sábado, 25 de enero de 2014

¡Mi abuelo es un beatle! Capitulo 8

La separación había resultado mas difícil de lo que creía. Extrañaba a Jeremy y a la vez la fastidiaba, porque él la llamaba mínimo tres veces por día, para pedirle que volvieran. Había sido su primer novio y desde hacía un tiempo estaban juntos, y ahora ya no estaba con él, lo que suponía un vacío y un alivio al mismo tiempo.
Se rascó la cabeza, mirando por la ventana hacia el patio interior del hotel, siempre tan sucio. Otra vez llovía a cántaros y en poco rato tenía que salir a hacer algo muy importante, quizás lo más importante de su corta vida.
Se arregló y trató que su cabello le obedeciera, pero la humedad hacía de las suyas con él, así que se resignó y se lo tapó con la capucha de su enorme camperón verde.
Esperó bajo la lluvia hasta que pasó un taxi y se subió, chorreando agua. Ya anochecía.
Después de varias vueltas, el taxi frenó frente a un edificio de aire distinguido. Era el laboratorio más importante de la ciudad. Midori le pagó al taxista con una mueca en la cara, ya le estaba quedando poco dinero en los bolsillos.
Cuando entró, escurriéndose por el agua que se había agarrado con la carrera desde el taxi a la puerta, vio tapados hasta los ojos a Paul y Ringo, sentados sin hablarse.
-Aquí llegó la causante de todo esto.-dijo Paul.
-No se quejen, los he juntado. Aunque así vestidos parece que se hubieran escapado de un asilo de ancianos.
-Si hubiéramos hecho eso, no estaríamos esperando a un doctor…-refunfuñó Ringo.
-Ay, ay, están viejitos y enojones.-Midori se sentó en medio de ellos y les sonrió.
-Lo lograste, chiquilla.
-Así es, Sir Paul. Ahora, hablando en serio, quiero agradecerles que hayan venido. Temía llegar y que no estuvieran.
-No creas que no nos arrepentimos, pero aquí estamos.
-Bueno, gracias por eso.
Un hombre y una mujer, vestidos con impecables guardapolvos blancos con el logo del laboratorio y sus nombres bordados, salieron de una oficina y los miraron. La mujer sonrió.
-Bienvenidos. Pasen, por favor.
**********
-Sólo respira, no pienses en que te van a pinchar.
-Pero…es grande. –miró a Ringo con angustia.
-¡Ey Midori! Mira aquí, soy Paul, ¿quieres que te cante?
-No, gracias.
-¡Yo sí! –exclamó la doctora que intentaba extraerle sangre a Midori.
-Bueno, comenzaré…
-¡¡¡AYYYY!!! ¡Duele!
Tapándose los ojos con el brazo libre, Midori aguantó hasta que su sangre llenó una jeringa. Paul cantaba una canción que ella no conocía, pero que al parecer la doctora sí y lo miraba embelezada. Midori sólo rogaba que la mujer, en su tontera por Paul, no hiciera alguna estupidez, como sacarle sangre de más o destrozarle una arteria. En todo el transcurso de su plan, había olvidado el pánico que le tenía a los médicos  y principalmente, a las agujas. Si lo hubiera recordado, seguramente no hubiera buscado a su abuelo.
-Bien, ya está. –la doctora, a la que el endulzamiento aún le duraba, le apretó un trozo de algodón en el lugar de la extracción. -¿Te sientes bien?
-Digamos que algo mareada…
-Se le habrá bajado la presión.-Ringo buscó en los bolsillos de su enorme sobretodo-Tengo semillas de girasol, ¿te gustan? Son saladas, te ayudarán.
Midori sólo asintió y extendió su mano. Se sentía débil.
-Ni bien estén los resultados, les avisaremos. –informó el doctor-Eso sí, tardarán un poco, es un estudio que se debe hacer con paciencia y cuidado.
-No importa, lo que sí le pido es, por favor, discreción.
-Pierda cuidado señor McCartney.
Ringo ayudó a Midori a bajar de la camilla y la llevó del brazo hasta la puerta de salida. Desde allí vieron a los coches que los esperaban.
-Te llevaremos a tu casa, llueve mucho. Midori…
-¿Qué?
-Paul, esta chica no está bien.
-No se preocupen…
-Pero estás pálida y como ida. Vamos, te llevaré a mi casa, descansarás un poco.
-¡No, Paul! –gritó angustiada.
-Shh…nos puede reconocer alguien. Ven conmigo. –Paul la tomó del otro brazo.
-Nos vemos. –saludó Ringo-Que mejores, Midori.
-Gracias…
-Ven, ¿puedes caminar?
-Sí, pero todo me da vueltas.
Paul empujó la puerta del edificio e instantáneamente apareció su chofer con un paraguas y los acompañó hasta el auto.

Durante el trayecto, Midori durmió. Paul no perdió de vista que la chica se parecía mucho a Doris, y algo que lo alarmó: también reconoció rasgos suyos en ella.

