un chino, le gritaba insultos en todos los idiomas.
Una vez que cargaron todo, salieron tranquilamente de la ciudad, rumbo a su casa.
–Chloe, ¿podés parar? –dijo Zettie con mala cara.
–¿Querés ir al baño?
–No.
–¿Te sentís mal?
–No, no. Sólo pará, necesito hablar.
Chloe la miró preocupada y bajó de la carretera. Frenó cerca de una estación de servicio.
–¿Y bien?
–Creo que deberíamos aceptar el negocio de Dimitri.
–¿Eh? Pensé que te parecía un inepto.
–Lo es, pero podríamos mejorarlo y…lo que pasa es que ya no quiero más beatles en casa.
Chloe parpadeó. Que Zettie le estuviera diciendo eso era realmente una sorpresa y no auguraba nada bueno.
–¿Qué pasó? ¿Alguno te hizo algo? ¡Porque si es así, ya mismo voy y los castro!
–¡No, no! No es nada de eso. Es que…creo que…bueno…
–Me alterás, ¡decime qué pasa!
–Ni John ni Ringo son para nosotras.
–¿Cómo?
–Eso. Olvidémonos del tema.
–No entiendo nada, no sé a qué te referís.
–¡Ay, qué John y Ringo están juntos!
–¿¿¿QUÉ??? ¡Pero de dónde sacaste eso!
–¡Los vi!
–¡¿Qué viste, mierda?!
Se oyeron golpecitos en la ventanilla y Chloe creyó morirse. Un policía las miraba. Bajó el vidrio sonriendo inocente.
–¿Sí, oficial?
–¿Está todo bien? Oí muchos gritos.
–Ah sí, sólo discutíamos por una pavada. –soltó una risita nerviosa–Cosas de hermanas.
–De acuerdo. De todos modos, les recuerdo que es peligroso estar aquí, ya está anocheciendo y suelen rondar ladrones.
–Gracias por la advertencia, oficial.
–De nada. Y recuerden, no es bueno pelear entre hermanos. Mirá hija –el policía se acodó en la ventanilla, era un hombre algo mayor–yo también tengo hermanos y de joven peleamos mucho, y hoy nos arrepentimos, perdimos muchas cosas buenas.
–Ah, claro. –Chloe fingió interés.
–Pídanse disculpas, eso barre todos los rencores.
–Ok. Perdón. –miró a Zettie.
–Perdón.
–Qué hermoso. Buenas noches señoritas. –el policía las saludó inclinando su gorra y se fue silbando, convencido de haber cumplido su buena obra del día.
–¡Lo que faltaba! –Chloe subió el vidrio y luego miró amenazante a Zettie–Vos, hablá. ¿Qué viste?
–Vi cómo charlan y se ríen. Y hoy también, parecían reírse más y todo.
–¿Y? Son amigos, con los amigos se charla  y se ríe.
–Hay algo más…Cuando robé la media de Ringo, la saqué de su cajón de ropa interior. Allí, al fondo, había una cajita, como de regalo. Y en la cajita un reloj, carísimo, de oro, una belleza. Atrás tenía grabado el nombre de John.
–¿Y?
–¿Y? Que ningún amigo hace semejante regalo y pone su propio nombre en él. Y el que recibe el regalo no lo guarda entre su ropa interior.
–Zettie…¿por qué no me lo dijiste antes?
–No quería herir tus sentimientos.
–¡Pero los heriste ahora! Y yo que pensé que quizás…Da igual, los echaremos,  no me interesan más, que vayan a hacerse regalitos a otra parte. ¡Cómo pudimos creer que…! ¡Lo hubieran dicho desde un principio!
El auto salió a toda velocidad, tanto que hasta el policía se asustó. Una vez que llegaron  a la casa, la encontraron completamente iluminada con las luces de Navidad. En mayo.
–Harta me tienen, ¡harta! –gritó Chloe  a la vez que le daba un portazo al auto–¡Ya mismo John y Ringo en mi despacho!
