lunes, 5 de agosto de 2013

¡Mi abuelo es un beatle! Capitulo 3

Mientras caminaba detrás del mayordomo, Paul se preocupaba cada vez más. La verdad era que veía poco a sus nietos y que de golpe se presentara uno de ellos allí no hacía mas que producirle malos pensamientos.
-Aquí está, Sir. –dijo el mayordomo, dándole paso.
Paul se asomó a una de la salas de su productora, y vio allí a una muchacha, sentada y comiendo con ganas. Esa, para nada, era alguna de sus nietas.
-Pero...¿quién es ésa chica?
-Sir Paul, dijo que era su nieta....-al mayordomo le tembló la voz. Si había sido engañado, en cinco minutos estaría despedido.
Su patrón negó con la cabeza, mirando a aquella chica, y entró a la sala con paso rápido, visiblemente indignado.
-¡¿Pero qué es ésto?! ¡¿Quién eres tú?! –hasta él mismo se notó lo alterado que estaba. Vio que la chica lo miraba sorprendida.
-Mmm...-Midori levantó una mano, haciéndole señas a Paul para que la esperara hasta que tragara lo que estaba masticando. Cuando terminó, se limpió con una fina servilleta –Disculpe, pero estaba comiendo y no podía hablarle con la boca llena. Midori Watts, un gusto.
Le tendió la mano pero Paul no respondió. La miraba alucinado, sin entender nada.
-Le explicaré bien quién soy.
-Eso es lo que quiero. Dígame ya mismo quién es y qué quiere, antes de que llame inmediatamente a seguridad.
-Bien. Soy  su nieta.
Lo miró con una sonrisa pintada en la cara. Ante todo, tenía que ser simpática con su posible abuelo. Por dentro se felicitaba a sí misma por la facilidad con la que lo había dicho, aunque eso no era una ventaja para el pobre Paul.
-¿Q...qué?
-Espere, espere, le diré bien todo. Mas o menos entre los años ’64 y ’65 usted anduvo con una chica. Bueno, por lo que sé, anduvo con miles.
-No tantas....-contestó Paul, inexplicablemente avergonzado.
-En fin, una de todas esas chicas era mi abuela. Quedó embarazada y tuvo a mi madre.
-Mira...¿cómo me dijiste que te llamabas?
-Midori.
-Ok, tienes un nombre raro. Midori, es muy improbable lo que estás diciendo.
-Tengo pruebas.
Paul tembló. A saber qué pruebas eran esas.
-Son algunas fotos, y el diario de mi abuela –explicó. Abrió un pequeño bolso que había dejado colgando en la silla y se sentó.
Paul miró a su mayordomo, que hizo un leve carraspeo, y con la mirada le dio a entender que podía retirarse. Su experiencia le decía que aquella chiquilla no encerraba ningún peligro para su seguridad.
Midori desparramó unas seis fotos sobre la mesa, luego de alejar hacia un costado su tazón de cereales y el vaso de jugo.
-Estas son las fotos, y aquí el diario –le tendió a Paul un libro blanco que en sus buenos tiempos también habría tenido hojas blancas. Ahora estaban amarillentas y desprendían olor  a polvo y humedad.
-Mira, yo...
-Ábralo donde está el señalador rojo, no quiero que lea lo demás, son cosas íntimas de mi abuela –lo interrumpió.
-Dime una cosa, ¿por qué no viene tu abuela a verme?
-Falleció. –Midori bajó la mirada. Era la primera vez en toda esa “reunión” que su ánimo enflaquecía.
-Perdona. Lo siento mucho.
Sólo asintió e hizo ruiditos con la nariz.
-¿Me da un pañuelo descartable?
Suspirando, Paul le tendió un paquetito que sacó del bolsillo interior del saco que llevaba puesto. Vio que la chica se sonaba la nariz ruidosamente y miraba a todos lados, buscando dónde arrojarlo. Lo dejó a un costado de la mesa.
-Oh no, mejor dámelo –extendió su mano y, con timidez, Midori le dio el pañuelo. Paul lo tomó con asco y lo arrojó a un cesto de basura que estaba al otro lado de la sala.
-Tiene buena puntería –dijo Midori sonriendo apenas.
-Debería haber sido basquetbolista de la NBA, a lo mejor así no se aparecían hijos y nietos. –se arrepintió enseguida de lo que había dicho, y mas cuando vio la cara de Midori.
Ofendida, se puso de pie y juntó las fotos con rapidez.
-Ey, ey, espera, discúlpame, no quise decir eso.
-Pero lo dijo.
-Ok, sí, lo dije. Por eso te pido perdón. Pero es que...no sé, estoy muy impresionado con todo esto. Muchas veces vinieron mujeres a decirme que yo era el padre de sus hijos, pero nietos....
-Tendría que haber venido m madre, pero ella no quiere saber nada con el tema.
-A ver, siéntate de vuelta, miraré esto –Midori obedeció y él volvió a sentarse frente a ella.
Tomó las fotos y las miró y las repasó una a una. Luego las dejó, con cuidado, sobre la mesa, asintiendo ante la atenta mirada de Midori.
-Doris era una chica genial.
A Midori s ele iluminó el rostro. Que Paul hubiera reconocido a su abuela y además recordara su nombre era un gran paso. Sin embrago, no dijo nada y se quedó observándolo.
Paul tomó el diario y lo abrió donde estaba marcado. Lo primero que notó fue una letra prolija y femenina, que con tinta negra poblaba las páginas del pequeño diario.

