martes, 26 de mayo de 2015

Revolver - Capitulo 5 "El tiro por la culata"




Llegaron al estudio, bajaron de sus coches, y se miraron. Poco les importó que las fans estuvieran rodeándolos, lo que querían era asegurarse que los cuatro habían visto lo mismo. No precisaron palabras, sólo asintieron y entraron.
–Llamá ya, pero ya, a Brian. –le ordenó John a Paul. Él le obedeció sin chistar, sabía que John tenía razón, había que informar enseguida sobre lo que habían visto.



–¡Lo logramos! Sooomos genias somos genias somos geniaaaas –cantó Chloe mientras conducía.
–Pobrecitos, sus caritas de susto…Pero bien dicen que el fin justifica los medios.
–Además en unos días olvidarán el trauma, supongo que no serán tan gallinas de estar muertos de miedo por lo que hicimos, ¿no?
–No, para nada, son valientes, estoy segura.
Chloe dobló rápidamente y entró por al camino de la casa, hasta meter el coche dentro de uno de los garages, pensando en que debía deshacerse pronto de ese auto y del auto que habían usado para robar el banco. De pronto, tuvo una gran idea.




–¿De qué te reís tanto? –John le arrebató el auricular a Paul. Estaba indignado, Brian sólo se reía de lo que les había sucedido.
–Están paranoicos, seguro eran un par de fans.
–Las fans no hacen eso. –replicó, más serio que nunca–Las fans se nos tiran encima, lloran, se arrastran, gritan, se arrancan los pelos. No pasan con un auto delante nuestro disfrazadas del KKK y nos miran amenazantes.
–Sería una simple broma. ¿Desde cuándo son tan gallinas? La gente se enterará y comenzará a gastarles bromas porque sabrán que se asustan con cualquier cosa.
John colgó con un golpe.
–¿Y? –preguntó Paul.
–Nos dijo gallinas.



Sobre la mesa quedaban muchos platos vacíos y dos botellas de vodka: una para Dimitri, y otra para las chicas.
–Oigan, ¿por qué yo sólo tomo de aquella botella  y ustedes de otra? No le habrán puesto veneno, ¿no? –preguntó con voz errática.
–Ay, ¿cómo creés eso? –sonrió Chloe–Seríamos incapaces. Es que tu vodka es muy fuerte para nosotras.
Miró a Zettie, esta sonrió y le dio un trago a su “vodka”. En realidad, la botella de ellas sólo tenía agua, a ambas les gustaba tomar, pero esa noche querían tener alertas a todos sus sentidos y sabían que un poco de alcohol las descontrolaría.
–Les pasa por ser mujeres. El triste sexo débil, no aguantan ni un sorbo de vodka. –Dimitri se tomó de un saque otra copita y la apoyó con un golpe sobre la mesa–Dame más Zettie, dejá de mirarme con esos ojos de pescado.
Se puso de pie, pero Chloe le hizo un gesto para que se calmara. Sin decir nada, llenó otra vez la copita de Dimitri, que nuevamente se la empinó tragándose todo.
–Ahh…este es el mejor vodka del mundo, directo de la estepa rusa. ¿Alguna vez fueron a Rusia? Deberían ir, es…
–Dimitri tenés que hacernos un favor. –Chloe lo interrumpió, estaba harta de escucharlo.
–Cualquier favor les haría a dos muñecas como ustedes. No son como las rusas, que son bien rubias y altas, y pechugonas, pero no están mal. ¿A quién mato?
–A nadie, sólo debes hacer una llamada.
–¿Llamada? Si es a los Estados Unidos la haré con gusto, les diré que llegaremos antes a la Luna, que haré volar su estúpido país, y que todo el mundo será ruso.
–No es a los Estados Unidos, es aquí, a Londres.
–Vaya, qué desilusión. Llamada de corta de distancia, pues. –soltó una risita y se sirvió más.
Zettie agarró el teléfono que estaba sobre un mueble cercano y lo puso delante de él con un golpe tan fuerte que le arrancó un pequeño “ring”.
–Es una llamada importante. Dirás esto.
Dimitri agarró el papel que Zettie le tendía. No podía distinguir bien las letras así que comenzó a reírse.
–Si va a estar riéndose se darán cuenta que está borracho y creerán que es una broma. Así no podemos.
Chloe sólo asintió, comprendía bien la preocupación de su amiga. Vio a Dimitri, que seguía riéndose de vaya a saberse qué, hasta que escuchó un “click” que conocía muy bien. Levantó apenas la vista, vio a Chloe con un arma apuntando directo a su frente.
–Dejá de hacerte el idiota o esta noche dormís en el Támesis.
–E…es…está bien. –parecía que la borrachera se le había pasado en un instante–¿Qué hago?
Con un movimiento de cabeza, Chloe le señaló el papel que había dejado en la mesa. Zettie marcó el número y le pasó el auricular a Dimitri.
–¿Podrías…bajar el arma? –suplicó.
Sin decir nada, Chloe se la calzó en la cintura. Dimitri temblaba con el auricular en la mano, no distinguía bien las letras porque tampoco sabía leer bien, pero sabía que cualquier error le costaría caro. Lamentó estar tan mareado como para ni siquiera poder sacar su propia arma.
El tono sonó varias veces hasta que al fin alguien contestó al otro lado.
–¿Señor Epstein? –leyó Dimitri–¿Brian Epstein?
–Sí, soy yo.
–Quería decirle que nos gusta mucho su banda, esos cuatro chicos. De hecho, nos gusta tanto que los mataremos a todos.
Dimitri tembló una vez más al leer eso. Se hizo un silencio, Chloe y Zettie pegaron más sus orejas al auricular. Se oyó una fuerte respiración.
–¿Quiénes son?
–Personas que ya no quieren oir más a esos cuatro herejes. Que no se cuiden mucho, no servirá de nada.
Dimitri vio que ya no había nada más escrito en el papel y colgó.
–¿Quiénes son los cuatro herejes?
–Nadie. –sonrió Zettie, sirviéndole más–Lo hiciste muy bien.
–¿Y qué gano yo con esto?
–El vodka que te estás tomando, que bastante caro salió. ¿Acaso no sabés hacer un favor?
–No. Quiero algo a cambio.
–Te daré un auto. Es un Porsche amarillo, lo conocés.
Zettie la miró sin comprender. Chloe se acercó a ella, y le susurró.
–Es la única forma de sacarme ese auto de encima, si lo vendo nos pueden descubrir. Y si buscan el auto, encontrarán a Dimitri.
–Pero él puede decir que vos se lo regalaste.
–Por favor…¿quién le creería a un ruso indocumentado que quiere volar los Estados Unidos?
Se volvieron a mirar a Dimitri, que tomaba y hablaba sobre lo que haría con el auto amarillo. Sonrieron.