–¿Tienen despacho? –preguntó John con indiferencia.
–No, pero no importa. Vengan a la biblioteca. ¡Ahora!
Confundidos, la siguieron. Zettie iba por detrás.
–¿Sabés qué le pasa? –le preguntó Ringo.
–Sí. –contestó con sequedad.
Una vez que entraron  a la biblioteca, Zettie cerró con llave.
–Ahora mismo, digan qué pasa entre ustedes.
–¿Qué? –se miraron y las miraron.
–Queremos saber qué pasa entre ustedes. Tanta risa, tanta charla, tanto estar siempre juntos.
–¿Insinuás que soy el novio de él? –John la miró escandalizado–¿De este sujeto?
–Sí.
–¿De dónde sacaron eso? ¡Odio a John!
–Ey, ¿cómo que me odiás?
–Bueno, no exactamente, pero…
–Ajá, “no exactamente, pero…”. La verdad, Ringo.
–¿Pero qué…? ¡Ay están locas! ¡Cada día me convenzo más!
–Richard Henry Parkin Starkey, explicame porqué estaba un reloj que te regaló John, en tu cajón de ropa interior. –Zettie lo miró, acusadora.
–¿Otra vez revisaron mi cajón?
–No, lo vi cuando te robé la media.
–Ah, con que fuiste vos.
–¡No cambies la conversación! Allí había un reloj carísimo con el nombre de John grabado. ¿Te lo regaló? ¿Por qué con su nombre? ¿Y por qué lo pusiste entre tus calzones?
–Un momento, un momento. –dijo John–¿Mi reloj de oro estaba en el cajón de Ringo?
–Sí.
–¡Maldito ladrón! ¡Sos igual que ellas!
–¡No robé nada! ¡Ni siquiera sé de qué reloj hablan, no guardo nada allí!
–¡Pero yo lo vi!
–A ver, Ringo. –dijo Chloe intentando poner orden en medio del griterío–¿Cómo era el reloj?
–¡Y yo qué sé! ¡Si nunca lo vi!
–¿No lo viste? ¡Me lo robaste! Desapareció al poco tiempo que vinimos aquí, y pensé que había sido una de ellas.
–No vi nada, no tengo nada.
–Ringo, mirame. –pidió Zettie–¿De qué color era la caja del reloj?
–¡Y yo qué sé! ¿Azul?
–No. ¿Y cómo era el cuadrante del reloj? ¿Tenía piedras brillantes?
–Ehh…¿sí?
Zettie miró a Chloe.
–No lo ha visto nunca. La caja era roja y no tenía piedritas.
–Ese reloj me lo regaló mi tía, este año. Y desapareció. Y no se lo regalé  a Ringo y tampoco soy su novio, no quiero tocarlo ni con insecticida.
–Digo lo mismo. –agregó Ringo–Si quieren busquen en mi cajón, pero allí no hay nada, ni en toda la habitación. Nunca vi tal reloj, John no me regaló nada, sólo un sapo para Navidad.
–Y que se murió.
–George lo aplastó cuando sacaba el auto de la cochera. Lo odio.
Chloe sacó de un brazo a Zettie.
–¡No pasa nada! ¡Fue imaginación tuya!
–Mejor…entonces que se queden, aún tenemos oportunidad con ellos.
–De todos modos revisaremos. Ringo –Chloe se asomó a la biblioteca, donde John y Ringo seguían peleando–Dame las llaves de tu habitación.
–¿Van a revisarla? En fin, mejor, así dejan de decirme ladrón. Lo que faltaba.
Entraron a la habitación y Chloe y Zettie la revisaron con la efectividad de un comando policial. Ni rastros del reloj. Luego siguieron por la habitación de John, y ya que estaban, por la de George y Paul. No encontraron nada.
–¿Y entonces dónde está?
–¡Lo robaron ustedes!
