domingo, 9 de septiembre de 2012

Secretos Compartidos Capitulo IV


Con una risita, arrojó despectivamente sobre la mesa, el periódico que anunciaba en su tapa que “El asesino serial está preso”.
-Pobre diablo –fue todo lo que dijo antes de mirarse al espejo y retocar su maquillaje.
Salió del departamento cerrando la puerta con sigilo, mirando a todos lados. A veces se sentía paranoica, pensaba que todos la miraban, que todos sabían su secreto, y que en cualquier momento su derrotero de sangre culminaría tras las rejas. Sacudió la cabeza, como para alejar así a todos sus malos pensamientos, y entró al ascensor. Allí se encontró con el dueño del edificio.
-Buenas tardes señorita Leroux.
-Buenas tardes –respondió con apatía. Lo que menos quería era ver a ese tipo, y menos hacer un viaje de 5 pisos junto a él.
-Señorita, le recuerdo que...
-Si, ya lo sé, le estoy debiendo la renta del mes pasado. Pero ya le dije que me espere unos quince días, incluso le pagaré los dos meses juntos.
-Eso espero –dijo el hombre, y ambos se quedaron callados, hasta que se despidieron con un escueto “Adiós”, cuando llegaron a la planta baja del edificio.



-¡George, basta de perfume! ¡Vas a una muestra de arte, no a una discoteca! –John le arrebató el frasco, y George se quedó mirándolo, un poco enojado.
-Quiero oler bien....
-Báñate. Y ahora vamos, se hace tarde.
Los dos salieron de la casa de George, quien conducía el auto. Cuando llegaron a la galería, ambos se miraron en el espejo retrovisor, para comprobar si estaban irreconocibles.
-Perfecto, bajemos –John abrió la portezuela y miró a todos lados: ninguna de las personas que caminaba por la concurrida acera se fijó en él.
Entraron, vieron que había mucha gente y pronto se mezclaron en ella.
-Están buenos, ¿no? –dijo George mirando los cuadros.
-Si, es verdad. Ey, mira éste –John señaló uno, lleno de colores.
-Me gusta. ¿De quién es? –George se agachó, para descifrar la firma –Me....Meli....Mélisande no sé qué.  No entiendo el apellido.
-Me parece haberlo oído a ese nombre, aunque es raro.
En silencio, continuaron mirando y cuidándose de que nadie los reconociera. De pronto, George vio como su amigo miraba a una chica, parada en el extremo de la galería, que hablaba con un hombre mayor.
-¿Qué pasa John?
-Esa chica....-contestó apenas.
-¿Te gusta o qué?
-No, no es eso –respondió fastidiado -Esa chica es la que se llama Mélisande.
-Ah, quiere decir que es quien pintó estos cuadros. Un momento, ¿cómo sabes que es ella?
-¿Recuerdas cuando mataron a la vieja esa, que yo acompañé a Dobb?
-Si....
-¿Te dije que habíamos hablado con una chica algo rara y que pareció reconocerme?
-No me digas que...¿es ella?
-Sí. Además tenía unos dibujos pegados en la puerta de su departamento, quizás los pintó ella.
-¿Y con eso qué?
-Pues....nada. Será mejor que nos vayamos de aquí, antes de que nos reconozca.
-Pero si nadie lo ha hecho y....
-La otra vez estaba vestido igual y ella, estoy segurísimo, me reconoció.
-¿Cómo lo sabes?
-No lo sé, pero estoy seguro.
-Está bien, vámonos –de mala gana, George comenzó a caminar –John, ¿has visto éste? –se detuvo a mirar otro cuadro.
-Vámonos Harrison –dijo por lo bajo, cuando una anciana se les acercó.
-Verdad que es bonito ese cuadro, ¿no? –dijo con voz aguda
-Sí...me gusta ésto de aquí –George comenzó a hablar con la mujer, y John no sabía si se lo hacía a propósito o si de verdad su amigo quería hablar de arte.
Sólo miró hacia el lugar donde había visto a la chica, y aún estaba allí, hablando con el mismo hombre. Se giró, dándole la espalda, para que no llegara a mirarlo.

Mélisande escuchaba a su profesor, que le daba algunas recomendaciones en cuanto al trato con la gente, algo que a ella no le apetecía en absoluto. En medio de la explicación, vio a dos tipos un poco raros, pero que por alguna extraña razón se le hacían conocidos. Uno de ellos hablaba con una mujer mayor, que había visto el día que salió con Deppart. El otro tipo miraba hacia todos lados. Por un momento pensó que serían ladrones que trataban de engatusar a la mujer.
-¿Mélisande? ¿Me escuchas?
-Ah, si, si, perdón....
El profesor continuó con su parloteo, del cual Mélisande había perdido el hilo. Simuló que lo escuchaba hasta que vio, de reojo, a uno de los supuestos “ladrones” girarse y mirar hacia su lado. De inmediato lo reconoció, antes de que él le diera la espalda, y por deducción supo quién era el otro.
-Está bien, profesor, ya entendí –se apuró a decir, apara que el profesor se fuera y así poder acercarse, con cualquier excusa, a los dos.
-Aún falta aclararte otra cosa...-Mélisande no pudo reprimir un gesto de impaciencia, parecía que el hombre se lo hacía a propósito.