–¿Y ahora quién es la gallina?
Todos hubieran reído pero estaban demasiado preocupados.
–No es chiste, John. Aunque sin embargo, sigo creyendo que puede ser una broma de muy mal gusto.
-Ah claro, que nos quieran matar a los cuatro ahora es una broma.–dijo George–Es una amenaza bien clara, lo que pasa es que no la querés ver.
–De todos modos, ¿por qué nos querrían matar? –preguntó Ringo–Cualquier haría volar a los Estados Unidos, no a los Beatles.
–Porque somos herejes y tenemos hartos a un grupo de gente con nuestra música-respondió Paul–Pero…¿ven? Eso es lo raro, ¿sólo porque están cansados de nosotros nos matarían? No creo que haya gente tan loca.
–¿Ah, no? Pues la hay, y para que nos callemos nos tienen que matar.
Brian asintió apagando su cigarrillo en el cenicero.
–Tanto Paul como George tienen razón. Parece una reacción desmedida, pero hay gente así. Esperaremos, si no hay más  amenazas, todo habrá sido una broma. Tengan paciencia, no desesperen.




Chloe despertó, era tarde pero aún tenía sueño. Sin embargo, la aspiradora de Dolores andaba cerca y ella odiaba a esa aspiradora, ¿no podía limpiar en otro momento? ¿No existían las aspiradoras ultrasónicas? Dio vueltas en la cama, pero ya no pudo volver a dormir. Miró la hora, eran más  de las once de la mañana. De suerte acertó a encontrar sus pantuflas y se puso de pie, rascándose la cabeza. Salió al pasillo, la aspiradora dejó de funcionar. La maldijo, fue caminando hasta la habitación de Zettie  pero sólo encontró el revoltijo habitual, no había ni rastros  de la chica. Se llevó por delante una mesita.
–¡Ayyy, puta mesa! ¡Te incendiaré y compraré otra!
Bajó hasta la cocina rengueando, llamando a Zettie, y pensando que ese día ya había comenzado muy mal. Por ningún lado había nadie. Cuando llegó a la sala, se encontró con Dimitri tirado sobre la mesa.
–¿Pero qué hace éste acá? ¡Zettie te dije que lo metieras en un taxi y que lo mandaras a la casa! ¡Zettie!
–Señorita…
Sobresaltada se dio vuelta, vio a Dolores y su aspiradora maléfica.
–Ah, Dolores, disculpá esto. –señaló a Dimitri.
–Lo quise despertar pero habla raro, no sé qué dijo y se durmió otra vez. Aunque parece desmayado.
–No te preocupes, es…un amigo. Lo llevaré a su casa, ¿viste a Zettie?
–Salió  temprano.
Se encogió de hombros y como pudo levantó a Dimitri.


No hacía ni cinco minutos que había vuelto a su casa después de llevar  a Dimitri a la suya, cuando vio que un auto rosa entraba lentamente por el camino de piedritas de la casa, estacionaba frente a la puerta, y de él bajaba un muchacho y Zettie. El muchacho le dio unas llaves a Zettie, y se fue caminando.
–¿Se puede saber qué es esto?
–Buen día Chloe, te presento a…¡mi auto!
–¿Tu qué?
–¡Mi auto! El último Cadillac recién salido de fábrica, mirá, sentí qué olor a nuevo.
–¿Para qué querés un auto sino sabés conducir?
–¿Acaso la única que puede tener siete, sí, siete autos, sos vos? ¿Por qué no puedo tener uno yo?
–¡Porque no sabés conducir!
–Ay me da igual, tendré chofer. Miralo, ¡es rosa!
–Ya veo que es rosa…Ey, no está nada mal…-abrió una de las portezuelas y comenzó a mirarlo por dentro–Está espectacular. Bien, te felicito. Pero lo usarás sólo cuando tomes clases y sepas bien.
–Sí, sí, lo que digas.  –respondió lanzando las llaves al aire y volviéndolas  a agarrar.
–Tenemos que hablar del ruso.
–A ese hay que matarlo.
–¡No! ¿Cómo se te ocurre?
–A la larga va a hablar, contará todo, nos hundirá. Anoche tendrías que haberlo matado, estuviste ahí nomás de hacerlo. Total, un ruso más, un ruso menos...
–No, no, no dirá nada, esta tarde le llevaré el auto, si habla nadie le creerá. Ah, y te dije que lo mandaras  a su casa, no que lo dejaras dormir toda la noche en nuestra sala.
–Tenía sueño, me olvidé de él.
–Pero tuve que llevarlo yo, ¡casi vomitó en mi Ferrari! ¿Te das cuenta si hacía eso? Ahí sí que lo mataba sin pestañear, por suerte me lo saqué de encima tirándolo desde el auto en movimiento. Se golpeó un poco pero le sirvió para que se despertara. Y vos, paseándote en un Cadillac nuevo con un muchacho.
–Lo hubieras visto, es el de la concesionaria, le pedí su número de teléfono.
–No es momento para andar levantando hombres. Estamos en algo delicado, tenemos que cuidarnos de todo.
–¿Nuestro plan habrá funcionado?
–No losé…Es algo que no lo veremos en la prensa, nadie se atrevería a publicar un titular que diga “The Beatles amenazados por grupo terrorista” Se desataría una paranoia colectiva. Anoche Dimitri lo hizo muy bien, a cualquiera asustaría mucho una llamada así, pero la policía es más dura de convencer…
–Habrá que meter más  presión entonces. ¿Qué tal si secuestramos a alguno?
–No, no, secuestro no, eso sería lo último. Otra aparición como la del otro día  podría funcionar. Iré yo sola esta vez, para que se desconcierten.
–¿Y si te pasa algo?
–No pasará nada, ¿qué puede hacerme John Lennon?