–No, no lo tenemos. Yo tampoco conozco ese reloj, sólo lo vio Zettie. Entonces, ¿no son nada? Me refiero a ustedes dos.
–No, nena. –respondió John con gesto cansino.
–Ni lo seremos.
–¿Tenemos esperanzas con ustedes?
–¿Qué?
–Nada, nada, no dije nada. –se excusó Chloe–Disculpen las molestias.

******************
Eran cerca de las tres de la mañana cuando Zettie despertó. Tenía hambre y además el muñeco de Mickey Mouse que se había comprado durante la tarde, y que brillaba en la oscuridad, daba demasiada luz y además parecía terrorífico. Lo tiró por la ventana.
Bajó a la cocina para comer la pizza que había sobrado y vio que allí, la televisión estaba prendida. Con miedo, se acercó de puntillas hasta que vio a John roncando sobre la mesa.
–John, despertate. ¡John! –lo sacudió hasta que entre quejas, el chico abrió los ojos.
–¡Ay no me mates!
–No te voy a matar, estúpido. ¿Qué hacés acá? Son las tres de la madrugada.
–Miraba la repetición del show de Mickey Mouse.
–Te regalaré un muñeco de él.
–¿De verdad?
–Sí, buscalo mañana en el jardín, debe estar por ahí.
–Gracias. Ey, lindo camisón.
–Andá a la mierda.
–Qué carácter. ¿Y qué hacés vos acá, si decís que son las tres de la madrugada?
–Vine a comer pizza.
–¿Pizza? Bueno, ya sé que sos una rara.
–¿Rara?
–Bueno, un poquito rara. ¿Conforme? Ah Zettie, necesito pedirte algo.
Lo miró desconfiada, pero John parecía preocupado por algo así que accedió a sentarse en la mesa frente a él.
–No te daré pizza.
–No es eso.
–¿Y qué pasa?
–Verás…necesito que me enseñes a robar.
–¿Eh?
–Soy rebelde, me gusta serlo, y creo que robando lo sería más. Ya sabés, a  veces el instinto te lo pide.  
Zettie lo miró más desconfiada aún.
–¿Par qué vas a robar si sos millonario?
–No sé, me llama la atención. Pero no quiero usar armas porque soy pacifista.
–Justo te perdés lo divertido. Entonces tendrás que dedicarte a cosas bobas.
–¿Me vas a enseñar?
–Sí. Lavate la cara que salimos ahora.
–¿Ahora?
–Lo que vamos a hacer se hace de noche.



******************

Como hacía calor, la noche era agradable, y más en aquella desierta calle. Estaban en un suburbio de Londres en el que sólo se escuchaban las peleas de los gatos.
–¿Zettie aún estás en camisón?
–No tenia ganas de cambiarme. Además no se me ve nada. Y son lindos los ositos que tiene, ¿no te parece?
–Sí, lo que digas.–respondió John, impaciente– ¿Qué haremos?
–Algo fácil, robar autos. No llevártelos, sino robar lo que tengan adentro. ¿Tenés una moneda?
–¿Sirve una de veinticinco?
–La haremos servir. Mirá, lo que se hace es muy fácil. Ubicás un auto, aquel rojo, por ejemplo. –señaló un auto viejo, estacionado en la acera de enfrente–Te acercás jugando con la moneda, distraído. Y…un momento, ¿de verdad querés hacer esto?
–Sí.
–Es que no te creo lo de la rebeldía. Robar no significa exactamente ser rebelde.
–Bueno sí, es por algo más…Prometeme que no le dirás a nadie.
–¿Y desde cuándo tengo que prometerte cosas? No soy tu amiga.
–Entonces no sabrás la verdadera razón.
–¡Está bien, lo prometo! No diré nada a nadie.
–Verás…quiero impresionar a Chloe.
–¿A Chloe? O sea, ¿Chloe? ¿Chloe Read? ¿La Chloe que conocemos todos?