Por su parte, George  continuaba conversando con la mujer. Al parecer, realmente le interesaba lo que decía, pero a John no. Así que se distrajo mirado a las personas que entraban y salían de la galería. Sólo puso atención cuando escuchó que la anciana ya no hablaba de arte, sino de Deppart, ese pintor algo famoso que había sido muerto y cuyo jodido asesino los había involucrado, otra vez, a ellos. Se acercó, para escuchar mejor.
-Yo estaba aquí –dijo la mujer –y lo vi, era un hombre tan simpático.....Estaba charlando con una chica, y luego se fue con ella. Y al otro día salió en los periódicos que había sido asesinado. No podía creerlo, ¿quien puede asesinar a un hombre así?
-¿Y no sabe quién era la chica? –preguntó John, con impaciencia.
-No joven, es que yo no veo bien, ya sabe, la edad.....-sonrió –En fin, será mejor que me vaya, un gusto charlar con jovencitos tan educados. Adiós.
-Adiós abuela....-respondieron al unísono, mientras la anciana se alejaba ayudada por su bastón.
-Vaya clase de arte me dio, sabe mucho....
-¡George reacciona! ¿Escuchaste lo que dijo?
-¿Eh? Ah si, lo escuché. Y creo que será mejor que busquemos a Dobb y le contemos.



-Igualmente, la hipótesis del asesino éste ya se cayó –Dobb arrojó sobre su escritorio la foto del sospechoso –Lo teníamos encerrado cuando pasó lo de Deppart. De modo que no es él.
-Quizás no sea él ésta vez, pero si las anteriores –dijo George,
-Eso es lo que estamos tratando de averigüar....Pero ante la ausencia de pruebas que lo culpen, no podemos tenerlo detenido. Y él, obviamente, niega todo. –soltó un suspiro de resignación –Estamos parados en el mismo lugar de antes, no sabemos nada.
-Lo de las inscripciones no lo sabe nadie, ¿no? –preguntó John
-Quédense tranquilos, salvo los investigadores, nadie lo sabe. La prensa no se meterá en esto. Ni siquiera saben lo del cuadro de Deppart.
-¿Sabe, Dobb? La mujer habló de una chica, y hoy vimos en esa galería a la chica esa.....a la que usted le hizo unas preguntas cuando mataron  a la vieja.
-Ah si, la que dijiste que tenía nombre raro.
-Si, esa.....Al parecer es pintora, y estaba ésta tarde en la galería.
-¿Ya qué hay con eso? ¿Crees que sea la chica de la que habló la mujer?
-No.  Mejor dicho, no lo sé. Chicas hay muchas.....Ay, todo esto es muy confuso.
-Bien, ubicaremos a esa anciana, es una testigo importante.
-Pero dijo que no ve bien....
-¿Y eso que tiene que ver, George? –preguntó un poco exasperado.
-Al no ver bien, no sabe cómo es la chica.
-No te preocupes, se la haremos recordar.
-Oiga no golpeará a la anciana para que diga todo lo que sabe, ¿no? Porque así hacen en Estados Unidos....-dijo John.
-No, no haremos eso, y ya dejen de mirar películas.....



Apagó la radio con furia. El maldito al que habían encarcelado había sido liberado, y se abriría la investigación otra vez. Y lo peor era que muchos estaban ocupándose de Deppart, entre ellos el propio gobierno francés.
-Maldita sea –dijo en voz alta -¿Por qué no pude elegir uno común y corriente, como los otros? Éste me está complicando las cosas, todo porque era famoso. Y ahora esa vieja de la galería....Sé que me vio con él, y por algo ésta tarde habló con Harrison y Lennon. Ellos están contactados con la policía, lo sé.....Sino, no hubiera venido con el inspector cuando ocurrió lo de la otra vieja.....Ay, ¡cómo odio a las viejas! –de la bronca golpeó, contra la mesa, el vaso que tenía en la mano, lo que hizo que se partiera y la lastimara.
Pronunciando muchas maldiciones, se vendó, mientras tomaba una decisión, llevar a cabo un plan que debía salir perfecto: se presentaría voluntariamente a hablar ante la policía.