–Dolores, ¿te gusta mi auto? –Zettie no dejaba de pasearse alrededor del Cadillac. No tenía nada que hacer, Chloe estaba asustando a Lennon y ella ya se había aburrido de contar billetes.
–Claro que me gusta, ¡adoro el rosa!
–Lo mandé a pintar así, ¿no es genial? Mirá, entrá. –abrió las puertas, Dolores se metió adentro.
–Nunca estuve en un auto así…
–¿Qué te parece si vamos a dar una vuelta?
–Pero…¿usted sabe conducir?
–¡Pfff  por favor! La duda me ofende, claro que sé.
–Si es así, ¡acepto!



Llevaba casi una hora esperando y durmiéndose dentro de su auto. Puso la radio y comenzó a tararear algunas de las canciones que sabía, pero el sueño la vencía. Recordó a la aspiradora endemoniada, cuando volviera la pondría en la basura.
De pronto lo vio salir y caminar por el parque de su casa.
–John, por Dios…qué lindo sos. ¿Y si me quito esta ropa del cura y me acerco en son de paz? No Read, calma, tu papel es el de un kukuxklanero.
Puso su mejor cara de amenaza, pero John no reparó en ella.
–Cierto que es miope, ¿cómo va a ver a un auto y a alguien que está dentro de él? Iré más cerca, el movimiento le resultará sospechoso.
Puso en marcha el auto, avanzó unos metros  y se detuvo. John la vio, pero no estaba segura de que la haya visto bien.
–John, yo lamento esto, la verdad…
Puso atención en todos sus movimientos, sacó los binoculares que tenía en la guantera para verlo mejor. Vio que John entraba  a su coche y salía lentamente de su casa. Al fin la vio, y ella se enterneció con su cara de susto. Lo siguió unas cuantas calles hasta que dobló y volvió a su casa. El deber ya estaba cumplido.
Sin embargo, al llegar, vio humo. Le extrañó, eso no era para nada normal. Entró por el camino que atravesaba el parque y vio el desastre.
–¡Zettie! –gritó al salir precipitadamente de su auto.
–Hola…-la chica la saludó con timidez–Choqué.
–¡Ya veo que chocaste! –vio al flamante Cadillac estampado y echando humo contra uno de los árboles del parque.
–Lo mandaré a arreglar…
–¿Arreglar? ¡Está hecho pedazos! ¡Estás loca, te dije que tenías que tomar clases!
–Pero lo hizo muy bien, paseamos por el centro y no pasó nada. –Dolores se acercó, sonriendo–El problema fue cuando entramos.
–Doblé para el otro lado y en vez de frenar, aceleré. Ay no hay problema, compraré otro.
–Un momento, un momento. ¿Saliste al centro? ¿Y con Dolores?
–Ehh…sí.
–¡Loca! Mirá si chocabas a alguien o si le pasaba algo a ella, iba a venir el Sindicato de Sirvientas y nos dejaría más pobres que nunca. Tendría que echarte de la casa, pero no lo hago porque la mitad es tuya.
–Perfecto, en una mitad vivís vos, y en la otra yo. Y se acabaron los negocios.
–Ey, ey, ey, no te es para tanto. ¿De qué vamos a vivir? Zettie sos muy buena para rob…digo, para los negocios, pero sos  un desastre al volante. –le sonrió a Dolores, que las miraba extrañada.
–¿Qué negocios hacen?
–Nada, vos ocupate de la aspiradora, la tiraremos y compraremos otra.
–Señorita Chloe…¿Por qué está vestida así?
Se dio cuenta que aun tenía puesta la ropa del cura.
–Fui a…a una fiesta  de disfraces.





–¡Basta, esto es demasiado!
John entró agitado a la oficina de Brian, que lo miró desconcertado y luego miró al Inspector de la policía.
–¿Qué te pasa? ¿Por qué entrás así?
–Mirá Brian, vos dirás que todo es una broma, pero no es así. Había uno de esos de blanco, en la puerta de mi casa. Me siguió.
–Ya no lo tomo como una broma, por eso estaba charlando con el Inspector Connor. ¿Estás seguro que era como los que los siguieron la otra vez?
–Sí, era igual, pero en otro auto. –se sentó en una silla y le quitó de la mano al Inspector su vaso de agua.
–¿Era un hombre? –preguntó éste, mirando a su vaso–¿O era una chica?
–No, no, reconocería a una chica en cualquier parte.
–Les avisaré a los demás, para que estén atentos. –Brian levantó el tubo del teléfono–¿Qué haremos, Inspector?
–Hay que actuar rápido, la prioridad es que estén bien protegidos. Sé que es muy importante para ustedes que esto no se sepa, y ponerles una guardia policial no sería discreto, muchos se darían cuenta que algo pasa. Lo ideal sería que se retiraran por un corto periodo de tiempo.
–¿Vacaciones? Eso no estaría mal.
–No me refiero a vacaciones, señor Lennon. Esta gente tiene contactos en todo el mundo, en cualquier parte a la que vayan estarán vigilados por ellos, y eso requeriría más policía detrás de ustedes. Tendrían que quedarse en Londres, cerca de nosotros, pero a la vez cuidados por gente más especializada, gente que cuide a personalidades importantes. Deberían quedarse con esas personalidades, no habría sospechas, estarían cuidados…
–¿Y quiénes podrían ser esas personalidades? Sé que nadie se negaría a tener a The Beatles bajo protección, pero creo que deberían ser personas que no tengan problemas ni conflictos, para que no afecte a la carrera de los chicos.
–Tiene que ser gente que no sea conocida, lo importante es que nada llame la atención, los periodistas son muy listos.
Brian colgó, todo lo que el Inspector Connor decía era extraño pero parecía una buena solución, sólo faltaba que sus chicos quisieran pasar una temporada con gente como la que Connor proponía.
–Hay dos chicas….-continuó el Inspector–Son bastardas de la reina, por lo tanto tienen la mejor seguridad, y nadie las conoce.
–¿La reina tiene bastardas? –John rió pero de inmediato se puso serio–Perdón pero suena increíble…
–Las tiene, sí. Las conocí en una fiesta...Son educadas, gentiles, tienen mucha clase. Hablaré con ellas cuanto antes, me parecen la mejor solución.