“25 de noviembre de 1964.
Querido diario:
                        Hoy ha sido un día fantástico. Paul se acordó de mí y me llamó. ¿Puedes creerlo? ¡Paul McCartney llamando  a mi casa! Me invitó a ir con él a una fiesta, que será mañana en la noche. ¡Estoy muy nerviosa! Pese  a que estoy castigada, me escaparé por la ventana, como siempre. Espero no engancharme la ropa en las ramas del árbol.


26 de noviembre de 1964.
Querido diario:
                        Puedo decir que esta es la mejor noche  de mi vida. He salido con Paul, pero antes casi me maté bajando del árbol, y el perro de la vecina empezó a ladrar y casi me muerde también. Hasta ahí, todo fue  un desastre. Pero después al fin llegó Paul y fuimos a la fiesta, que por suerte no era muy elegante, asi que no desentoné con mi vestido azul. Al contrario, Paul me dijo que ese es su color preferido. Tomamos y bailamos mucho, él baila bastante mal, pero no importa. Cuando estábamos volviendo...¿a que no sabes qué? ¡Me besó! ¡Paul me besó! Lo amo, estoy enamorada de él, en la escuela se querrán morir cuando les cuente y....”

Paul pasó a la siguiente página, y luego a la siguiente, y asi hasta llegar a casi la mitad del diario. Midori lo miraba mientras comía galletitas, tratando de calmar su insaciable hambre. Le parecía que Paul estaba como quien lee una novela que no puede dejar para saber qué ocurrirá. Aunque Paul recordaba perfectamente esa novela. Doris había estado mucho tiempo entre ellos, aunque en aquella época vertiginosa, mucho tiempo en realidad era un par de meses. Al fin llegó a una arte del diario, o de la vida de Doris, que a él le interesaba, porque quizás pudiera ayudarlo a sacarse a esa chica de encima.
-¿Tu abuela te habló de esto?
-Sí, un día me contó.
-¿Y te dijo que yo soy tu abuelo?
-Mmm....
-Porque acá veo otra posibilidad –la interrumpió y le señaló una página del diario –Doris no solo anduvo conmigo, sino también con Ringo.
-Eso ya lo sé.
-Yo no. Tuve la sospecha pero nunca lo confirmé, después Doris desapareció completamente. Es muy loco enterarse de esto tanto tiempo después.
-Y sí, debe ser feo enterarse cincuenta años después, que te hicieron cornud....Ay, perdón.
Se tapó la boca, avergonzada por su metida d epata y también con miedo por la mirada asesina de Paul.
-Seguramente el padre de tu madre es Ringo.
-¿Y cómo lo sabe?
-Lo sé y punto. Tú no eres mi nieta.
Frunció el ceño, otra vez ofendida, y esperó a que Paul se arrepintiera, pero no lo hizo.
-Quizás Ringo tampoco lo sea. A lo mejor, tu abuela tenía otros novios.
-¿Está insinuando que mi abuela era una loca?
-No, pero si lo insinuara no estaría faltando  a la verdad.
Sintió que la rabia se apoderaba de ella y juntó las fotos y le quitó el diario de las manos.
-Ojalá no sea su nieta. Usted es una gran desilusión.