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Sí, sé que es un capitulo muy corto, pero ando con un poco de crisis inspirativa (?
Además, algunas cosillas que iba a poner en éste, me las reservé para el próximo, porque sino cortaba la emoción jajaja
Bueno, espero sepan comprender. Ah, y perdón por la tardanza en subir.

jueves, 30 de agosto de 2012

Secretos Compartidos Capitulo III


Los chicos trataban de grabar una canción, pero siempre alguno fallaba. Después de varias risas, protestas y regaños, por octava vez lo intentaron. Todo iba bien, hasta que una seña de George Martin desde la cabina de grabación los hizo detener.
-¿Qué pasa? ¡Estaba saliendo bien! –protestó John.
-Alguien quiere verlos –se oyó la voz de Martin hablando por el micrófono.
-¿Y por eso cortamos? ¡Esto es increíble! Si vamos a detenernos cada vez que alguien quiere ver....-Paul se vio interrumpido en su queja por la apresurada entrada de Dobb al estudio.
-¿Usted? ¿Qué hace aquí? –John lo miró de arriba a abajo.
-Ya no se puede grabar tranquilo –refunfuñó George, dejando su guitarra sobre una silla.
-De eso venía a hablarles, de tranquilidad –Dobb se dispuso a ir directo al grano, ya que sería en vano esperar un saludo de recibimiento –Creo que dimos con el asesino.
-¿Si? –preguntaron todos, asombrados.
-En realidad, es un sospechoso. Pero por fin encontramos algo.
-¿Quién es? –preguntó Ringo, acercándose.
-Un ex convicto. Mató a su mujer a sangre fría, cumplió su condena y hace poco salió en libertad y...
-¿Mató a su mujer y está en libertad? –interrumpió Paul –Vaya justicia....
-No puedo hacer nada, sólo soy un inspector, no hago las leyes. Como les decía, hace algo de tiempo salió de la cárcel, y coincide con el comienzo de los asesinatos. Se allanó su domicilio y se encontró dinero, quizás sea el que le robaron al hombre, el de la inscripción “Money”. Y también se encontró un arma, una pistola calibre 45.
-Pero a ninguno lo mataron a tiros –dijo George.
-Es verdad. Pero tiene un arma. Seguiremos investigando e interrogándolo. Eso es todo por hoy, adiós. –Dobb se puso su sombrero, y con la misma rapidez con la que entró, salió del estudio.



A Mélisande se la notaba emocionada. Y eso era algo muy extraño, ya que generalmente su bello rostro parecía carecer de expresiones, salvo por alguna sonrisita falsa. Pero su emoción tenía justificación. Ver sus pinturas en la exposición que se realizaba en una de las galerías de Londres, donde no sólo participaba su escuela, sino otras del resto del país, era un motivo de alegría. Algo apartada, observaba a las personas que admiraban sus trabajos y sentía que al fin entraba al mundo del arte, y al parecer, su entrada estaba siendo triunfal.
-Mélisande, te felicito –se giró y se encontró con su profesor.
-Gracias, pero esto se lo debo a usted, fue quien me propuso que exponga.
-No, no, como bien dijiste, yo te lo propuse, pero es gracias a ti y a tu talento.
Se vieron interrumpidos por la curadora, que comenzó a hablar para inaugurar la exposición. Luego de un breve discurso, algunos camareros comenzaron a servir bocadillos y champagne, y el profesor se alejó, para charlar con algunos conocidos. Mélisande se quedó parada en el mismo lugar, miraba como otros pintores que exponían charlaban entre ellos, pero ella no quería establecer ningún tipo de conversación con ninguno.
-¿Eres quien pintó éstos? –escuchó una voz de acento francés, miró a su derecha y vio a un hombre algo mayor, con algunas canas y una sonrisa de dientes blanquísimos. Antes de contestarle, notó la elegancia de su vestimenta.
-Si, soy yo. –contestó al fin, decidida –Mélisande Leroux.
-Un gusto conocerte, Mélisande, veo que eres francesa como yo. Soy Charles Deppart –delicadamente le tomó la mano derecha y se la besó.
-¿Charles Deppart? –preguntó incrédula.
-Si, soy Deppart. ¿Me conoces?
No podía creerlo, ante ella, tenía a uno de los pintores franceses del momento, quizás aún no tan conocido en Inglaterra, pero sí muy famoso en su país natal.
-Lo admiro mucho señor Deppart. Lo admiro a usted y a su obra.
-Gracias, pero permíteme decirte que no debes admirarme tanto.....Tu talento es muy importante. ¿Ésta es tu primera exposición?
-Así es –contestó alucinada por lo que acababa de decir el hombre.
-Creo que eres un prodigio. Los seis cuadros son impactantes.
-Gra.....Gracias.....-no podía creer que se sintiera tan nerviosa por lo que le decía, y que además no pudiera disimularlo.
Sin embargo, sus nervios se disiparon poco después, cuando notó lo agradable y simpático que era. Continuaron charlando animadamente sobre las nuevas tendencias artísticas, y él parecía muy interesado en escuchar sus opiniones, ya que varias personas se le habían acercado y él sólo les contestaba con indiferencia, para retomar enseguida la conversación con ella.
-Esta gente ya me está molestando mucho –dijo él -¿Te gustaría acompañarme a tomar un café?
-Mmm...no lo sé, creo que debería quedarme....
-Ya están quedando pocas personas, y tú has cumplido con tu deber de estar aquí, acompañando a tus trabajos. ¿Vienes?
Le sonrió apenas, cediendo ante su insistencia, y lo siguió por el amplio hall de la galería.
-No sé de ningún lugar bonito y agradable al que podamos ir, realmente casi ni conozco Londres. Pero el hotel donde me alojo tiene un petit café que.....oh, es igual a los de París. ¿Quieres ir a ese? O sino dime tú de alguno que conozcas. Ya que somos franceses, deberíamos hacer honor a eso.
-Es verdad, pero yo tampoco conozco ninguno. Vayamos al que usted dijo.
-Perfecto –Deppart le abrió la puerta de su auto –Pero antes.....deja el “usted”. Tutéame.
-Como digas –respondió sonriendo y entrando al auto.