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Volví después de más de un mes, pero volvi! Espero que les guste este capitulo bien loco, les aviso que seguirán más locuras!
Saludos!




sábado, 25 de abril de 2015

Revolver - Capitulo 4 "El mejor plan del mundo"



Zettie pestañeó una vez, dos veces, tres veces. Abrió la boca y la cerró. Luego la abrió otra vez.
–Chloe…dije algo grave pero que no les hiciera daño. Meter a un tipo para que se inmole en su avión los lastimará un poco. Te veo mal, ¿por qué no te acostás?
–No estoy mal, estoy mejor que nunca porque se me ocurrió una gran idea. Yo no dije nada de inmolarse, sólo dije terroristas.
–Bueno…convengamos que es más o menos los mismo. Mirá, esto no me está gustando nada, mejor…
–¿Qué? ¿Te vas a abrir? Las dos estamos en esto.
–Llegó el momento de crisis en el que los delincuentes comienzan a pelear…No dije que me voy, pero creo que tu idea es muy riesgosa y todo puede salir mal.
–Nada saldrá mal, porque sólo será simulación. Un simple susto, para que dejen de ocuparse de nosotras porque los Beatles están amenazados por un grupo terrorista. Será fácil, con que nos disfracemos de hombres árabes y los miremos de lejos y después hagamos una llamada con amenazas, la policía se desesperará por buscar a los árabes y como por arte de magia, se olvidarán de nosotras.
–Mmm…¿y si justo nos encontramos con árabes de verdad y nos ven así vestidas y…?
–Ay eso sería mucha casualidad, ¡dejá tu cuota de pesimismo para otro día!
–Está bien, pero sin embargo no quiero que seamos árabes, no quiero problemas con esos países, mejor seamos del Ku Klux Klan.
–Ey…eso es bueno, ¿eh? Además ya estuvieron amenazados por esos. Si ven a un par de ellos mirándolos, tendrán miedo, y si después los llama alguien...me gusta la idea. Pero el que llame debe ser un hombre, si son mujeres pueden sospechar porque ya saben que fueron dos mujeres las que robaron el banco.
–Le decimos a Dimitri, habla raro y causará más impacto.
–Sí…-Chloe pensó que decirle a Dimitri podía ser bueno, pero a la vez malo. No quería que el ruso se enterara de su gran plan, querría formar parte, sacar tajada, y no tenía ganas de luchar con eso y con su insoportable acento ruso–Lo emborrachamos un poco, le damos un teléfono y le decimos que repita que los Beatles están en peligro. Sonará amenazador, y él al día siguiente ni se acordará.
–La pregunta principal es ¿de dónde sacamos ropa del KKK?
–Qué fácil, le pedimos algo parecido al cura de la capilla que está acá cerca. De paso, entro a una iglesia.







Brian, por primera vez, notaba el gran negocio que tenía en sus manos siendo manager de los Beatles. En unos días casi habían recuperado la mitad de lo que les habían robado, lo cual le daba la pauta que en una semana tendrían todo nuevamente. Si bien ya sabía que lo que ellos tocaban lo convertían en oro, nunca lo había tenido tan evidente frente a sus ojos, con los  números que crecían a la velocidad de la luz. Normal que sus cuatro chicos apenas si se preocuparan por el asunto. 
–Si es sólo dinero. –repetía George encogiéndose de hombros–Si alguien lo robó es porque lo necesitaba, lo ayudamos.
–George, si querés hacer filantropía hacela de otra forma. ¿Con qué pensás que pagás toda la comida que tragás por día? Con dinero. Así que no le restes importancia.
–Mi padre ganaba muchísimo menos y a mí nunca me faltó comida, y siempre comí mucho. Quiere decir que no es necesario tanto dinero. Aparte no sé de qué te quejás, ya recuperamos casi todo simplemente posando para una revista y yendo a un programa de televisión.
–George tiene razón.–dijo Ringo–En total habremos estado cuarenta y cinco minutos, y recuperamos los diez millones. No veo porqué tanto problema en saber quién robó.
–Los debe estar disfrutando en Aruba, el muy maldito.
–Paul, no seas agarrado. –se quejó Ringo–Como si no tuvieras qué ponerte o con qué pagar una gaseosa.
–Es que el hecho de que hayamos recuperado todo no significa que dejemos que los ladrones anden sueltos. Además no se llevaron sólo dinero, había muchos papeles importantes.
–Papeles que aún no recuperé.