Guardó todo y, ya que estaba, se llevó las galletitas que estaba comiendo y terminó de tomarse el jugo. Se colgó el bolso, lista para salir de allí cuanto antes. Sin embargo, Paul no pudo evitar ceder. Tenía que reconocer que esa muchacha le daba curiosidad y también pena, seguramente sería algo muy duro para una joven estar buscando a un abuelo perdido en el tiempo.
-Discúlpame otra vez –alcanzó a tomarla de un brazo, para que se detuviera –De nuevo te explico que todo esto es muy extraño, pero no me da derecho a tratarte así. Perdón.
-Está bien. Sólo necesito su ayuda. Ah, y que me regale su último disco, lo bajé de internet pero no es lo mismo...
-¿Cómo vas  a bajarlo....? En fin, está bien –suspiró. En medio de todo el lío que se le había formado en la mente, le causaba gracia el desparpajo de Midori. Recién es ése momento, ella se dio cuenta de lo que estaba haciendo.
-No sé porqué me comporto así, pensaba que estaría muy nerviosa y que no me saldrían las palabras, y míreme, no paro de hablar y decir tonterías. Sepa disculparme.
-Ya, no te preocupes –estiró el cuello y alcanzó a ver al mayordomo espiando detrás de una puerta. –Ya que estás ahí, tráeme un disco para la señorita.
-Señor, yo sólo pasaba por aquí, no piense mal de mí...
-Sí, sí. Anda, tráeme un disco.
-¡Gracias! –exclamó Midori, y le dio un abrazo que tomó de sorpresa a Paul.
-Eh...eh...de nada....
-Ahora dígame, ¿va a ayudarme?  Sólo será un ADN.
-¿Qué? No, no pienso hacerme eso. Alguien puede enterarse y filtrar la información.
-Pero es la única forma...
-Pero no quiero someterme a eso.
Lo miró indignada.
-No me puede decir semejante cosa.
-Midori, trata de entender, soy un hombre famoso, cualquier cosa puede perjudicarme
-Usted ya tiene la vida hecha, y yo solo tengo 18 años, quiero saber quién es mi abuelo. Entiéndame usted a mí. Al final dice una cosa y después otra....
-No, no te enojes, te explicaré...
-Ay, ya no me moleste.
-Te recuerdo que fuiste tú la que vino aquí.
-Bueno, perdón por robarle su tiempo.
-Déjame pensar lo de los análisis, por favor...
El mayordomo se acercó con el disco.
-No quiero ese disco, después de todo, es muy aburrido, tendría que contar con un asesor que lo guíe para elegir las canciones.
-Pero ¿qué dices?
-Déme mi abrigo y mi maleta.
El mayordomo dejó el disco sobre una mesa pequeña y corrió a darle las cosas. Midori se abrigó y levantó con dificultad la maleta.
-Deja que te ayude
-No quiero –contestó contundente.
-Espera. Toma dinero, es para que vayas a ver a Ringo, no está en la ciudad.
-No quie...
-Vamos, tómalo. Por favor.
Miró los billetes y luego de pensarlo unos instantes, los tomó y los guardó en el bolsillo.
-¿Me das tu número de teléfono? Así puedo ubicarte.
-No lo necesitará. Ya volveré.