–Sí, sí, Chloe, ¿cuántas Chloes más hay?
Zettie soltó una carcajada que hizo callar a los gatos. John miró a todas partes, temeroso que alguien apareciera y les robara a ellos.
–¿De qué te reís?
–¡Hombre, no precisás robar para impresionarla! De hecho, no precisás impresionarla, ¡porque ya lo está!
–¿De veras? Bueno, de todos modos, me gusta impresionar a las chicas.
–Pará, pará, pará, John Lennon. ¿Para qué querés impresionar  a mi Chloe? ¿Qué intenciones tenés para con ella?
–Hablás como si fueras el padre…
–No lo soy, pero soy la guardiana de su honor. ¿Para qué la querés impresionar? ¿Lo tuyo va con seriedad? Porque si es sólo para divertirte por una noche, te voy a cortar en pedacitos, le diré a Dolores que te haga estofado, y te serviré para que Tofu te coma.
–Tofu es vegetariano.
–Dejará de serlo. Hablá.
–¿Me vas enseñar a robar o no?
–¡No hables tan alto! ¿Qué pretendés? ¡Que te lleven preso antes de robar? Y ahora, hablá.
–¿Y vos qué sabés si ella no quiere algo sólo de una noche? Me parece que no deberías hablar por ella.
–Lennon…puedo hacerte empanadas y venderte como “Empanadas de John Lennon, literalmente”. Se venderán muchísimo.
–Bueno…–John resopló–son intenciones serias. Me gusta. Es linda y tiene un algo…no sé, me gusta. Y hoy vi cómo se puso con todo ese desastre con mi reloj y Ringo. Estaba celosísima, se lo vi en los ojos.  ¡Zettie apenas te conozco, no sé porqué te estoy contando esto!
–¡Oh por Dios, necesito un teléfono público, debo contarle esto!
–¡No, no! ¡Prometiste que no dirías nada!
–Me costará mucho no decirle, pero intentaré. Y ahora, aprendiz, dame la moneda. Irás caminando distraído, te acercarás al auto, pero cerca de la pared. Cuando estés frente a la ventanilla, tirarás la moneda, pero no como si encestaras en básquet, sino así.–Zettie tomó la moneda, y con el puño hacia arriba, la lanzó hacia su costado–¿Lo ves? El tiro no tiene que ser fuerte para que no haga ruido, pero tiene que tener la suficiente fuerza como para que rompa el vidrio. Intentalo. Es como bailar rock.

John fue caminando hacia el auto rojo, jugueteando con la moneda. Se apoyó en la pared, hizo como que iba a seguir caminando, y lanzó la moneda. Pegó en el vidrio, pero no lo rompió.
–¡Chist! –Zettie, escondida detrás de otro auto, le hizo señas para que probara con el auto estacionado delante del rojo.
Hizo el mismo procedimiento, y esta vez, el vidrio se rompió, apenas. Zettie se acercó, corriendo.
–¡Perfecto! ¡Chloe estará orgullosa de vos! Ahora estirá el puño de la manga de tu camisa, necesitarás cubrirte la mano para meterla.
–No entiendo…
–John, en esto hay que ser rápido y estamos perdiendo mucho tiempo. Observa y aprende. –Zettie estiró la manga de la chaqueta que llevaba puesta, y metió su mano en el pequeño orificio que había hecho la moneda. Por supuesto, el vidrio fue cediendo y rompiéndose, hasta que ella alcanzó el seguro de la puerta y lo quitó.
–¡Voilá! –exclamó cuando la abrió–Auch, igual me lastimé un poco. Bueno, agarrá lo que quieras.
–¿Qué? ¿Tengo que llevarme algo?
–¿Y para qué vas a robar?
–Sólo quería saber cómo se hace, no robar. Además no hay nada que me interese.
–A mí sí, tienen el mapa completo de rutas de Europa, este año se agotó y no lo volvieron a editar. Me lo lleva…
–¡Alto, policía!