–¿Cómo sabremos cuál es su número de teléfono? Ya busqué “Beatles” en la guía y no están.
Chloe rodó los ojos.
–Hablás en broma, ¿no?
–Por supuesto, no soy tan tonta. Pero aún así, no tenemos su número.
–Qué mal, había pensado todo menos eso. Y no tenemos ningún contacto para que nos diga…Mmm…tenemos que conseguir eso sí o sí o se va todo al traste.
–Chloe, ¿junto con el dinero no habíamos llevado unos papeles? Aparte del que rompimos peleando por las firmas.
–Sí, había papeles que no entendí de qué eran. Creo que no los tiré a la basura, siguen en la bolsa del dinero.
–Quizás ahí haya un número, aunque sea el de uno de ellos, o el del manager…Lo importante es que nos comuniquemos.
Juntas subieron hasta el ático y abrieron la bolsa. Sacaron los billetes que aún les quedaban, y en el fondo de la bolsa vieron unos papeles a los que ni habían prestado mucha atención porque no tenían ninguna firma que les interesara.
–Acá hay algo…-Chloe señaló un número debajo del nombre del manager–¿Será este? Por las dudas lo anoto.
Por más que siguieron leyendo los papeles, no encontraron ningún otro dato más, salvo el número del banco y el del estudio de grabación. Consideraron que el del manager sería más directo y que daría más miedo que alguien extraño se comunicara directamente con él. El número del estudio de grabación lo podía tener cualquier bromista.
–Perfecto. ¿Empezamos hoy?
–Claro que sí, Zettie. Vos buscalo a Dimitri, invitalo a que venga a cenar, él solo. Yo iré a hacerle una visita al cura.
Chloe salió en su Porsche amarillo, ya que era sábado y ese día tocaba auto color amarillo. Zettie salió en bicicleta porque el ruso no vivía muy lejos de ahí, y también porque no sabía conducir.






El cura estaba de lo más tranquilo regando las flores del patio cuando escuchó una frenada en seco delante de la capilla. ¿Quién tendría tanta urgencia en rezar? Se asomó y vio a una chica bajarse de un auto amarillo muy llamativo, que se quitó los lentes de sol y le sonrió.
–Buen día, padre. ¿Cómo está?
El cura la miró extrañado, nunca la había visto por ahí y sin embargo ella se dirigía a él con simpatía y como si lo conociera. La saludó con cortesía y le preguntó si necesitaba algo.
–Necesito un favor suyo, sé que podrá ayudarme ya que usted es muy bueno.
El cura otra vez la miró perplejo, ¿cómo sabía que él era bueno? La verdad es que se consideraba así, bueno, un pan de Dios, pero le llamaba la atención que la chica se lo dijera tan abiertamente. Le sonrió agradecido, al parecer su bondad se le notaba mucho y eso podía ganarle el puesto de obispo en poco tiempo.
–Vos me dirás en qué puedo ayudarte hija, pasá.






Dimitri abrió la puerta. Pese a que era casi mediodía, aún estaba durmiendo y le molestaba mucho que alguien tocara el timbre con tanta insistencia a esa hora y menos si era Zettie. La verdad es que la chica muy bien no le caía, más aún desde que le había tirado por la cabeza una fuente de calamares. Se quedó mirándola, sin dejarse engañar por la sonrisa inocente de ella.
–¿Qué? –dijo al fin con sequedad.
–¡Buen sábado!
–Ay no vengas con esa simpatía, que ya nos conocemos. ¿Qué querés?
Zettie rió, no sabía cómo el ruso había dicho tantas palabras juntas sin que se le trabara la lengua una sola vez.
–Venía a invitarte a cenar.
–¿Cuánto me pagarás?
–¿Te tengo que pagar para que vengas? Mirá Dimitri, que conste que yo no tengo ninguna gana de verte, son cosas de Chloe que hoy se levantó bondadosa y quiere alimentar a los pobres inmigrantes indocumentados como vos.
Dimitri captó enseguida la indirecta. Si no iba a esa cena o le daba más vueltas al asunto, Zettie no tendría problema en llamar a la policía para que lo deportaran.
–¿A qué hora?
–Ocho.
–¿Tengo que llevar algo?
–Tu encantadora presencia. –respondió burlona–No traigas nada, ni armas, ni postres.






Chloe se persignó varias veces antes de salir de la iglesia, demostrando cuán devota era. El cura sonreía, feliz de la buena obra que estaba llevando  a cabo. Y es que no todos los días una bella chica le pedía ropa para hacer una representación del nacimiento de Belén en un hogar de huérfanos. Ayudarla también sumaría puntos para el obispado, más porque la chica parecía ser adinerada, no por nada tenía semejante coche, y divulgaría su buen nombre entre sus conocidos. Por lo tanto, pronto sabrían de él las más altas jerarquías eclesiásticas.
Cuando llegó a la casa, Zettie peleaba con la cortadora de pasto, y la estaba agarrando a patadas cuando se calmó al ver los trajes que Chloe traía.
–¡Los conseguiste!
–El cura quedó conmovido con mi obra, le dije que quería hacer una representación con niños de un hogar pero no teníamos ropa adecuada, y me dio estas que usan para las misas.
–Pero…no pareceremos del Ku Klux Klan, pareceremos simples curas…Y estaba pensando otra cosa: ellos están en Estados Unidos, no en Inglaterra.
–Bueno, yo qué sé, esta es la rama inglesa del KKK, o vinieron hasta acá exclusivamente para molestar a los Beatles. ¿Ellos qué saben? Si seguro que ni leen noticias. Y para no parecer curas, ya tengo unas telas para que nos pongamos en la cabeza. No es exactamente el gorro ese que llevan, pero algo es al…-no continuó, le dio un ataque de risa al ver a Zettie vestida con una túnica blanca que le quedaba enorme.
–¿El cura es muy gordo, no? –preguntó desilusionada–Porque me sobra tela por todos lados…
–Cuando Ringo te vea así, no tengo dudas de que se enamorará. –siguió riéndose, hasta que Zettie pudo sacarse la túnica y tirársela–¡Ey! Que el cura será muy inocente pero se dará cuenta si la ropa está maltratada.
–Dimitri va a venir. Ya compré el vodka que le gusta. –Zettie siguió pateando la cortadora–¡Auuu! ¡Me hice daño! ¿Por qué le diste vacaciones al jardinero?
–Dejá eso, tenemos que disfrazarnos. Hay unos Beatles a quienes debemos asustar.