Paul no supo si aquello le sonaba como una promesa o una amenaza. Ya volvería. Decidió cancelar todos los compromisos que tenía para ese día y volver  a su casa. No diría nada a nadie de la extraña visita que había tenido, ni de su extraña “nieta”. Sí, sin querer, la había llamado así. 


***************
Hola!!! Después de bastante tiempo, he vuelto. Siento traerles un capitulo que esperaba que saliera mejor, pero salió así y no hubo forma de acomodarlo. Les prometo que el siguiente será mejor, o mas entretenido por lo menos.
Ahora les dejo muchos saludos a todos lo que leen esto!

jueves, 4 de julio de 2013

¡Mi abuelo es un beatle! Capitulo 2

-¡Ven aquí ahora mismo!
Caster sólo obtuvo por respuesta un portazo que sacudió toda la casa. Suspiró, resignada, mirando por la ventana a su hija, que caminaba llevando casi a rastras una pesada maleta.

***********
-Ay, ¿cómo puede ser que un poco de ropa pese tanto?
Midori dejó la maleta en el suelo, a pesar de que se ensuciaría con polvo, y se secó la frente sudorosa. Le gustaba vivir casi en medio del campo, pero detestaba tener que caminar hasta llegar al pueblo cuando se trataba de ahorrar en autobús. Hablando de autobús, éste se acercaba, y pasó a escasos centímetros de ella, envolviéndola en una nube de tierra. Tosiendo, levantó la maleta.
-Empezamos bien...-bufó, reanudando la caminata.
Escuchó un extraño ruido y se detuvo. Reconocía eso, es mas, cualquiera se daría cuenta de lo que era, pero no podía creerlo. Se giró y comprobó que no estaba equivocada.
-¡Giuseppe! ¿Qué haces aquí, pato?
Corrió hasta el animal, que sólo respondió con dos escuetos...cuacs. A pesar de la larga caminata, se veía muy fresco y elegante.
-¿Por qué me has seguido? Ahh...ya sé, piensas que te abandonaré. Pues te has equivocado patín, Midori regresará, ¡y con abuelo! ¿Qué te parece?
El pato sólo hizo otro “cuac” que a Midori le hizo parecer que estaba en desacuerdo.
-Tranquilo, los dos posibles abuelos son vegetarianos. No te comerán.
Giuseppe sólo dio un pasito hacia adelante y se dejó acariciar por su dueña.
-Ahora vuelve, ¿si? Vamos, ¡a casa pato loco!
Lo espantó con la mano y Giuseppe comprendió, porque dio media vuelta y emprendió el regreso a casa. Midori levantó su maleta y continuó caminando. Pero no pasaron ni dos minutos cuando otra vez tuvo que detenerse. En su bolsillo, la melodía de “Para Elisa” hacía que su teléfono celular sonara enloquecido.
-Hola –dijo perdiendo la paciencia.
-¡Midori ¿dónde estás?!
-Ah, Jeremy...
-¡Sí, soy yo! ¿Dónde estás?
-¿Acaso lo olvidaste? Te dije que hoy partiría a Londres.
-¿Queeé? –tuvo que alejar el teléfono de su oído para no quedar sorda -¿Qué te pasa? ¡Te dije que no hicieras eso!
-Y yo te dije que lo haría. Jeremy, sabes que esto es muy importante para mí y...
-¡Estás loca!
Cansada, cortó la comunicación y luego apagó el teléfono.
Jeremy era, desde hacía casi cinco meses, su novio. Pese al poco tiempo que llevaban juntos, ya estaban hartos de las peleas  que tenían casi a diario. Digamos que no eran la típica parejita de adolescentes enamorados y endulzados. Él tenía un humor cambiante que hacía que Modori se cansara.