-Midori, despierta, ya llegamos.-la sacudió con suavidad, cuando el coche atravesó la gran portada de su casa.
-¿Qué?
-Despierta.
La tomó de una mano y la ayudó a salir del coche. Entraron a la casa, no se oía absolutamente nada.
-Ni una palabra de esto. –le advirtió al chofer.
-Lo que usted mande, Sir.
-Midori, ¿quieres comer algo?
-No…Me duele el brazo.
-Bien, te acostarás en alguna de las habitaciones, y dormirás un poco.
-Pero tengo que irme…
-No, no saldrás a la calle así, y más con la que está cayendo. –la guió hasta una habitación y allí la dejó.
************
“Para Elisa” otra vez sonó, sacando a Midori de su profundo sueño. El teléfono vibraba y se sacudía al ritmo de la musiquita, hasta que ella logró alcanzarlo.
-¿Sí? –dijo aún confundida, ni recordaba bien dónde estaba.
-Midori soy yo, tu padre.
Pestañeó rápido. ¿Su padre? Hacía meses que no sabía de él.
-¿Qué pasó? –preguntó con brusquedad, un llamado así sólo la asustaba y quería saber cuanto antes el motivo.
-¿Qué pasó? –dijo él, sarcástico-La pregunta sería, ¿qué te pasó a ti?
-¿A mí? Nada.
-Hablé con tu madre, me contó todo. Quiero que vuelvas a tu casa ya mismo, deja de deambular por Londres, es peligroso para una chica como tú, que no sabe nada.
Sintió indignación, ya le iba a contestar cualquier cosa cuando vio que la puerta se abría y aparecía Paul con una bandeja llena de comida. Se dijo que pelear con su padre no tenía sentido cuando una bandeja con comida la miraba provocativamente.
-Hablaré luego contigo, tengo que cortar.
-¡Midori Watts, me escuchas sí o sí! Ya mismo vuelves, en dos días estaré en tu casa. Ten vendrás conmigo a Canadá.
-Sí, sí, lo que digas…-cortó y lanzó el teléfono al otro lado de la amplia cama.
-¿Pasó  algo? –peguntó Paul.
-No, nada.
-¿Era ése novio tuyo?
-No, mi padre. ¡Trajiste comida! –manoteó un plato lleno de arroz con condimentos raros. No le importó mucho, tenía hambre e igual se veía apetitoso.
-Pero, ¿tienes padre? Pensé que no…
-Está por ahí…
Paul la miró comer. Si entender bien cómo, sabía que la chica quería evadir el tema. Pero él estaba interesado, si resultaba ser su nieta, tenía que saber sobre su vida.
-¿En dónde está?
-Ya dije, por ahí.
-Pero…
-Ay, ay, señor curioso…Está en Canadá, ahí con los esquimales…
-Los esquimales están en Alaska.
-Me da igual, hace frío, debe haber esquimales también en Canadá.
-Pero…
Midori bufó y lo miró, dejando de comer.
-A ver, quieres saber, ¿no? Bien, se llama Jake, se separó de mi madre cundo yo tenía cinco años, ahora vive con una rubia y tiene una hija pequeña. O dos, no me acuerdo. No llama nunca y hoy llamó para exigirme que vaya a Canadá, pero sé que son puras amenazas, nunca cumple nada, ni las cosas buenas ni las malas. Ojalá viniera para ver…Bah, no tiene sentido. ¿Conforme?
-Sí, perdón si te molesté.
-Mas me molesta la comida que me trajiste y sin embargo la estoy comiendo.
Paul sólo se quedó en silencio mirando el suelo y escuchando los ruidos que ella hacía al masticar.
-Dejé a mi novio.
-¿Si? Me alegro muchísimo, estaba intranquilo con ese tema.
-¿Hablas en serio? No mientas.
-Sí que hablo en serio, pensaba que te pegaba.
-No, nunca se atrevió, y si lo hubiera hecho, se hubiera arrepentido. Pego fuerte, ¿sabes?
-Me imagino. ¿Y ahora qué harás?
-Volveré al hotel y…nada más, no tengo mucho para hacer. Seguramente mañana por la tarde vuelva a casa, mientras espero los resultados, así no gasto y me aburro en esa pocilga.
-¿Por qué no te quedas aquí? Hasta mañana estaré solo, bueno, por la mañana iré a la productora, Nancy recién llagará después del mediodía. ¿Te gustaría venir a la productora? Después de  todo, ya la conoces…
-Sí, me encantaría.
-¿Quieres cenar algo mejor que esto?
-¡Sí!
-Veré qué puedo prepararte.
-Deja esas cosas, vives en una ciudad, viejo, no en el campo, como yo., pide unas pizzas.
-¿Pizza? Hace años que no como pizza. Y no me llames viejo.
-¿70 años y te privas de la pizza? Hombre, empieza a vivir la vida…
-Creo que te estás tomando demasiada confianza…
-Relájate…Llamaré a un delivery.
*********
La tormenta arreciaba afuera y parecía que adentro también, a juzgar por el desorden reinante. Cajas de pizza, latas de gaseosa, servilletas usadas, la televisión encendida y…ronquidos.
-Paul….¡Paul!  Hay que ver cómo ronca…Si lo vieran sus fans…¡Abuelo!
-¿Eh? ¿Eh? ¿Cómo que abuelo? ¿Era verdad el sueño?
-¿Ah?
-Soñé que el análisis daba positivo.
-¿Y te ponías contento?
-No sé, me despertaste.
-Paul, ¿qué podemos hacer?
-¿Hacer? Dormir, son las once de la noche. Permiso, voy a mi cama. –se puso de pie.
-¡Es temprano!
-Ustedes los jóvenes…
-Ustedes los viejos…
-Quiero dormir, haz lo que te plazca, pero no molestes.