Llegaron a un lujoso hotel, uno que Mélisande reconoció como de los mas caros de la ciudad. Entraron y se sentaron en una de las mesas. Charles pidió dos cafés y varias delicatessen a su gusto. Allí continuaron hablando, no ya de pintura, sino de sus vidas.
-¿Eres francesa nacida en Francia, o lo son tus padres? –dijo él dándole un sorbo a su café.
-Lo soy. Nací en París.
-¿Y qué hace una bella dama parisina en una ciudad tan gris como Londres?
-Mi familia se mudó aquí, hace unos años –contestó algo sonrojada –Luego volvieron, pero como yo había comenzado mis estudios aquí, decidí quedarme.
-Me imagino que extrañarás....Francia en inolvidable.
-Si, lo es...
-Y....¿podría saber cuántos años tienes?
-23 –respondió con sequedad. Se estaba incomodando con tantas peguntas, detestaba hablar de su vida privada.
Deppart pareció darse cuenta, y desvió su conversación hacia el terreno del arte, pero hablando en francés. Mélisande se sintió aliviada, a la vez que contenta, hacía mucho que no tenía una charla completamente en su idioma materno, y además, sobre su tema preferido, la pintura.
Pero Charles volvió a la carga con sus preguntas.
-¿Por qué no vuelves a Francia? Creo que Inglaterra no valora a los pintores....Todos están con ese grupito, The Beatles, que lo único que hacen es.....
-A mí me gustan. –cortó en seco –Y aquí me gusta también.
-Ahh....¿te inspira Londres?
-No.
-¿Y en qué te inspiras?
Levantó su vista del café que estaba tomando, molesta.
-En cosas de la vida cotidiana.
-¿Sabes? Hace tiempo que llevo conmigo un cuadro que no logro terminar. Muchos me han dicho que es muy bueno, pero que le falta “algo”. Yo siento lo mismo, e incluso le pregunté a dos colegas si podían darme su opinión. Lo modificaron un poco, pero para mí sigue sin terminar. Hay veces en las que me quita el sueño. Quizás tú podrías ayudarme.....



John estaba en la casa de Paul, junto con George. Recostado en un sofá, leía el periódico. Paul estaba frente a él, sentado en una silla, componiendo algo con la guitarra.
-Mira esto Paul –señaló un artículo en el periódico, y Paul apenas lo miró, molesto.
-¿Qué hay? –preguntó
-Es sobre una muestra de arte en una galería.
-¿Y con eso qué?
-Mmm.....me gustaría ir. ¿Me acompañas?
Paul sólo resopló, fastidiado, se puso de pie y salió al jardín, dejando a John refunfuñando por su actitud. George lo vio pasar.
-¿Pasó algo? –preguntó –Vi salir a Paul un poco enojado.
-Estaba  componiendo y yo lo interrumpí.
-Ja, siempre lo interrumpes en sus mejores momentos –rió, y se sentó en la misma silla que antes Paul ocupaba.
-Mira esto –John le extendió el periódico.
-¿Muestra de arte? –dijo luego de leer el titulo –Interesante....
-¡Sabía que podía contar contigo!
-¿Qué?
-¿Me puedes acompañar?
-Si....Aunque es raro que a ti te interese esto....
-Los cuadros me hacen recordar a Stu.....
George se quedó en silencio, mirando la actitud melancólica de su amigo, aunque éste se tapara el rostro con el periódico, para que no lo mirara.
-Te acompaño. Vamos mañana ¿quieres?
-Claro. Gracias, George.