Al fin llegó al centro del pueblo. Caminar unas pocas calles mas fue lo que le costó llegar hasta la estación de autobús.
-Buenas tardes, un boleto a Londres. El mas barato.
Sin siquiera responder a su saludo, el empleado le extendió el boleto y tomó el dinero.
-Saldrá a las 17:07 hs. –fue lo único que le dijo.
Midori agradeció y miró su reloj pulsera. Faltaba mas de media hora. Se sentó en una fría banca, y metió las manos en los bolsillos. Ya tenía hambre y le gustaba la idea de tomarse aunque sea un café bien caliente, pero no podía darse ese lujo. El dinero que llevaba era el justo y necesario.


Fiel a la famosa puntualidad inglesa, el autobús salió a las 17:07. Midori respiró hondo y cerró los ojos, una siesta no le vendría nada mal. Sin embargo, se dio cuenta que eso seria imposible: su estómago hacía ruiditos y su mente parecía haberse confabulado con él.
-Mmm...pizza....pollo al horno con papas....spaghettis....¡Basta Midori! Trata de dormir, ya comerás....
A su lado, un hombre gordo no tuvo mejor idea que abrir un paquete de galletas dulces. Midori sintió cómo se le hacía agua la boca. El hombre comía ruidosamente, mirando por la ventanilla, sin siquiera reparar en ella.
Le hizo una sonrisita. Quería verse simpática y quizás entablar una conversación cualquiera sólo para que el tipo le convidara.
-Disculpe, ¿podría decirme la hora?
-No llevo reloj, deben se cerca de las 6 de la tarde.
-Ahh gracias. A veces yo también me olvido el reloj, como hoy –rió apenas, mirando al tipo. Este sólo hizo un gruñido y nada mas.
Su plan no había funcionado, y ahora además, trataba de ocultar su reloj pulsera para que el hombre no lo viera. Se resignó a seguir escuchando el ruidito de la bolsa de galletas y cerró los ojos. Estaba ya entrando a un sueño poblado de golosinas, pastas y papas fritas cuando algo la sobresaltó: el hombre gordo también estaba durmiéndose, y roncaba. Roncaba como un rinoceronte asmático. Midori se acercó y estiró su brazo. Le robaría descaradamente las galletas, pero cuando ya estaba a punto de cometer ese delito, el hombre apretó la bolsa contra su pecho.
-¡Ayy! –no pudo reprimir un gritito de enojo y se volvió a acomodar en su asiento, cruzada de brazos. Le tocaría una noche de hambre y ruidos.



Estaba amaneciendo cuando vislumbró los edificios recortándose en la niebla. Los nervios comenzaron  a apoderarse de ella. ¿Y si todo salía mal? ¿Y si todo era un invento de su abuela? Y lo peor: ¿y si su madre tenía razón?
Ni bien el autobús entró a la ciudad, el hombre gordo bajó, llevándose con él las galletas. Midori vio como cada vez iban acercándose mas al centro.
Un hombre de los asientos del fondo se incorporó y caminó por el pasillo.
-Disculpe –le salió al paso -¿Podría decirme cómo llegar a ésta dirección?
El hombre tomó el papelito que ella le tendía.
-Je, otra fan –dijo en voz baja –Te conviene bajar en la próxima parada.
-Muchas gracias –tomó de vuelta el papelito y lo dobló bien, metiéndolo en un bolsillo de su jean.