-Ufa. Paul, cuéntame qué haces con tus nietos verdaderos.
-No sé…-se sentó nuevamente, pensativo-La verdad es que mucho no los veo, siempre estoy de gira, y cuando estoy aquí, ellos viajan con sus padres o están ocupados con sus cosas.
-¿Y tu hija? Me refiero a la pequeñita.
-Ahora está con su madre. Si quieres, un día de estos puedes conocerla. ¡Ah, se me ocurre una idea! Supongamos que no eres mi nieta…
-Eso es lo que quieres.
-No pongas palabras en mi boca. Supongamos que no lo eres. ¿Qué harás?
-No sé, volver, ponerme a estudiar de una vez por todas o buscar un trabajo en el pueblo.
-¿Te gustaría…ser la niñera de mi hija? Si no te ofende, claro, y si te gustan los niños. Aunque ya no está tan niña. Piénsalo, nos seguiríamos viendo. Mal que me pese, me caes bien y te tengo confianza, juntas se divertirán.
-Mmm…podría ser. ¿Cuánto me pagarías?
-Watts, eres una materialista.
-Habré heredado tus genes.
-Lo que quieras.
-Lo pensaré.
-Ah, me olvidé de algo. Ya sé lo que podemos hacer, abrígate, saldremos afuera.
***********
Con largas capas y paraguas salieron al parque. La lluvia y el viento eran impresionantes, y Paul debía alumbrar con una linterna ya que se había cortado la luz exterior. Corrieron hacia un establo pequeño y entraron. Encendió una luz y sólo se vio allí paja, salvo por los dos caballos que dormían tranquilamente.
-Ven.-Paul caminó hacia los caballos. Sólo bufaron y siguieron  durmiendo. Los caballos estaban separados de otro compartimiento, oscuro, por una pared de madera.
-¿Qué tienes aquí? –preguntó Midori.-Qué prolijo todo, ni huele a establo…
-Mira.-alumbró con la linterna a un pequeño nido de ramitas, plumas y paja que había en el suelo. En él, un patito amarillo se revolvió y los miró.
-¡Pobrecito, está asustado! –Midori se arrodilló y lo tomó con ambas manos-¡Tiene que estar en tu casa, con esta tormenta y solito aquí con mucho miedo!
-Es que adentro ensucia…
-¡Pero tiene miedo! –acarició al patito y lo cubrió con su bufanda.
-Vamos a llevarlo, tápalo bien.
Midori lo metió dentro de su campera y sonrió al sentirlo calentito. Otra vez salieron afuera, a empaparse y tropezarse con todo.
***********
-Ahora está bien. -Midori, sentada en el piso, frente a la chimenea, acomodaba al pato en un almohadón-¿Cómo se llama?
-Aún no tiene nombre. ¿Qué tal…Giuseppe?
-No, no, mi Giuseppe es único. Ponle Fígaro. Fígaro Fígaro Fígaroooo –cantó imitando a un tenor, Paul sonrió.
-¿Por qué todo italiano?
-Porque sí.
-No está mal. Hola Fígaro.
-No te contestará, está enojado contigo. ¿De dónde lo sacaste?
-Se lo pedí a un hombre que tiene granja, lo conoce la cocinera.
-Tienes que dejarlo aquí, así aprende a hacer cosas como si fuera un perrito. El mío trae las cartas en el pico cuando pasa el cartero.
-Vaya, no sabía que podían hacer eso.
-Son muy inteligentes. ¿Y ahora qué podemos hacer?
-¿Más? Dormir.
-Siempre pensando en dormir. ¡Vamos a cantar! –en su celular buscó una canción-Ahora sí, le doy al play y…¡Es la nueva sensación la nueva generación, es un salto, es un frenesí…!
-¡Ya deja de saltar sobre mis sillones!
-¡Hay un bombo criminal, un relámpago virtual, hay enanos corriendo por ahí!
-¡Basta, basta! ¡Midori Watts, hija de Caster, nieta de Doris!
-Soy Aragorn, hijo de Arathorn, heredero de…
-Ya.
-Bien, noto que estás algo enojado.
-Mucho.
-Ok, me calmo.
-Haces bien. Apaga la música.
-Pero…¡eres un amargo! ¡La canción es muy buena, podrías saltar tú también!
-No.
-Bien, bien, ya voy a dormir.
-No. Si tantas ganas de bailar tienes, te daré el gusto. Espérame aquí.
Midori se sentó junto al pato, algo enojada. Fígaro trataba de salir del corralito de almohadones que Paul le había armado. De pronto escuchó unos acordes, acordes que enseguida reconoció que eran de ukelele.
-¡Ya sé! –gritó poniéndose se pie de un salto-¡All together now!
-Ese puede ser después…¿Conoces Dance Tonight?
-Sí –sonrió traviesa-es la canción tuya en la que bailan todos.
Paul comenzó a tocar el ukelele y Midori a hacer palmas y silbar con él. Cantaron juntos las primeras estrofas pero como bien sabía Paul, la chica tenía ganas de moverse, y eso hizo, con delicados pasitos de ballet, piruetas, con el pato en la mano, imitándolo a él tocando, o saltando, otra vez sin importarle, sobre los sillones.
Cuando la canción terminó, Midori aplaudió contenta.
-¡Eres un genio! Me encanta esa canción.
-A mí me ha encantado cómo la bailabas.
-Puedes ponerme en tu próximo video.
-Mmm…lo pensaré.
-Te estás burlando de mí, pusiste la cara que hago cuando digo eso.
-Qué bien, ya me sale entonces.
Midori se sentó a su lado, todavía agitada por el baile. Agarró el ukelele, tocó algunas cuerdas al aire, pensativa.
-Paul, ¿sabes algo? Eres un buen abuelo.