El almuerzo con los directores de la EMI había sido tan aplastado como tenían previsto. Según George, la comida escaseaba; según Paul, los querían estafar; según John aquella gente era muy aburrida; y según Ringo, era mejor quedarse a dormir la siesta en casa.
Salieron del restaurante con cara de pocos amigos, y fue cada uno a su auto. El día no había terminado allí, aún debían grabar unas cuantas tomas de una nueva canción para Revolver. Antes de que entraran a sus autos, vieron a dos personas paradas en la esquina. Las vieron porque les llamaron la atención que estuviesen vestidas de blanco de pies a cabeza.





–Tengo calor.
–Y yo también, Además, creo que este cura tiene piojos, no paro de rascarme. ¡Ahí están!
–Dios, mirá a Ringo…
–Nos vieron. Perfecto. John me vio, no lo puedo creer, si tan sólo no tuviera este disfraz de oveja…
–¿Y ahora nos vamos? ¿Es fue todo?
–Teóricamente sí, pero creo que no nos tomaron como una amenaza, quizás nos confundieron con dos promotores de algo, o simples locos vestidos de blanco. Tendremos que ser más contundentes.
–O sea, que los tenemos que seguir.
–Me encanta que podamos entendernos aún envueltas en estos trapos. Vamos.





Los cuatro conducían por una atestada avenida, todos con las radios a todo volumen. Paul, que iba detrás de todo, vio por el espejo retrovisor a un auto amarillo que le pareció espectacular. Pensó que al día siguiente tendría tiempo de ir a una agencia y encargar uno igual. El entusiasmo por un nuevo coche se le pasó cuando notó que el auto amarillo se le adelantaba y que dentro iban dos personas, las mismas que había visto en la esquina del restaurante. El coche también adelantó al coche de John, y él también vio a las dos personas, lo mismo que Ringo y George. Los cuatro también vieron que esos dos sujetos no les quitaban los ojos de encima y que el auto, pese a ser muy visible, desaparecía mezclándose con los otros en el caos de la calle. Los cuatro tragaron saliva: eso era el Ku Klux Klan, y los tenían marcados. Muy marcados.






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Como siempre, con un mes entre capitulo y capitulo, aparecí yo, que les dejo la cuarta parte de esto. Hoy me inspiré y lo escribí en un rato, aunque quizás sea el cigarrillo de malvones que me armé esta mañana jajaja.
Bueno, espero que les guste, gracias por leer y nos vemos en el próximo. 

lunes, 30 de marzo de 2015

Revolver - Capitulo 3 "Bailando con el enemigo"




Chloe soltó un silbido cuando, al bajarse del coche del fastidioso de Dólar Blue, vio la mansión de Twiggy.
–Esto sí que no me lo imaginaba.
–¿El qué? –Zettie aún estaba dentro del auto–¡Ay no puedo salir! Mi vestido está enganchado, ¡auu! ¡Mi cabeza! ¡Me golpeé con el techo de tu estúpido auto! ¡Ey, Dólar, te estoy hablando!
El hombre hizo como que ignoraba los puñetazos que Zettie le estaba dando a su auto y le ofreció su brazo a Chloe. Ella lo aceptó con un dejo de repugnancia.
–Odio este vestido, y estos zapatos, y este bolso cursi, y este peinado, y este maquillaje pegajoso, y este…
–Zettie pará de quejarte. –Chloe le dirigió una sonrisa que a la vista de cualquiera parecía afable pero Zettie sabía que quería asesinarla y lo haría si no dejaba de comportarse mal. Caminó hasta ella, zafándose del brazo de Dólar–Sé que no tenés ganas de estar en esta fiesta, yo tampoco, pero esforzate unas horas y nos vamos. ¿Has visto qué casa?
–Cómo no verla, si es gigante. ¿Estás pensando lo mismo que yo?
–Exacto, colega. Tomemos nota de todas las puertas y ventanas y si tienen un perro malo.
Dólar Blue las miraba intrigado, sólo oía susurros y no entendía nada.  La intriga se le pasó cuando Chloe  tomó su brazo nuevamente y fingió una sonrisita para él. Las presentó ante todos y luego se extrañó de que las chicas, que parecían tan sociables, se hubieran refugiado en un rincón a cuchichear y a mirar por encima del hombro al resto de los invitados. Manías de niñas nobles, se dijo.
–Me aburro.
–Chloe, quiero pizza, acá sólo hay pescado crudo. Pero una pizza como las que hace Vicente, ese italiano hace magia con la comida.
–Y con las cajas fuertes, y las pistolas, y ocultando los cadáveres que deja su familia por todo Nápoles.
–Bueno, no entremos en detalles, a pesar de todo es un chico bueno, como nosotras. Ey, de verdad esto es aburrido.
–Poné cara de digna que hasta ahora el papel nos está saliendo perfecto, parecemos superiores a todos estos pobres plebeyos. –rió apenas.
–Voy al baño, de paso miro e investigo. –le guiñó un ojo y subió las imponentes escaleras alfombradas, en busca de un baño en el primer piso de la casa.
Verdaderamente, la fiesta era aburrida. Los invitados aún estaban sobrios y hablando de sus trabajos, y según los cálculos de Chloe, faltaba mucho rato para que se descontrolaran y hubiera un poco más de acción. De lejos vio al dichoso Alain Delon, lo saludó pero él apenas si levantó la vista.
–Ya vas a venir a pedirme algo. –murmuró. Agarró otra copa de champagne cuando el mesero pasó a su lado con una bandeja, y se quedó mirándolos a todos. Sabía que su idea era una genialidad, pero tener que fumarse vaya a saberse cuántas fiestas como esa para conocer a los Beatles le dejaba el ánimo a la altura de Tyrion Lannister. Pensaba en todo eso cuando se dio cuenta que la mayoría de la gente la miraba descaradamente o de reojo, y hablaban. Aquello no le gustaba nada, para un delincuente es un mal augurio que lo miren tanto. Se sintió peor cuando vio que Dólar se acercaba sonriendo y con los brazos extendidos hacia ella.
–¡Un éxito! Todos hablan de ustedes, están encantados.
–No parece, me miran como si fuera una ladrona.
–¿Cómo se te ocurre decir eso? ¡Qué horror! Están así porque se sienten un poco…intimidados. No están acostumbrados a tratar con la nobleza.
–Bueno, no lo somos exactamente…–puso cara de consternación.
–No nos vamos a poner a revisar el árbol genealógico ni la constitución para saber si son o no lo son. Son las hijas de la reina, con eso basta.  Y ahora…¿podría bailar con vos?
Otro remedio no hay, pensó y le sonrió. Sin embargo le dio unos cuantos pisotones “accidentales”. Estaba agradecida con que las estuviera metiendo en el mundo de los famosos, pero se estaba tomando demasiada confianza, una confianza que ella no quería ni ver cerca. Al fin Dólar la dejó en paz cuando acertó a darle un taconazo en un callo de su pie. Creyó verse liberada de él y del baile, pero un hombre, muy guapo y que lo tenía visto de alguna parte, se le acercó.
–¿Puedo bailar?