*************
El autobús reanudó su marcha, dejando detrás de sí un remolino de hojas secas y humo. Midori tosió dos veces y se acomodó el cabello despeinado. Miró la calle: jamás había ido a Londres y se sentía perdida en ese lugar tan diferente a su pueblo, y  a su casa, donde el único ruido fuera de lugar eran los gritos de su madre. Bostezó y levantó la maleta. No tenía ni idea de cómo llegar.
Vio que en una esquina doblaba un grupo de personas. Se acercó a ellos, corriendo, y se percató de que todos eran orientales.
-Oigan ¿saben cómo puedo llegar a ésta calle?
Antes de que terminara de preguntarles y de mostrarles su papelito, todos empezaron a hablarle  a la vez, en un idioma desconocido, y haciendo señas para todos lados.
-Nota mental: nunca preguntes nada a un chino –se dijo a sí misma –Ehh...gracias, ¡adiós!
Corriendo, cruzó la calle, cuidándose de que los chinos no la siguieran.
Un autobús frenó y bajaron unas cuantas personas, entre ellas un niño de  unos 12 años con uniforme escolar.
-¡Ey! –le gritó. El chico se acercó, desconfiado -¿Puedes decirme cómo llego a ésta dirección?
El niño leyó el papel y casi se echó a reír.
-Es aquí.
-¿Eh?
-Aquí –con su dedo señaló justo el edificio que estaba detrás de Midori.
-¿Qué? –se giró y leyó un cartel –Ay...tienes razón, ¡qué tonta soy!
El niño asintió y ella primero lo miró con severidad  y después le  sonrió.
-Gracias.
-De nada –salió corriendo, sujetando su mochila.
-Bien Midori....ya llegaste.
****************

Con una sonrisa fingida, esperó a que abrieran la puerta. Por dentro, los nervios la estaban matando y repasaba una y otra vez en su mente el discurso que había preparado.
-¿Si? –al fin la puerta se abrió y apareció un hombre alto, de esos que tienen toda la apariencia de mayordomo para una película.
-Vengo a ver a Paul McCartney.
-¿Usted piensa que dejamos entrar a cualquier fan?
-Es que no soy ninguna fan. Soy su nieta.
-Oh, disculpe señorita, pase.
Sorprendida, Midori entró. No podía creer que fuera tan fácil entrar a MPL Communications.
-Sir Paul está reunido con un par de señores.
-¿Tan temprano?
-Le gusta aprovechar el día. Disculpe que la haya confundido con una fan, es que nunca vienen los nietos de Sir Paul, y por lo tanto no los conozco. Permítame –le quitó la maleta –Su abrigo.
-Ah si -gustosa, se quitó la chaqueta y se la dio, el hombre guardó todo en un gurdarropas.
-Mientas espera, ¿quiere tomar algo?
-¡Si, por favor! Quiero un tazón de leche con cereales, jugo de naranja, galletas dulces...En fin, quiero un buen desayuno.
-Acompáñeme.
Lo siguió a una sala donde, sentada ante una gran mesa, esperó a que le trajeran su nunca tan ansiado desayuno.
Y sí, había mentido, y encima estaba dándose lujos, pero no podía evitarlo. Aún no sabía si era nieta de Pual, pero eso le había servido para entrar allí y en poco rato, estar cara a cara con él. Al fin cumpliría su sueño, hablar con un beatle. Y quizás, su abuelo.

************
-Bien, entonces también agreguemos Canadá a la próxima gira.
Un hombre, vestido de traje negro, anotó en su tablet, mientras otro vestido igual consultaba una agenda.
-Sir Paul, ¿enviamos sus requisitos?
-Sí, claro. Ya saben, lo de siempre, pero quiero que agreguen que necesito veinticuatro jabones.
-¿Tantos?
-Anota eso.
-Como diga, Sir.
Se escucharon unos discretos golpes en la puerta.
-¿Si?
-Sir Paul, su nieta vino a verlo.
-¿Mi nieta? Qué raro...Caballeros, discúlpenme, pero me preocupa que haya venido aquí uno de mis nietos, y encima tan temprano...Quizás haya pasado algo. Ya vuelvo.

Paul se puso de pie y salió de su oficina, siguiendo al mayordomo.