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Después de mil años, volví. Sé que estuve mal en tardar tanto, pido perdón, pero es que antes quería terminar uno de mis fics (pobrecito, aún lo lloro) para estar mas libre para este y el otro. No tienen la culpa, ya lo sé, y también sé que soy mala.
Para pedir más perdón todavía, los invito a poguear con esto:
Ahora me retiro antes de que me tiren con lo que tengan a mano. Si leen esto, les agradezco la paciencia, y les aviso que faltan dos capis para que termine (ya sé, más cosas me van a tirar).
Me voy, prometo que volveré más pronto. 

sábado, 9 de noviembre de 2013

¡Mi abuelo es un beatle! Capitulo 7

“Para Elisa” comenzó a sonar de un modo que hasta al propio Beethoven hubiera enloquecido, aunque fuera sordo. El teléfono celular reproducía el sonidito una y otra vez hasta que calló producto de un manotazo que lo arrojó al suelo. Midori suspiró aliviada, quizás acababa de romper su teléfono, pero se había callado. Ni bien pensó eso, el sonido volvió, histérico, y arrastrándose cama abajo hasta tocar el suelo, Midori lo agarró, dispuesta a tirarlo por la ventana si era necesario. Vio que en la pantallita resplandecía un “Mamá” junto con el número de llamadas perdidas. Suspiró otra vez, y atendió.
-¡Midori! ¡Al fin!
-Hola mamá...Son las ocho de la mañana.
-¡Ya lo sé!
-¿Es necesario gritar? –alejó el aparato de su oído.
-Es que con estas porquerías de teléfonos no sé si me escuchas o no, ¡y además estás dormida!
Midori negó con la cabeza. Aquel, seguramente, sería el comienzo de un mal día.
-¿Pasó algo, Caster?
-¡No me llames por mi nombre! ¡No soy una extraña, soy tu madre!
-Bueno mamá...-bostezó, harta ya de la conversación -¿Pasó algo?
-No.
-¿Y entonces para qué me llamas?
-Quería saber cómo estabas.
-¿Y porqué no llamaste mas tarde?
-Una madre tiene derecho a saber qué hace su hijo a cualquier hora.
-Bueno, estaba durmiendo. ¿Conforme?
-¿Dónde está Jeremy?
-Y yo qué sé, desde ayer por la tarde que no lo veo.
-¡Lo mandé a cuidarte! ¡Qué inútil!
-Mamá, para de gritar...
-Ay, está bien. ¿Y? ¿Has logrado algo?
-Lo has dicho tú: algo.
-¿Qué cosa?
-Paul ha aceptado hacerse el ADN.
-¿Y tú le creíste? Eres ingenua, Midori Watts. Ay...¿cómo he podido criarte así? Si yo....
Dejó el teléfono en el piso y se recostó en la cama, dejando que su madre hablara y hablara hasta que se diera cuenta de que ella no la estaba escuchando.
Se tapó hasta la cabeza. Tenía ganas de volver, extrañaba su casa, su  cama, su pato, sus cosas, pero cuando hablaba con Caster prefería quedarse a vivir eternamente en esa pocilga antes que volver.

*************
El día pasó tranquilo. Se preparaba para ir esa misma tarde a ver a Ringo, tenía la extraña seguridad de que lograría convencerlo.
De cuando en cuando, releía el diario de su abuela. A veces, eso la hacía sentir una tonta, Doris había vivido como quería, y ella estaba ahí, esperando que dos tipos se dignaran a hacerse una ADN, aguantando a su madre y a un novio loco.
Hablando de novio, Jeremy golpeó la puerta  y entró sin siquiera esperar repuesta.
-Hoy podríamos ir  a Hyde Park, ¿qué dices?
-Hola, ¿no? ¿Dónde estabas?
-Por ahí. ¿Vienes o no?
-No puedo, iré a ver a Ringo.
-¿Para qué?
-Para hablar con él, para eso vine a Londres.
-Puedes ir mañana. Mira, hoy es un día hermoso.
-No puedo Jeremy. Pero si quieres puedes acompañarme, te gustará.
-Ni loco, no quiero ver a ese viejo.
-Podría ser mi abuelo.
-¿Y a mí qué? Ojalá te dé mucho dinero, así nos casamos y pongo mi empresa.
-Eres un estúpido.
-Tú eres la estúpida. Deja esos sentimentalismos de “ay, puede ser mi abuelo” y piensa en el dinero. Sino, ¿de qué vas a vivir? ¿De amor de abuelo? Por favor...
-Sí, eres un estúpido, cada vez que hablas, lo confirmo más. ¿Sabes qué, Jeremy? No quiero estar más contigo. Esto se acabó.
-¿Me estás dejando?
-¿Y a ti qué te parece?
-¿Me estás dejando?
-No, tú me dejas a mí, porque te vas.
Jeremy levantó una ceja y luego se echó a reír hasta quedar tirado en la cama, agarrándose la panza.
-¡Eres muy chistosa!
Midori le pegó con un suéter.
-Ay, ¿por qué haces eso?
-Para que te levantes, no estoy contando chistes. Te vas.
-Un momento, un momento. ¿Me estás dejando?
-¿Jeremy estás drogado o qué? ¡Qué sí, te dejo, adiós, no soy más tu novia! ¿Entiendes o te explico con manzanitas?
-No, no entiendo. ¿Por qué?
-Porque nos llevamos mal. Parecemos un matrimonio con 20 años de casados.
-La culpa es tuya.
-¿Lo ves? Esto no es un noviazgo.
-¿Te compro chocolates, peluches, flores?
-No. Compra un pasaje y vuélvete a tu casa.
-Eres mala, Midori.  Tu madre tiene razón cuando te lo dice.
-A ver Jeremy...ven – lo tomó de un brazo y lo sentó en la cama –Piensa esto, ¿cuando nos llevamos bien?
-Mmm...bueno, cuando empezamos a salir nos llevábamos genial.
-Eso fue hace mucho, ¿ahora?
-Está bien, tienes razón, nos llevamos pésimo. ¡Pero es porque no te entiendo! Haces cosas raras, como ésta, venir a Londres.
-Sabes que es algo importante para mí. Tú creciste con tus abuelos, con tus padres...yo no. Quizás por eso no me entiendas. Jeremy, de verdad, creo que lo mejor es que cortemos.
-No. Mejor tomémonos un tiempo.
-¿Para qué?
-No sé, para mejorar.
-Está bien...
-¿Sabes? Anoche encontré a un amigo que se vino a vivir aquí. Pasaré el resto de mis vacaciones con él, así no te molesto, ¿de acuerdo?
-De acuerdo.
Jeremy le dio un beso en los labios y se fue caminando cabizbajo. Le daba mucha pena verlo así, pero las cosas se presentaban de esa manera. Y también, le daba culpa haberle dicho que se darían un tiempo, cuando estaba segura de que no volverían nunca.