Mélisande contemplaba el cuadro sin terminar de Deppart. Había subido hasta la lujosa habitación se él, supuestamente para que ella le diera aunque sea una mínima opinión o sugerencia.
-Es raro –pensó en voz alta –Un abstracto es raro, pero éste lo es mas. Mmm......tal vez si le agregara un poco de verde por aquí, cambiaría un poco.....-tomó un pincel que estaba en una mesita junto al cuadro, buscó con la mirada un acrílico verde y lo mezcló con un toque de blanco. Cuando llegó a la tonalidad que deseaba, apenas mojó el pincel. Se disponía a pintar cuando Deppart se apareció, saliendo del baño en bata.
-¡¿Qué haces?! –le gritó. Mélisande dio un respingo, asustada, y soltó el pincel, que cayó al suelo.
-Yo.....yo....perdón, perdón, sólo iba a probar, creí que este verde se complementaría y....perdón, no quise entrometerme –se la veía muy nerviosa, como hacía años no se ponía.
Deppart se quedó mirándola y soltó una carcajada, que la desconcertó.
-Ya deja de disculparte, sólo quise hacerte una broma.
Siempre se había sorprendido se su propia capacidad de cambiar de ánimo con la velocidad de la luz. Y ésa vez no fe la excepción, ya que dejó sus nervios y vergüenzas por una penetrante mirada cargada de rabia. Odiaba que le hicieran esas bromas, odiaba que la asustaran con el propósito de sólo reírse en su cara.
-Ah. –fue lo único que respondió.
Deppart le sonrió y se acercó a ella.
-Te agradezco que hayas querido colaborar. Luego me cuentas qué era lo que estabas por hacer, porque ahora....-le tomó una mano con fuerza y la atrajo a sí, para besarla. En el momento no le dio tiempo a reaccionar, todo había sucedido en un segundo. Cuando Charles le quiso besar el cuello, ella usó todas sus fuerzas para zafarse. Y cuando lo logró, le dio una tremenda bofetada.
-¡Viejo de mierda! –le gritó.
-¡Ven aquí maldita perra! ¿Qué te piensas? ¿Que te librarás de mi? –otra vez la tomó con fuerza, pero por los brazos, y la arrinconó contra una pared, con una violencia que hizo que ella se golpeara fuertemente la cabeza.
Pero Mélisande le dio un rodillazo en los genitales, haciendo que él se doblara de dolor, mientras la insultaba. Rápidamente tomó un jarrón de porcelana que había en un escritorio, y con toda la fuerza de la que era capaz, se lo partió en la cabeza. Deppart cayó al suelo, desmayado.
Se paró a mirarlo, con una inmutabilidad que no parecía demostrar que segundos antes había estado en plena lucha.
-Vaya que resultaste degenerado –le dijo, aunque sabía de sobra que no la escuchaba –Antes de subir, supe perfectamente lo que querías. Pero también supe perfectamente lo que YO quería.
Con una media sonrisa, recorrió la habitación con la mirada. Se acercó a la cama, que tenía dos grandes almohadones. Tomó uno y lo colocó sobre el rostro de Deppart, presionando un poco.
-Que víctima tan limpia, ni siquiera hubo sangre –pensó, otra vez, en voz alta.
Se acercó al cuadro, el famoso cuadro sin terminar. Levantó el pincel del suelo, lo volvió a mojar con pintura y pintó a su gusto. Tres palabras se convirtieron en su firma: “I feel fine”. Después, guardó el pincel en su bolso, y limpió todo rastro de ella que pudiera haber, hasta miró minuciosamente los frascos de pintura y las alfombras, cuidando de que no quedara ni un cabello suyo.
Se acercó  vez mas a Deppart y apoyó su dedo índice en el cuello. Ya no se sentía nada. Sonrió, y cruzada de brazos, como quien está satisfecho de su trabajo, contempló el cuadro, aún con la firma fresca.
-Si, tenía razón. Le hacía falta un poco de verde.