Zettie llevaba un buen rato en el baño, estudiando el tamaño de la ventana, las trabas de la puerta, si se escuchaban los ruidos del exterior. Salió cuando supo todo eso y con la cartera llena de jabones. Iba a volverse al recordar que también podía llevarse algo de maquillaje para revender en alguna feria gitana, cuando chocó con un hombre alto, un poco mayor a juzgar por sus canas, y de amplia sonrisa. Pero, portaba con él una mala noticia: una insignia de la policía en el cuello de su traje.
–¿Cómo le va, señorita Foster?








Chloe se la estaba pasando en grande con Michael Devin. A Michael Devin no lo conocía ni su madre y era bastante inexplicable que un actor secundario de unas pocas películas del Oeste estuviera en una fiesta de famosos y estrellas, pero estaba ahí. A Chloe le parecía raro que un actor tan guapo estuviera relegado a papeles pobres siendo que, sólo con su cara, podía ser el galán de cualquier película. Sabía que se estaba pasando de copas porque se reía de cada estupidez que él le contaba de su trabajo, cosas que estando completamente sobria no le habrían hecho ni pizca de gracia.
–No puedo creer estar charlando con una princesa.
–Agregalo a tu currículum, quizás te den un protagónico –rió histéricamente y él chocó su copa con la de ella–Y aparte de actuar, ¿qué te gusta?
–¿Aparte de vos?
–Qué tarado, hablo en serio, aunque no parezca. ¿Qué te gusta?
–Nunca lo adivinarás. Es algo poco común.
–No creas, hay muchos sadomasoquistas.
–¡No es eso! –soltó una sonora carcajada–Es algo que comenzó a gustarme a raíz de una película y estoy perfeccionándome.
–Ya lo dije, sadomasoquismo.
–Que no, su alteza.
–Ay no me llames así, ni soy princesa ni soy reina, salvo del crimen.
Él volvió a reírse y le sirvió más.
–¡Sos muy graciosa! ¿Te das por vencida?
–Sí, aunque ya sé que sos sadomasoquista.
–Soy detective.








–Hola señor…
–Connor, Brian Connor, inspector en jefe de la policía.
–Mucho gusto. –Zettie estrujó su cartera llena de jabones pero mantuvo su sonrisa inocente y dulce.
–Me enteré que usted es hija de la reina, permítame presentarle mis respetos. Lamento mucho la historia, no creía que nuestra reina fuera capaz de algo así, pero sus razones habrá tenido.
–El rey consorte no la atendía muy bien y bueno, pasan estas cosas.
El policía se quedó mirándola extrañado, después rió.
–¡Usted es muy graciosa! Quería decirle que estamos a su disposición, personas tan importantes como usted y su hermana deben tener la mejor seguridad.
–La tenemos, pagamos a gente, pero igualmente agradezco su ofrecimiento señor Connor. Le hablaré a mi madre de usted.
–Será un honor. –el hombre parecía emocionado. Zettie pensó que sería por la satisfacción de que la reina oyera de él, pero se había equivocado: Connor sólo se había acercado a ella para que, al ofrecerse tan desinteresadamente, lo tuvieran en cuenta y le aumentaran el sueldo.
–Bien, debo irme, un gusto haberlo conocido.
–Lo mismo digo, señorita. Permítame darle un consejo, no se haga ver mucho, mientras más desconocidas sean, más seguridad tendrán. Hoy en día anda mucho loco suelto.
–Es verdad, hay tanta delincuencia…Tomaré su consejo señor, muchas gracias.