Ambos gritaron y salieron corriendo, seguidos por un policía que iba con un palo en alto. Doblaron la esquina y siguieron corriendo.
–¡John, apurate! ¡En A Hard Days Night parecía que corrías rápido!
–¡Estoy cansado!
–¡Saltemos acá!
Saltaron una reja y cayeron dentro de un gran parque municipal medio abandonado. Se escondieron entre unos pastos altos.
–¿Cómo corrés tan rápido con ese camisón largo? –se quejó John–¡Y ni siquiera estás cansada!
–Experiencia, Lennon, experiencia.
–¿Aquí no habrá perros?
–Aquí no hay ni fantasmas. El policía nos perdió de vista, vamos.
Salieron del parque por la puerta, y caminaron hasta el auto. John tenía miedo de que lo reconocieran, y también que reconocieran a Zettie porque era la única loca que podía andar en camisón de ositos por la calle.
De camino a la casa, John se prendió un cigarrillo.
–Es una hermosa noche, ¿no? Me gusta tu auto descapotable.
–Gracias. –contestó sin dejar de mirar fijamente la carretera.
–Pensé que no sabías conducir.
–No sé.
–¡¿Y qué hacés conduciendo?!
–A esta hora no anda nadie a quien pueda chocar. Y no hables, que según dicen tus amigos, también sos un desastre al volante.
–Es porque no veo bien. ¿Y qué tal mi primer delito? ¿Al final te llevaste el mapa?
–Bien, tenés potencial. Y no, se me cayó cuando corríamos. Tardamos mucho, recordá  que eso no se debe hacer. Y pregunto, ¿cómo harás para impresionar a Chloe? ¿Saldrás a robar con nosotras?  Esto tendrías que habérselo pedido a ella, no a mí.
–Pensé que vos podrías contarle. Que yo te lo pedí porque me gusta, y decirle lo que me dijiste, que tengo potencial.
–John –Zettie lo miró–en el mundo de la delincuencia, no se hacen favores si no hay recompensa.
–Pero yo no estoy en el mundo de la delincuencia, no robé nada.
–Rompiste el vidrio de un auto, ya estás adentro.
–De acuerdo, de acuerdo. Decime qué puedo hacer por vos.
–Lo mismo que estoy haciendo yo con vos, para conquistar a Chloe.
–¿Querés conquistar a Chloe?
–¡Ay no, idiota!
–Uff, qué susto. ¿Y entonces?
–Necesito tu ayuda.
–¡Ya sé! ¡Te gusta Paul! Jé, lo vi, ya me parecía. Siempre pelean por el caballo y no se llevan nada bien, y dicen que los que se pelean, se aman.
–No es Paul.
–¿George? Es que es un galán, con esas cejas ha matado  a varias chicas, y se hace el misterioso, ¿eso las pone mucho, no?
–Tampoco es George.
–¿Soy yo? Lo siento Zettie, pero…mierda, no tuve que haberte dicho lo de Chloe. No pensé que vos…
–¡No sos vos!
–¿No? Entonces no sé.
Siguieron andando por la carretera, Zettie lo miraba de reojo pero John no parecía darse cuenta de nada.
–¡Parááááááá!
–¡Ahhhhhhh!
Zettie frenó de golpe, asustada, mirando a todos lados.
–¡Te gusta Ringo!
–¡Tarado! ¡Gritaste como si hubiera atropellado algo! –Zettie se agarraba el pecho, agitada, mirando si, efectivamente, no habría pisado algo o alguien. Pero no había nada, la ruta estaba desierta.
–¿De verdad te gusta Ringo?
–¡Tardaste media hora en darte cuenta de que te faltaba un miembro de tu propia banda!
–Es que a Ringo no lo quiere nadie.
–¡Yo sí!
–Apaa…lo quiere. Esto ya toma tintes telenovelescos.
Zettie arrancó  nuevamente, furiosa.
–¿Y qué querés que haga por vos?