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Hola!!! Como están? Yo escuchando a Vivaldi (soy re culta :siclaro:)Perdón si tardé un poco en subir, es que empezaron las clases, y junto con las de inglés (me tocan exactamente los mismos dias de inglés y de uni), sumado a los perros viajes en colectivo, hacen que no tenga ni ganas de escribir, sólo dormir jajaja. 
Para las que preguntaron si en todos los capitulos la chica ésta iba a matar alguien, les digo que no, en los próximos se calmará un poquito (un poquito nada mas jaja)
Bueno, me despido de todas, besos!

lunes, 20 de agosto de 2012

Secretos Compartidos Capitulo II


Mélisande contó por décima vez el dinero. Lo guardó en su bolso y salió del departamento. Guardó las llaves en un bolsillo de su chaqueta y saludó con una inclinación de cabeza a la única vecina en todo el edificio con la que cruzaba escasas palabras. Tomó la calle y caminó, rumbo a la disquería mas cercana. Al llegar, vio lo que ya se imaginaba: una larga fila de gente, casi todas muchachitas, esperando ansiosas su turno para comprar el último álbum que The Beatles acababa de sacar  a la venta. Miró fastidiada a todos y se cruzó de brazos, ocupando el último lugar. Sería una larga espera escuchando grititos y conversaciones tontas de todas esas niñitas. ¿Acaso no había nadie que tuviera otros temas de conversación que no fueran de qué color eran los ojos de Paul?



-Pregunto: ¿es necesario pasearnos frente a todas las disquerías para ver si hay alguien con cara de asesino? –Paul se veía realmente molesto.
Y no era sólo él. El resto de sus compañeros le daba la razón. Estaban todos metidos dentro del auto de Dobb, recorriendo la ciudad, y tratando de dilucidar en el rostro de alguien a un posible criminal.
-Esto es una estupidez. Ahora entiendo porqué la policía nunca resuelve nada. Si hacen estos procedimientos....-agregó John.
-Además, está todo lleno de chicas, es obvio que ninguna de ellas sería una asesina en serie –dijo Ringo, bostezando.
-Y lo peor es que alguna puede reconocernos, por mas que estemos disfrazados con estas porquerías –George se rascó la cara, cubierta por una barba falsa, de plástico.
-Creo que usted tiene un modo de pensar naturalista. Cree que, dependiendo de cómo sea la cara, el cuerpo, o la familia de alguien, puede ser asesino, médico, o trapecista de circo.
Dobb escuchaba todas las quejas pacientemente, pero no respondía. Tenían razón, el procedimiento era ridículo, pero por algo había que empezar.




-Al fin –dijo mirando al vendedor y poniendo su bolso sobre el mostrador.
-Disculpe señorita, usted habrá visto la cantidad de clientes que ha venido hoy.
-¿Que si los vi? Mas de una hora llevo esperando.
-¿Y qué va a  llevar?
-Lo mismo que han comprado todos.
-Ah, yo pensé que....
-Lo mismo –respondió, casi traspasándolo con la mirada.
-De acuerdo. Aquí tiene.  –le dio el disco, y Mélisande, sin decir una palabra mas, dejó el dinero perfectamente contado en la mano del vendedor.
-Qué tenga buen día
Salió sin responderle, y caminó apresurada, ocultando el disco bajo su impermeable, ya que lloviznaba. Compró algunos comestibles en un supermercado y se dirigió a su casa.

Cerró la puerta del ascensor de un golpe, y escuchó la voz de otra de sus vecinas, una a la que despreciaba.
-¡Jovencita! No debe colgar esas porquerías aquí –la mujer señaló unos dibujos pegados en la parte exterior de la puerta del departamento de Mélisande. Estaban hechos por ellas. –Eso rompe con la estética del edificio.
La chica sólo la miró, entre indiferente y ofendida, se acercó a su puerta, colocó la llave y la giró, para luego entrar y cerrar dando un portazo y dejando a la mujer hablando sola. Dejó las cosas sobre la mesa de la pequeña cocina y fue hasta su habitación, que estaba a oscuras. Encendió el velador y colocó el disco recién adquirido en el tocadiscos. Se tiró en su cama, a escucharlo tranquila.