*************
Luego de que Jeremy al fin decidiera juntar sus cosas e irse, Midori terminó de arreglarse y, nerviosa, se dirigió a la casa de Ringo. Pese a que ya la conocía y lo más seguro fuera que la tratara muy bien, tenía miedo, ya que no sabía con quién se encontraría allí. Quizás su casa estuviera llena de amigos o lo que era peor, de familiares. Familiares que quizás también fueran suyos. Decidió que si se encontraba con esa situación, volvería la hotel “con el rabo entre las piernas”, sin haber hablado con Ringo. La verdad era que no quería pasar un mal momento con gente que seguramente no la aceptaría.
Se presentó con una sonrisa forzada, que más bien parecía una mueca, ante la mujer que la atendió.
-Y...¿por qué quiere verlo? –preguntó la mujer, desconfiada.
-Sólo dígale que estoy aquí.
-Mmmm...de acuerdo. –la mujer caminó de mala gana hacia adentro.
-¡Oiga, espere! –gritó Midori. Con cara de pocos amigos, a mujer se giró –Antes de llamarlo...¿podría decirme si está solo?  Quiero decir, si está con su familia y eso....
-Mire señorita, no sé qué quiere, jamás la he visto, así que no responderé a su pregunta. Agradezca que le avisaré al señor que usted está aquí.
Midori resopló, era inútil llevarle la contraria.
Casi quince minutos después, la mujer volvió, arrastrando los pies.
-Entre.
Midori la siguió. La casa de Ringo no era tan despampanante como la de Paul, pero también estaba repleta de objetos exóticos y obras de arte de todo tipo.
-Ahí lo tiene. –la mujer señaló una habitación o sala,  o lo que fuera. La puerta estaba abierta y se escuchaban los sonidos característicos de un partido de fútbol y unos grititos que no podían ser otros que los de Ringo.
-Vamos, entre de una vez. –insistió la mujer, y luego se marchó, murmurando por lo bajo.
Midori entró con cuidado: había un corto pasillo desde la puerta hasta la sala propiamente dicha, así que no veía nada de lo que allí sucedía. Como todo estaba alfombrado, seguramente no escucharían sus pasos, así que golpeó la puerta, pero nadie contestó. Tragando saliva, se decidió  y entró de una vez, ya estaba perdida así que no ganaría nada parada allí sin saber quiénes estaban.
Cuando entró y vio lo que sucedía, no pudo más que estallar en una carcajada: frente a un gran televisor de plasma, Ringo jugaba al fútbol con la Play Station.
-¡AAAHHH! ¿Qué haces aquí? ¿Pretendes matarme de un susto? ¡Deja de reírte!
-Perdón, pero tu ama de llaves, -muy antipática, por cierto- parece que no se dignó a anunciarme. Lamento interrumpir tu...hora de juego.
-Me hacía falta un contrincante, me aburro jugando solo. ¿United o City? ¿Barça o Real?
-No sé jugar...
-¿Cómo que no sabes jugar?
-Ringo, soy chica.
-¿Y con eso? Pensé que las jóvenes de hoy ya no se fijaban en cuáles cosas son de hombre y cuáles de mujer. Anda, ven a jugar.
-Es que venía a hablarte sobre...
-¡Para eso hay tiempo! ¡Ven!
Y sin otorgarle derecho a réplica, le tendió uno de los joysticks.
************
La tarde estaba pasando a velocidad supersónica, y además, era la mejor tarde que tenía en mucho tiempo. También, no recordaba haber reído tanto en un lapso de pocas horas.
-¡Vamos Messi! ¡Patea de una vez!
Otra vez largó una carcajada, despatarrándose en el amplio sofá que había frente a la tele, mirando la indignación de Ringo, que ya estaba parado, insultando a todos los equipos.
-Oye Ringo, ¿por qué no jugamos al Rock Band?
-Ni-lo-sue-ñes. Odio verme en dibujitos.
-En Yellow Submarine estás bien, pareces tierno.
-No parezco, lo soy, y en todas partes, no sólo  en Yellow Sumbarine.
-Recién, insultando a un jueguito, no lo eras...
-¿Viniste a dudar de mi ternura, mi dulzura, y todas esas cosas que me adjudican?
-Sí.
-Has venido a Londres sólo por eso. Eres rara, Midori Watts.
-Ya lo sé.
-Dime una cosa, ¿cómo supiste dónde vivo?
-Internet. Google. Street View. Qué se yo, hay dos millones de cosas que te dicen dónde vive un beatle.
-Qué horror. Vamos, juega otro partido.
-Quiero el Rock Band.
-Estás en MI casa y jugaremos a lo que YO quiera. ¡Y yo quiero el Pro Evolution Soccer!
-¡Uy pareces niñito que invita a sus compañeritos a jugar y sólo a lo que él quiere!
-Sí. –Ringo se sentó, serio, y comenzó a buscar qué partidos jugar –Vamos, el último.
De mala gana, Midori se posicionó para jugar. Un rato después, los dos estaban parados, cada vez mas pegados a la pantalla, gritando y gritándose cosas.
-¡GOOOL!
-¡Niña! ¿No era que no sabías jugar? ¡Me has ganado todos los partidos!
-¡Oe Oa ser del Barça es lo mejor que hay!-cantaba, saltando sobre el sofá.
-Bueno, bueno, suficiente, deja de saltar sobre mis muebles.
-No te gusta perder, ¿eh?
-¿Y a quién le gusta?
-Hagamos otro y te cobras venganza, ¿qué te parece?
-Excelente idea.
Comenzaron a jugar, encarnizados cada vez más.
-¡Goool! Te voy ganando, chica.
-Me da igual porque te estoy dejando ganar, sólo porque eres un señor grande.
-Eres cruel. ¡Mira qué pase!
-Hermoso, pero aquí va mi...¡goool!
-Ay...eres buena, o quizás sólo tengas la suerte del principiante –la miró de reojo, sin dejar de manipular el joystick. –Oye...¿y para qué viniste?
-Ah no, no intentes distraerme.
-Me salió mal la treta...Bien, dejemos esto en un empate, ¿sí?
-¿Lo haces porque quieres hablar o porque no quieres perder otra vez?
-Digamos que por ambas cosas.
Apagó la televisión, se sentó y le ofreció un vaso de jugo, que ella tomó casi sin respirar.
-¿Y bien? –la miró, serio.
-Antes que nada, una pregunta: ¿tienes un pato?
-¿Eh?
-Un pato. Una mascota pato.
-¿Te refieres a una mascota electrónica? Una vez tuve un tamagotchi, pero se me murió...
-No, electrónica no, ¡deja la tecnología! Hablo de un pato de verdad, con sus plumas, su pico, y su cua cua.
-No, no.
-Deberías tener uno, estás viviendo mal.
-Tengo un gato, se lo comerá.
-Naaa....se harán amigos. Bueno, ahora sí, a lo que vine: Paul ha aceptado hacerse el ADN.
-Ay...
-¿Piensas imitarlo?
-A ver Midori., esto es complicado, ¿sabes? Eres muy simpática, mira qué bien nos llevamos, pero ya que seas mi nieta....Joder, te hablo como le hablaba a las chicas que querían ser mi novia.
-Qué espanto, usabas las mismas frases que usan todos los hombres.
-Supongo que saber eso será una desilusión para ti... –sonrió-Oye, esto es muy raro y además tengo que explicárselo a mi familia.
-No hace falta, puedes hacerlo a escondidas. Si no somos  familiares, quedará como que no pasó nada.
-Igual...
Ringo se quedó pensativo, mirando un punto fijo en la pared. Después suspiró, sin volver la vista a ella.
-De acuerdo. Hagámoslo.