–Nada, mejor no hagas nada.
–Si no hago nada, vos no harás nada por mí con Chloe. Decime qué hago. ¿Le hablo de tus cualidades para la enseñanza?
–No.
–¿Le hablo de tu camisón de osos? A él le gustan los osos.
–Tampoco. Me las arreglaré sola. Además…–Zettie bajó la velocidad y golpeó el volante con una mano–¡Ni siquiera me mira!
–Sí, mira a todas. Digo…¡no, no mira a ninguna!
–¡No le intereso! Y…no sé qué hago acá, con esta noche tan hermosa, estas estrellas, esta luna, ¡y con vos! ¡Tendría que estar con él!
–Pero él no te pidió que le enseñes a robar. Si le digo de tus clases, por ahí te lo pide, y mañana lo llevás y además dicen que habrá luna llena hasta el domingo y…
–Dejá todo así.
–De todos modos no sé qué tiene que ver la luna en todo esto…Definitivamente parece una telenovela. Bueno, ¿me ayudarás con Chloe?
–No lo sé.
–¡Dijiste que sí!
No le respondió más, doblaron para entrar al parque de la casa. John se bajó inmediatamente y agradeciéndole, se metió dentro de la casa.
Cuando Zettie guardaba el auto en las cocheras, sintió que alguien la agarraba por el cuello.
–¡Aaahhhh!
–Silencio Zettie Foster.
Se giró y vio a Chloe, con una linterna en la mano que le apuntaba  a la cara.
–Chloe, yo…
–¡No me expliques nada!
–¡No es lo que parece!
–Estabas con John, a la madrugada, saliendo con tu auto,  ¡y en camisón! ¿Y me decís que no es lo que parece? Maldita traidora, nunca pensé que mataría por amor, pero…
–¡Chloe, no! ¿Me vas a matar? ¿A mí? Dejame que te explique. Me levanté para comer pizza, John estaba dormido en la cocina. Se despertó y me pidió que le enseñe a robar.
–Encima mentirosa. Te recuerdo que sé usar fusiles, y que hay un paredón en el extremo del jardín que pide a gritos tu sangre.
–¡Chloe, de verdad! ¡Quiere aprender! Le enseñé lo básico, ya sabés, la moneda. Lo aprendió rapidísimo pero nos corrió la policía, eso sí.
–Con eso explicás el pasto que tenés adherido al camisón, ¿no? Mostrame algo que hayas robado.
–Se me cayó…Era un mapa de las rutas, el que estuvimos buscando pero que ya no vendían…Chloe de verdad, no pasó nada, John no está interesado en mí y sabés que yo tampoco en él.  Mirá le prometí que no te diría nada, pero…Te quiere impresionar. Lo hace por eso. Le gustás, le parecés linda y que tenés “un no sé qué” que ni sé qué será, pero me dijo así.
–¿De verdad? –Chloe bajó la linterna.
–Sí…No pasó nada, sólo quería que le enseñara, y lo llevé ahora porque no voy a estar enseñándole a plena luz del día. Dijo que me ayudará con Ringo pero lo mío es imposible. Tenés suerte, amiga.
–No te pongas así, vamos. –Chloe la abrazó–Perdoname, pensé cualquier cosa, todo era muy sospechoso. No haré nada que delate que no cumpliste tu promesa. Pero que no se te ocurra pasarte de lista con él.
–Que no, no haré nada. Y Gracias. Bien, será mejor que vayamos a dormir, estoy cansada. Dios, ¿todavía esas luces de Navidad puestas? –dijo mirando a la casa.
–George las dejó ahí y no sé dónde las enchufó. Vamos, que  mañana vendrá Connor y eso no me gusta nada.


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Después de mucho, ¡volví! Espero que hayan pasado un buen fin de año y que este 2016 haya arrancado más que bien.
Aquí les dejo este capitulo, más o menos faltan tres para que termine este fic.
Saludos!











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