******************
Hola! Bueno, acá vengo yo, avisé que tardaría así que no protesten jaja. El tema es que ya subí, y espero que les haya gustado este capitulo. Agradezco a todos los que leyeron y comentaron el primer capitulo, me han dado ánimos para escribir y tratar de que sea de su agrado :) 
Me despido mandándoles un beso grande a todos!
Hasta luego!

lunes, 17 de junio de 2013

¡Mi abuelo es un beatle! Capitulo 1

El disco siguió girando en la bandeja unos segundos más después que los últimos acordes de “I’ll be back” sonaran. Con delicadeza levantó la púa y tomó el disco para guardarlo en la vieja y autografiada funda. Después contempló la tapa, sonriendo, y lo guardó en el baúl. Se sacudió el polvo que se le había pegado a sus jeans y miró por la pequeña ventana del desván. Afuera, el descuidado jardín era luminado por el cálido sol del invierno. Intentó que su mente no fuera invadida por los recuerdos y permaneció un rato allí, inmóvil, mirando sin mirar.
Midori tenía sólo 18 años y muchas ganas de saber la verdad. Y sí, ése era su nombre.
Se apartó su cabello enrulado de la cara y metió las manos en el bolsillo de su buzo celeste.
Era la hija de Caster y lo que era mas importante, la nieta de Doris. La abuela Doris, vaya personaje. Durante su vida había causado caos y confusión por el simple hecho de ser una mujer demasiado independiente y por lo tanto, adelantada a su época. Por esa razón, había abandonado la escuela y el hogar, dispuesta a ver mundo. En su familia no la aceptaron nunca más, pero poco le importó. La abuela Doris había sido todo: mod, rocker, hippie, burguesa conformista, madre soltera y...abuela. No pudo ser punk porque ya llevaba años casada con un hombre al que nunca quiso pero que le daba estabilidad económica, hasta que murió, y otra vez volvió a vivir “mal”, junto a su hija., y la hija de su hija.
Pero, pese a ser una mujer mayor, Doris nunca dejó de hacer de las suyas. En su pequeño pueblo inglés, la amaban y la defenestraban a partes iguales. Sería por eso que Caster se llevaba tan mal con su madre, “desde que nació”, decía Doris. Nunca aceptó su destino de hija natural y la vida un tanto disoluta de su madre. Doris disfrutaba haciéndola rabiar aunque no soportaba una cosa: el odio de su hija hacia The Beatles.
Midori se llamaba así porque su nombre fue el primer nombre oriental que se le cruzó a su madre, no por su significado de “Sol del amanecer”. Hubiera querido ponerle Yoko, pero sabía que semejante provocación acabaría con la poca relación que tenía con su madre.
Pero Midori se convirtió en el karma de su madre y en el disfrute de su abuela. Cuidada por Doris en las largas horas de trabajo de Caster, absorbió ese fanatismo irrefrenable de su abuela por la banda mas famosa de Liverpool. Por eso, abuela y nieta pasaban sus tardes haciendo sus actividades juntas, acompañadas por la mejor banda sonora y contándose anécdotas o las últimas noticias que sabían de ellos. Todo eso acababa cuando Caster llegaba y luego de la discusión diaria con Doris, ponía a los Rolling Stones a todo volumen, sabiendo que su madre los detestaba como detestó al novio rolinga que le preguntó una vez y que se convirtió en el padre de Midori.
La abuela Doris murió de repente, dejando un vacío en la pequeña familia. Sólo quedaron  Caster, Midori y un montón de recuerdos y peleas. Y un secreto, que Doris se llevó a la tumba. Un secreto que nadie podía descubrir, salvo si Midori se decidía.
Bajó las escaleras y entró a la cocina, donde el humo y un fuerte olor  a quemado le pegó en la cara.
-Mamá, tengo que decirte algo.