***************
No puedo creerlo, he metido a Messi en mi fic. XDDDD

Como ya es costumbre, con casi un mes de retraso, les traigo el capitulo 7! Espero que les haya gustado, fue escrito en un Mc Donalds feo (para mí todos lo son, pero tenía hambre jaaj) mientras hacía tiempo para ir a la universidad.

Les dejo saludos a todos/as, nos vemos en el próximo capitulo!




viernes, 11 de octubre de 2013

¡Mi abuelo es un beatle! Capitulo 6

Llevaba diez minutos, o quizás más, tiritando de frío en la puerta. Y haciéndose  a la idea de que tendría que dormir en la calle porque Paul no la atendería. Una y otra vez se dujo que ir a Londres a comenzar su búsqueda había sido la peor decisión de su vida. Si no lo hubiera hecho, a esa hora estaría calentita en su casa y no allí.
Al fin vio a través de una puerta de hierro y cristal que una luz amarilla se encendía y que alguien caminaba hacia ella con unas llaves.
-¿Qué haces aquí? –gritó Paul cuando abrió la puerta.
-Déjame pasar. Por favor....-suplicó desde la acera.
Paul entró  nuevamente y presionó  un botón, que hizo que las rejas exteriores se abrieran automáticamente. Midori entró al jardín y se dirigió a la casa. Paul salió nuevamente, cruzado de brazos para protegerse del frío.
-Qué noche horrible. Dime qué haces aquí.
-Es que...
-Anda, entra o te congelarás –la interrumpió.
Midori paseó sus ojos al entrar a la gran galería cubierta de mármoles blancos mientras Paul cerraba la puerta.
-Mandé al servicio a dormir así no te ven y piensan cosas que no son. Ahora dime porqué estás aquí.
-Es que....es que vino mi novio y bueno, peleamos mucho y me fui del hotel donde dormía, pero olvidé el dinero. Y no quería dormir en la calle.
-¿Tienes novio?
-Sí.
-¿Y te dejó ir con esta noche que está haciendo?
-Sí pero...me fui yo.
-Da igual, él no te tendría que haber dejado. Estos jóvenes....Bien, sígueme.
Siguió a Paul por un extenso corredor donde los pisos parecían espejos de tan limpios y lustrados que estaban, y donde había también una colección de cuadros y adornos de todo tipo.
-¿Tienes hambre? –preguntó Paul cuando llegaron a una sala que mas bien parecía biblioteca por lo repleta de libros que estaba.
-Hambre tengo siempre.
Sonrió y con la mano le hizo un ademán para que lo siguiera. Al fin llegaron a una cocina que Midori comparó con la extensión total de su casa.
-Bien, aquí tienes comida, elige lo que mas te guste.
-¿De verdad? –Midori abrió el refrigerador -¡Hay de todo!
-Sí.
-¿Y puedo comer todo?
-Oye, con cuidado, que no tengo ganas de llevar chiquillos al doctor porque tuvieron un atracón.
-No soy una chiquilla.
-Me da igual. Ah, mira, ¿ves ésa escalera? –señaló una escalera de caracol.
-Sí, claro que la veo.
-Puedes subir por ahí hasta las habitaciones. Las de la derecha son para huéspedes, elige la que mas te guste.
-Pero Paul....¿qué dirá tu familia? Bueno, Nancy...la verdad es que tiene cara de que no le gusta nada.
-Oye no ye pases.
-Lo dice todo el mundo –se excusó poniendo cara de inocente -¿Qué le dirás?
-Nancy no vuelve hasta mañana al mediodía. Y no hay nadie mas en la casa, salvo la mujer que te atendió por el portero eléctrico y dos choferes.
-Ahh...bueno, si tienes  problemas....
-No habrá ninguno –la cortó con una sonrisa –Tú tranquila. Y mira, puedes pasar a la sala donde está la televisión y elegir una película para ver mientras comes.
-¡Genial! ¡Muchas gracias!
-De nada. Iré a seguir con mis cosas, nos vemos.
Paul se retiró y Midori comenzó su saqueo a la cocina. Había cosas vegetarianas, demasiadas, pero al parecer los empleados de Paul eran carnívoros como ella, así que se armó un sándwich, buscó papas fritas y descongeló una pizza, y encontró palomitas de maíz para ver la película que se le antojara. Con una bandeja cargada con toda la comida, encontró la sala a la que Paul se había referido: era enorme, con un gran sofá y un televisor que ocupaba casi toda la pared. Se sentó cómodamente y eligió una película de acción.
Estaba muy entretenida, mirando y comiendo cuando sintió que alguien sentaba a su lado.
-AAAAHHH!!!
-Tranquila –rió Paul -¿Cómo no me viste?
-Es que estaba concentrada en la pelicula. Es muy buena.
-Pero...se están matando a tiros.
-Por eso está buena.
-No veo que seas una chica muy pacifista.
-No, no lo soy, ¿quien te dijo que lo era?. ¿Quieres comer? –señaló la bandeja.