Cuando la púa llegó al final, ni se molestó en sacar el disco de la bandeja. Se quedó allí, escuchando el ruido, mezclado con el barullo que provenía desde la calle, mientras contemplaba la tapa del disco. De pronto se puso de pie, guardó el disco y abrió su armario. De entre un pilón de ropa sacó una bolsa plástica de color azul. La abrió para comprobar que estuviera allí su pequeña hacha. Se dirigió a la cocina, y abrió un cajón de la mesada. Se colocó unos guantes de látex que había allí, y salió del departamento, con tranquilidad. Caminó sin prisa el largo del pasillo. Nadie andaba por allí, era la hora del almuerzo y todos estaban en sus casas. Podía escuchar el ruido de ollas, de niños gritando, de televisores encendidos. Llegó a la puerta del final del pasillo, y golpeó, no quería tocar el timbre. Esperó, hasta que la arrugada cara de su vecina al fin se asomó.
-Hola. Me gustaría hablar con usted. –dijo casi sin una expresión en su rostro.
La mujer la miró de arriba a abajo, desconfiada. La volvió a mirar a la cara y esta vez se encontró con una sonrisa casi angelical.
-Pasa –abrió la puerta completamente y Mélisande entró, mirado a todos lados.
La mujer cerró la puerta y se disponía a echarle llave cuando escuchó un ruido, parecido al de una bolsa, quizás la bolsa que vio que traía la chica en su mano izquierda. Quizo voltearse a ver, pero no pudo. Antes, Mélisande le aplicó un certero golpe en la parte superior de la cabeza. La mujer cayó desplomada, con el hacha incrustada, mientras la sangre brotaba a borbotones. Mélisande, inmutable, sacó el hacha de la cabeza de la mujer y rápidamente la envolvió en la bolsa. Miró a su alrededor, en una mesita vio un teléfono, una agenda y un lápiz. Lo tomó y escribió en la blanca puerta el título de una de las canciones que hacía minutos había escuchado: “What you’re doing”. Dejó caer el lápiz, ensangrentado porque lo había tomado con sus guantes sucios, y abrió cuidadosamente la puerta. Miró a todos lados: seguían con su almuerzo. Salió al pasillo, dejando la puerta abierta, caminó con la misma tranquilidad, pero cuidando de no tocar nada, o de dejar huellas, y con un pie empujó la puerta de su casa.