Chloe tosió. Dólar Blue, que ya estaba al borde de un ataque de celos, aprovechó para acercarse y ella le agradeció internamente. Gracias a él, la conversación con Michael se desvaneció, incluso él se fue con la excusa de buscar más copas.
–Al fin se va éste, es un paria. No deberías charlar con gente de su clase, Chloe.
–Me cae bien. –dijo sólo para pincharlo.
–¡Chloe! –Zettie bajó tropezándose y maldiciendo a sus zapatos–¡Tenemos que irnos!
–Lo mismo digo, no sabés lo que me pasó.
–¡Y a mí! –se acercó a su oído–El jefe de la policía está acá.
–Me parece que nos tendieron una trampa…Un actor resultó ser detective. Salgamos de acá ya mismo.
–¿Pasa algo, chicas?
–Debemos irnos, gracias por traernos.
–Pero si la fiesta aún no llegó a lo mejor…
–Es que…es que…
–¡Nuestro loro intentó suicidarse!
Zettie miró a Chloe, temiendo que su amiga hubiera enloquecido. Dólar las miró a las dos, completamente desconcertado.
–¿Eh? ¿Tienen un loro?
–Un loro suicida, sí. –Zettie afirmó con convencimiento–No llores Chloe, ya se le pasará…
–Es que está mal, pobrecito –Chloe se pasó los dedos por los ojos, simulando secárselos–Está muy triste, desde hace mucho que lo veía así y no pude hacer nada por él.
–Es que su novia lo dejó.
–¿Qué?
–Teníamos un loro y una lora, pero la lora se escapó, yo olvidé cerrar la jaulita y se voló, chau, adiós. Y él está triste.
–Muy triste. –agregó Chloe.
–Tristísimo.
–Quién no lo estaría, ¿no?
–¡Pero un animal no intenta suicidarse! ¿Ustedes están bien?
–Claro que sí. Y muchas aves se deprimen cuando se quedan solos, y quieren matarse. Buscá en una enciclopedia, ahí lo dice. Y nuestro Yago, porque el loro se llama Yago, ha querido hacer eso. –Chloe se tapó la cara y simuló un llanto conmovedor. Zettie sacó un pañuelo de su cartera y se lo dio.
–Gracias. Qué perfumado está.–lo olió y después volvió al llanto.
–Ella lo quiere mucho. En fin, nos vamos.
–Pero es que aún no entiendo, ¿cómo se suicidaría un loro?
–Dólar estamos conmocionadas, no es momento para preguntar eso. Pero de todos modos te diré, quiso atravesarse con el palito de su jaulita, ese palito sonde se paran. Así me contó Dolores, que recién llamó para avisar.
–¡Ay pobrecitooo! –Chloe seguía “llorando” desesperadamente.
–Te dije que no era momento para preguntar, se puso peor.
–Yo las llevo.
–No, tomaremos un taxi.
–Chloe no estés mal, luego te llamo para ver cómo está tu mascota, ¿sí?
–Sí, sí, gracias por todo Dólar.
Él se acercó y le dio un beso en la mejilla.
–Si quieren puedo llevarlas, de verdad…
–No, no, disfrutá de la fiesta. Adiós.
Zettie salió abrazada con la consternadísima Chloe. Ni bien cerraron la puerta, Chloe dejó de taparse la cara.
–Me dio un beso, qué asco, me echaré desinfectante, si es posible lejía. Zettie no entiendo qué salió mal, el plan era perfecto.
–No sé qué pasó, pero un policía en una fiesta de celebridades, es muy sospechoso.
–Estaría como seguridad. –Chloe comenzó a caminar por el césped que separaba la mansión de la vereda. Se quitó los zapatos.  
–Se acercó a mi, ofreciéndose para protegernos. Se sabe que la nobleza tiene sus guardaespaldas privados, ¿qué tiene que ver la policía?
–¿Y qué hace un actor de segunda o tercera categoría en una fiesta de estrellas?
–Quizás se ha colado.
–¿Y por qué es detective también? Esto está muy mal. Volvamos a casa a pie, no quiero más contacto con la gente.
–Ser antisocial está mejor, no te pueden descubrir.
–Es peor, te toman de psicópata. Encima gastamos una fortuna en estos vestidos, ¡para nada! Todo arruinado en la primer fiesta.
–Al menos conseguí jabones. –Zettie abrió su cartera a punto de reventar.
–¿Por qué te robaste eso? Tenemos diez millones, no necesitamos jabón.
–Acabás de decir que gastamos mucho en estos vestidos, así que ya no tenemos diez millones, tenemos menos. Y nunca se sabe cuándo puede venir una crisis, por lo menos tener para bañarnos.
–Somos ladronas, las crisis no nos afectan.
–Claro que sí, los bancos tienen menos, y robamos menos. Me duelen los pies, sentémonos.
Se sentaron en el cordón de la vereda, Zettie arrojó los zapatos al otro lado de la calle.
–¿Era lindo el actor?
–Mucho.
–Supongo que no se te habrá soltado la lengua.
–No, soy una profesional.
–Esto es crítico, si ya nos tienen vistas estamos acabadas. ¿Iremos presas?
–Ay no me hagas reír. ¿Nosotras, presas? Recordá esto: somos inteligentes y ellos son unos asnos. Jamás podrían atraparnos. No entres en la crisis del delincuente acorralado, es claro que nosotras jamás estaremos en esa situación.
–¡Se me ocurre algo!
–¿Lo ves? Inteligencia pura. ¿Qué se te ocurrió? Que no sea comprar un loro...
–Para nada. La idea es despistar, que vuelvan a ocuparse de nuestros preciosos Beatles, pero sin sospechar de nosotras. Está claro que si nos siguen, es por el robo al banco, no por otra cosa. Imaginate, son los Beatles y les han robado. Es un caso más importante que cualquier otro.
–Ajá. ¿Y qué proponés? ¿Robarles otra vez?
–Todo lo contrario, dejar de robar.
–Si no robo no respiro.
–Pensalo, tenemos bastante para sobrevivir y muchos jabones.
–¿Si nos quedamos quietas dejarán de seguirnos? No sé Zettie, muchos han hecho eso y no les resultó.
–Dejarán de hacerlo si es más importante cuidar a los Beatles.
Chloe se quedó mirándola y luego miró a un auto que pasaba por la calle.
–Ya entendí. –dijo al fin–Nos quedamos quietas, de pronto nadie roba, o roban estupideces, no cosas buenas y planificadas como hacemos nosotras. De pronto, algo les sucede a los Beatles. Todo se enfoca en ellos y nadie piensa en robos, porque no les han robado más y además no hay robos importantes. Es una buena estrategia, colega.
–El problema es que no sé qué puede pasarles, tiene que ser algo grave y que no tenga nada que ver con nosotras, pero tampoco quiero hacerles daño, pobrecitos.
–Lo tengo. Sí, sí, sí, tengo la solución.
–¿Y cuál es?

–Terroristas. 







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Como ya hice en el otro fic, pido perdón y mil veces perdón. Acabo de ver la última fecha en la que publiqué acá y...No, no tengo perdón.
Para la próxima ya creo que no tardaré, por lo menos no tardaré tanto. 
Como ven, en este capitulo no salen nuestros amadísimos Beatles, pero en los próximos...en los próximos saldrán demasiado, pobres XDD
Les mando saludos y gracias por leer!


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