-¿Qué comes? Ey, eso es carne.
-Si...¿no quieres?
-¿Estás loca? Lo que te estás comiendo era una vaca que estaba en el campo, pastando tranquila y...
-Y las lechugas que tú te comes eran lechugas que también estaban en el campo. Y alguien las arrancó con crueldad, separándolas de sus hermanas, y viniste tú y te las comiste.
-¿Sabes? Tienes capacidad para hacer sentir culpable a la gente.
-Lo sé –sonrió con malicia.
Siguió comiendo y mirado la película. Paul, muy a su pesar, también se había enganchado y ahora rogaba que el protagonista no entrara a un edificio abandonado.
-Esa ametralladora es buena.
-¿Cómo sabes eso, Paul?
-Eh...lo vi en otras peliculas.
-Mmm...me parece que me estas mintiendo.
Paul rió y le robó una papa frita.
-Oye...¿y dónde vives?
-En una granja.
-¿De verdad?
-Sí, y es genial. Bueno, no me había  dado cuenta de eso hasta que pisé ésta ciudad. Aquí hay mucha gente y edificios y me siento perdida.
-¿Y tienes animales?
-Sí, y me los como.
-Eres una bestia.
Midori rió pero Paul le mantuvo la mirada, serio.
-Me los como a todos menos a mi pato. Tengo un pato de mascota.
-¿Un pato?
-Claro, así como otros tienen un perro, yo un pato. Y oye, que es tan o más fiel que el perro. Tú deberías tener uno.
-No sé....ensucian mucho.
-¿Y?  Tienes mucamas. El mío se llama Giuseppe. Mira –sacó de un bolsillo su teléfono celular y buscó una fotografía –Mira qué bonito.
-¿Un pato con corbata?
-Claro, es elegante. Mira ésta otra, le até un sombrero a la cabeza.
Le dio el teléfono a Paul para que siguiera mirando y él reía con cada foto que veía.
-¿Y ella quién es? –señaló una donde no había patos, sólo Midori y otra mujer.
-Mi madre.
-¿Tu...madre? ¿Viene a ser mi....?
-Sí, tu supuesta hija.
-Vaya...es muy linda.
-No sé...-se encogió de hombros –...está un poco loca.
La miró unos segundos más y le devolvió el celular.
-Midori, quiero hacerte una pregunta.
-Claro, la que quieras.
-¿Sólo peleaste con tu novio?
-Si...¿por?
-¿Segura? ¿No te pegó?
-Ay no, ¡Jeremy es incapaz de eso! Puede ser que esté un poco trastornado, pero no tanto.
-¿No me mientes?
-Que no...eres un pesado, ¿sabes?
-Sí.
-Como tu nueva canción.
-Ey, ey, ey, ya te dije que no te pases. ¿Y sabes qué? Me cuesta creerte. ¿Te han dicho que te pareces a Doris?
-Sí, me lo dijo Ringo.
Paul bufó, rodando los ojos y negando con la cabeza.
-¿Por qué no me crees? –preguntó Midori con la vista fija en la televisión.
-Justamente porque eres parecida a tu abuela.
-Un momento, ¿estás diciendo que mi abuela era una mentirosa? ¡No te lo voy a permitir!
-Ey tranquila, deja que termine de explicar. Doris era muy buena para contar historias. Las inventaba con una velocidad increíble y eran atrapantes.
-Entonces quieres decir que lo que te he contado es una historia inventada porque heredé los genes de mi abuela, ¿no? Genial.
-Que me dejes terminar....A veer, otra cosa de Doris era que tenía la misma facilidad para ocultar lo que le pasaba, por eso inventaba cosas, para que nadie se diera cuenta. Por eso no creo lo de tu novio.
-Te dije la verdad en todo, nunca inventé nada para ocultar nada.
-Ok, te creo.
Se quedaron en silencio mirando la televisión, dando de cuando en cuando un respingo de sorpresa por lo que allí veían.
-Paul...
-¿Si?
-¿Qué quería ocultar mi abuela?
Suspiró y negó con la cabeza, sonriendo.
-Sabía que preguntarías eso. Verás...Doris solía pelearse mucho con su familia y lo ocultaba, nunca lo decía. Y con su marido también.
-Espera, espera, espera...¿después de casada siguió viéndose contigo? –no salía de su asombro, era algo que no sabía.
-Sólo una vez, durante una gira con Wings. Pero no pienses nada raro, sólo me visitó y charlamos. Antes me había escrito una o dos cartas, pero me daba cuenta de que mentía, su matrimonio no podía ser color de rosa, básicamente porque no quería a su marido. Es así ,simple.
-¿Y nunca te dijo sobre mi madre?
-Jamás.
Asintió, volviéndose hacia el televisor, y se llenó la boca de palomitas.
-Bien, me iré a dormir, pero junta toda esta comida y no desordenes nada.
-¿Por qué? Tienes empleados –forzó una sonrisa pícara.
-Midori Nomeacuerdotuapellido, es la tercera vez que te digo que no te pases. A la próxima vas a la calle.
-Como digas, abuelo. Y mi apellido es Watts.
Paul soltó un suspiro de resignación y salió dejándola allí, todavía comiendo.