-Tengo hambre. –repetía George constantemente. Dobb estaba perdiendo la paciencia. Era la hora del almuerzo y todos tenían hambre, pero aquel chico parecía querer recordárselo a cada instante.
El radiotransmisor que tenía instalado en su auto comenzó a sonar. Era la policía, pidiendo contacto con él. Dobb estaba a punto de tomar el pequeño transmisor, pero Ringo se le adelantó.
-¡Aquí el inspector Ringo! –los demás estallaron en carcajadas, mientras que del otro lado se hacía un silencio casi sepulcral.
-¿Pero qué haces? –gritó Dobb, tratando de arrebatárselo y a la vez conducir el auto.
-Oiga, va a chocar.
-¡Por tu culpa! ¡Dame eso!
-Pero toda mi vida quise hacerlo.....-Ringo puso su mejor cara de niño compungido.
-A mi no me convences con esas caras. ¡Dámelo! –con cierto temor, Ringo le alcanzó el transmisor, que Dobb tomó con violencia. –Aquí Dobb, ¿qué ocurre?
-Dobb –se escuchó del otro lado –se ha encontrado el cadáver de un femenino.
-Oh no....
-Ey Dobb, creo que esto tiene que ver con....bueno, ya lo sabe, las inscripciones esas......
Los cinco se miraron preocupados.
-No digas nada, Wilson. Pásame la dirección.
Wilson le dictó la dirección, que Dobb memorizó automáticamente.
-Bien, ya escucharon, otro mas. Los llevaré a su casa, cualquier novedad me comunico con ustedes enseguida.
-¿No puedo acompañarlo?
Dobb miró hacia el asiento trasero, para comprobar que el que hablaba era John.
-¿Tú?
-Si, yo. –respondió seguro, ante la mirada desconcertada de sus amigos.
-¿Quieres ver sangre?
-No...
-¿Y entonces?
-Es que....no lo sé, de algún modo estamos metidos en esto....Quisiera ver qué se hace, y esas cosas.....
-Mmm...podrías acompañarme a interrogar a los vecinos o familiares. Eso sí, te disfrazas mejor, no quiero escenas de histeria colectiva.
-John, ¿estás seguro? –preguntó Ringo, preocupado.
-Si, tengo curiosidad.....
Dobb dejó a cada uno en su casa, y se dirigió a la escena del crimen acompañado por John. Mientras conducía, vio de reojo a John, que simplemente silbaba mirando por la ventanilla del coche. Le extrañaba la actitud del joven, no podía saber si quería acompañarlo para sólo divertirse viendo algo nuevo, o si en verdad estaba interesado en lo que estaba sucediendo.
Cuando llegaron, el edificio estaba rodeado por un cordón policial, y ya había algunas cámaras de televisión.
-Venga por aquí, Dobb –dijo un joven agente, indicándole el camino -¿Quién es él?
-Oh, es mi....sobrino –miró a John –No se preocupe, está por graduarse de médico forense,  no molestará.
John rió por lo bajo, y Dobb lo miró con severidad.
-Será un gusto tenerlo trabajando con nosotros, cuando se gradúe –dijo el agente.  John sólo le sonrió y asintió con la cabeza, tenía miedo de que lo reconocieran si hablaba.
Llegaron al departamento de la mujer, que aún tenía la puerta abierta. Estaban colocadas las cintas con la leyenda “Peligro”,  y había varios policías apostados., vigilando que nadie se acercara. Al ver a Dobb, le dieron paso. Entró, pero John decidió quedarse afuera.
-Puedes pasar, ya no hay nada, al cuerpo se lo llevaron los médicos.
John entró, desconfiado, mirando a todos lados. Vio como unos cinco hombres, entre policías y peritos, guardaban en bolsas especiales todo tipo de objetos que pudieran ayudar a la investigación.
-Aquí está la inscripción –John miró hacia la puerta que estaba detrás suyo, la que señalaba uno de los policías mientras recogía un pequeño lápiz ensangrentado.
-What you’re doing......La culpa es de Paul –trató de ponerle humor, pero sólo se ganó una mirada de reprobación por parte del inspector.
-Salgamos a recorrer, quiero escuchar qué dicen los vecinos –Dobb salió seguido por John. Varios vecinos estaban en la puerta de sus departamentos, asustados o charlando entre ellos sobe los sucedido –Bien, mi nombre es Dobb, inspector de policía. Les haré algunas preguntas. ¿Conocían a la mujer?
-Oh si, era una buena vecina –contestó una anciana.
-¿Nadie sabe si poseía algo de valor que quisieran robarle, o algún tipo de enemigo?
-Era una anciana jubilada, ¿qué dinero puede tener? ¿O qué enemigo? –dijo un hombre mayor, algo enojado.
-¿No escucharon nada? ¿El timbre, por ejemplo?
Todos negaron, menos otra mujer.
-Susan salió a hacer compras y cuando volvió notó que estaba abierta la puerta de la casa de la señora Pickwick. Se asomó y......la vió.
-¿Dónde está esa señora Susan?
-Ya la llevó la policía para que declare.
-Gracias por adelantarse, queridos agentes....-masculló Dobb –Seguiré preguntando al resto de los vecinos.
-Ya estamos todos –dijo el hombre mayor, con el ceño fruncido –Al menos los de este piso.
-No, Gerard –le respondió la anciana –Aún falta la muchacha que vive en el “F”, pero creo que no está, sino ya se hubiera asomado a ver qué pasa.
-Quién sabe, esa chica es rara.
Dobb dejó a los vecinos hablando y fue hasta el departamento “F”.
-Cuántos dibujos –dijo John mirando la puerta.
Dobb tocó timbre y al cabo de unos minutos, la puerta se abrió y apareció una chica hermosa.
-Soy inspector de policía, ¿puedo hablar con usted? -La chica sólo asintió con la cabeza –Sólo es para hacerle unas preguntas sobre la muerte de su vecina.
-¿Muerte? –preguntó sorprendida.
-¿No lo sabía? La señora del departamento “A” apareció asesinada.
-Ohh no, qué horror....no lo sabía. ¿Cuándo fue?
-La encontraron hace casi una hora. ¿No escuchó todo este barullo? –dijo haciendo referencia a los vecinos en el pasillo, la policía que iba y venía y algunos médicos.
-Estaba dormida.....
-Entonces no creo que pueda hacerle las preguntas. ¿En estos días no vio a nadie sospechoso por aquí?
-No, no, sólo a los vecinos de siempre.
-¿Usted conocía a la mujer?
-Si, si, era muy buena.
-¿Puede darme su nombre y apellido?
-Mélisande Leroux
-¿Cómo?
-Mélisande Leroux –repitió, y levantó la vista.  Y lo vio. Era demasiado parecido. Él se giró para mirar a su derecha, ya que desde allí provenía un fuerte ruido, probablemente del departamento “A”.
Dobb terminó de apuntar el nombre de la chica.
-Gracias por su ayuda –saludó. Pero Mélisande no le contestó, seguía con la mirada clavada en ese tipo tan parecido a alguien, que ahora también la estaba mirando a ella, aunque sus ojos denotaban sorpresa, o temor. Sí, era él. Los tenía demasiado estudiados como para no darse cuenta.



-Oiga –dijo John luego de cerrar la portezuela del auto –esa chica....
-¿Qué chica?
-La última que vimos, la del nombre raro.
-No es un nombre raro, es un nombre francés.
-Lo que sea. Creo que me reconoció.
-¿Cómo te va a reconocer? Estás muy disfrazado.
-Los fans son así.
-¿Fans?
-Bueno....no sé si lo sea, pero vi un poster pegado en una pared. Creo que éramos nosotros, usted vio que apenas entreabrió la puerta.
-Si, si. Pero no creo que te haya reconocido.
-Eso espero.....


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Hola!!! acá yo de vuelta, trayéndoles otro capi de esta cosa fea jajaja. Me resulta re extraño escribir con "Tu", cuando estoy acostumbrada al "Vos", pero bueno, es para darle seriedad, porque el argentino me parece muy jodón, es mas para algo chistoso y no para cosas donde la chica linda de la historia anda asesinando viejas jajajaja.
Espero que les guste :)
Un beso a todas!

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