-Ahora no, ¿no ves que estoy ocupada con esta porquería? –Caster arrojó una sartén humeante  a la pileta y se desprendió el delantal.
-¿Comeremos eso? –preguntó Midori, señalando una mezcla de....algo. Trató de que no se le notara su cara de asco.
-Otra cosa no hay. Pon los platos.
Puso la mesa y su madre le sirvió el revuelto de papas quemadas, carne casi cruda y exagerada cantidad de sal. Caster comió, demostrando que eso no era problema, pero Midori apenas probó dos bocados y empujó su plato.
-Te dije que quería hablarte de algo.
-Espera –Caster subió el volumen del televisor, quería escuchar su programa de farándla preferido. Su hija sólo bufó, entre molesta y resignada. –Ah sí, ¿decías?
-Que tengo que decirte algo. Ya tengo el dinero ahorrado y me iré a Londres. Quiero averiguar.
-¿Qué cosa?
-Mamá, ya hablamos de esto...Quiero saber quién fue mi verdadero abuelo.
-Otra vez con eso. Tu abuelo fue Jim, fin de la cuestión.
-Mamá, sabes bien que Jim no era tu padre. La abuela se casó con él cuando ya tenías 7 años.
-Ya, ya, no hace falta que me lo recuerdes.
-¿Por qué nunca quisiste saber quién es tu verdadero padre?
-Porque para mi fue Jim, fue él quien me dio una familia y me sacó de la locura en la que vivía mi madre. Además, ¿para qué saber? ¿Para que me niegue como hace el tuyo?
Otra vez bufó. Su madre siempre sacaba ese maldito tema.
-Papá está en Canadá.
-Tiene otra familia.
-Ya lo sé.
-¿Cuánto hace que no te llama, eh?
-¡Estamos hablando de tu padre, no del mío!
-¡Es igual! ¡Todos son iguales!
-No me importa. Yo me iré a buscarlo y punto.
-Claro, anda, gástate todo el dinero buscando a alguien que no existe., quién sabe todo los cuentos que te habrá metido en la cabeza tu querida abuela.
Como siempre, la discusión finalizó con un portazo por parte de Midori. En su habitación contó por milésima vez su dinero. Sí, era justo la cantidad que necesitaba. Después abrió su libreta y arrancó una hoja, con la primera de las direcciones a las que debía ir. Se echó en la cama, a recordar otra vez, una de las últimas conversaciones con su abuela.
-Tu abuelo no fue Jim.
-Eso hace rato que lo sé, abuela...
-¿Quieres saber quién fue? –Doris sonreía con picardía, mientras seguía tejiendo, como si fuera una dulce abuelita que siempre llevó una vida intachable.
Midori le prestó atención y dejó a un lado su libro. Se acomodó mejor en el suelo, como hacía cada vez que su abuela comenzaba un cuento. Pero esa vez sentía que de cuento no habría nada, sólo escucharía verdad.
-Dime.
-Qué impaciente eres.
-Vamos abu, ¿quién es?
-Eso es lo que quisiera saber.
-¿Cómo? ¿Entonces no lo sabes? Me engañaste.
Se volvió hacia su libro, fastidiada por la vana interrupción.
-Tu abuelo es un beatle.
Se giró rápido y soltó una carcajada.
-No me jodas Doris –dijo entre risas.
-Hablo enserio Midi.
-Pues no te creo.
-Te explicaré mejor, y me dices si me crees o no. Verás...Tú sabes que nunca fui una santa. Y que siempre amé a The Beatles, mas que a tu “abuelo adoptivo”. Y bueno, estuve con dos de ellos. Anda, envídiame, yo pude y tú no.
Iba a seguir riendo, pero conocía muy bien a su abuela, sabía que no le decía eso sólo para molestarla.
-Abuela...tengo la horrible sensación de que hablas enserio.
-No sé porqué lo de horrible, tendrías que estar contenta. El problema es que no sé cuál puede ser. Pero tranquila nena, tu abuelo está vivo.



****************
Hola!!! Bueno, acá volví con una nueva locura, no sé si andará bien o no, pero eso, ¿a quién le importa? jajajaja Espero que les guste esta aventura, aviso que seguro que tardaré en actualizar, pero haré lo posible.
Besos a todos/as los/las que lean!

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