-¿Y la señorita es...?
-Aída, por favor...
-Disculpe el señor, pero ya sabe que me interesa saber quiénes son los extraños que entran  a la casa, me preocupa su seguridad.
-Lo sé, lo sé. Trabaja en la productora, vino a traerme unas maquetas  de sonido. Se llama Midori Watts.
-Pero anoche también vino.
-Sí, así es.¿Conforme?
La mujerona asintió, poco convencida, y se alejó con una jarra de jugo de naranja.
-Discúlpala, pero me cuida mucho y se lo agradezco. Es la mejor ama de llaves que he tenido.
-¿Es tu ama de llaves y te sirve el desayuno? En las películas hacen cosas mas dignas.
-Midori...
-Sí, ya sé, “no te pases”. Oye, éste desayuno está genial.
-¿Siempre tienes hambre?
-Siempre.
-¿Y no has considerado que quizás seas nieta de George?
Lo miró con tal seriedad que enseguida se le borró la sonrisilla que tenía en la cara.
-Nunca te harás el ADN, ¿no? –comentó al pasar, untando una tostada con tal fuerza que la partió.
-Aún no lo se....Escucha Midori.
-Otro se lo haría enseguida para sacarse el problema de encima lo antes posible.
-¿Nunca te enseñaron a no interrumpir?
-Perdón.
Paul tomó aire y bajó la voz.
-Sé que otra persona haría eso pero yo necesito pensar. No sé porqué, pero necesito hacerlo, todo esto es muy raro y tengo que poner en orden mi...-vio que Midori asentía con la cabeza, llena de fastidio y untando otra tostada –...mi cabeza. Pero si quieres saber si lo haré, sí, te digo que me lo haré.
-¿De verdad? –dijo casi en un grito, sorprendida.
-No sé, cuándo, pero lo haré. Vamos, disfruta de tu victoria, te has salido con la tuya.
Sólo sonrió feliz, y le dio un gran mordisco a otra tostada.
-Me falta convencerte para que te apures, pero sé que lo lograré –dijo con la boca llena.
-Tu optimismo asusta.
-Bueno, ya es tarde, no quiero que llegue Nancy y se arme un lío.
La acompañó hasta la puerta y antes de abrir, miró bien que no hubiera ningún curioso rondando.
-Bien, espero volver a verte.
-Que digas eso es genial. Yo espero que te decidas pronto.
-Ah, una cosa antes de que te vayas. Dile  a tu novio que es un cabrón y que me cae mal.
-Será un honor saber que Paul McCartney te odia. Aunque él ni sepa quién eres.
Sonrió, desviando la vista, mirando su jardín.
-Paul...muchas gracias  por todo. De verdad. –se acercó y le dio un beso en la mejilla –Nos vemos.
Entraba al jardín con paso alegre, esperando que se abrieran las rejas para salir a la calle.
-¡Midori!
-¿Si?
-Estuve pensando y creo que tendré un pato.
-Sabia decisión, Macca.
Las rejas se abrieron y se alejó por la calle, silbando una canción.


 *************
Hola! Cómo están? Al fin he regresado con el capitulo 6, les aviso que falta poco para el final, no sé cuánto exactamente (tengo que hacer cuentas jaja) pero falta poco porque no alargaré taaaaanto el fic, además avisé que es un fic corto :)
Ahora les dejo un saludo grande, y...hasta más vernos!




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