La verdad era que el lugar que había conseguido para vivir
en Londres distaba mucho de ser como su confortable habitación en su casa. Era
una cueva a la que el conserje tenía el descaro de llamar suite y cobrarla como
tal. Apenas si tenía una cama con un colchón desvencijado, una mesa, una silla,
y un baúl. La “vista”, tan promocionada por el mismo conserje, era un montón de
fondos de edificios llenos de chapas y perros que ladraban todo el día, y hasta
esa vista se accedía abriendo la ventana a patadas. Hasta ahí, todo era
horrible, salvo por la comodidad de la ubicación, ya que estaba bastante cerca
del centro, y además tenía internet gratis que le robaba al buffete de abogados
que estaba en el edificio de al lado. Gracias a eso, consultó varias páginas
hasta que comprobó que Paul tenía razón: Ringo estaba en Liverpool y en dos
días daría un concierto.
Estaba contando el dinero que Paul le había dado cuando su
teléfono celular comenzó a sonar.
-Hija, soy yo, bueno si te digo hija es porque ya sabes que
soy yo, tu madre.
-¿Qué pasa mamá? –dijo con tono cansino.
-Pasa que tu novio está aquí. Y me tiene cansada. Tu pato
también me tiene cansada, o te apuras con esa búsqueda estrafalaria, o lo hago
al horno.
-Pásame con el pato.
-Midori, te dije que está tu novio.
-¿Sabes? Me gustaría hablar mas con Giuseppe que con Jeremy.
-Cómo eres...
-¡Midori!
No pudo evitar una mueca cuando escuchó la voz de Jeremy,
que le había arrebatado el teléfono a Caster. Con lo que le había dicho a su madre,
no mentía: prefería escuchar “cuac cuac” antes que mil reproches.
-¿Qué hay? –dijo al fin.
-¿Que qué hay? ¡Midori ni me has llamado! ¡Tengo que venir
aquí para preguntarle a tu madre si sabe algo de ti! ¡Se supone que soy tu
novio!
-Y porque se supone que eres mi novio, no tienes derecho a
gritarme.
-¿Vienes tú a reñirme? ¡Te fuiste sin siquiera avisarme!
-¡Jeremy claro que te dije! –la conversación ya la estaba sacando
de su cabales -¡Lo que pasa es que nunca te importó!
-Si buscaras a tu padre, lo entendería. Pero, ¿a tu abuelo?
Es por el dinero,
¿no?
-Qué básico eres Jeremy Miller. De verdad no te reconozco.
-¡No empieces con tu moral! ¡Tú nunca...!
Pero ya no escuchó más, sólo cortó la comunicación y apagó
el celular. Tenía que pensar en el día siguiente.
*************
Compró el boleto mas barato, de la clase mas barata, en el
tren mas barato. Cuando subió, sintió nervios y miedo.
Quizás obtuviera la misma respuesta que le había dado Paul,
y al final todo sería en vano y saldrían ganando su madre y su novio. Tenía
demasiado orgullo como para permitir eso.
Sin embargo, la idea de volver a casa si una respuesta, era
peor. Jamás sabría de dónde venía y eso era triste.
Como siempre, la atacó el hambre, pero igual pudo combatirlo
durmiéndose. Estaba cansada, y la verdad era que aquel asiento de tren era mas
confortable que la cama del hotel. A propósito del hotel, lo había dejado reservado
para cuando volviera. Era malo, sí, pero antes de que no tener nada, prefería
eso.
El viaje se le hizo largo, varias veces despertó y varias
veces se durmió. Al fin llegó, y allí le esperaba una lluvia torrencial.
-Ay pero qué bien. ¿Por qué será que tengo tanta mala
suerte?
Decidió esperar en la estación a que parara de llover. Mientras
tanto, preguntó a varios trabajadores de allí si conocían algún hotel. Todos la
miraban de arriba a abajo y se sonreían. Luego le daban alguna dirección, que
ella anotaba en su pequeña libreta.
Cuando la lluvia pasó, fue a cada una de esas direcciones.
Como no conocía nada, cruzó la ciudad tres veces buscando esos hoteles, para
obtener el mismo resultado: no eran hoteles como ella esperaba, sino de otro
tipo....
-Todos me vieron cara de prostituta –dijo enojada,
sentándose en una banca de un parque. -¿Acaso tengo cara de eso?
Buscó un espejito en su bolso y se miró.
-Pues...no me veo así. Estoy llena de acné, tengo cara de
boba, uy Dios ese grano....Esta gente de Liverpool está loca.
Vio a una anciana cruzando la calle y se acercó a ella con paso
ágil.
-Disculpe señora, ¿podría darme la dirección de algún hotel?
Descubrió que la anciana
la miraba con la misma cara que la gente de la estación.
-Qué inmoral....-dijo entre dientes, y echó a andar con su
bastón.
-Pero señora....¡Maldita vieja desdentada! –pateó, furiosa,
una piedra del suelo y enseguida gritó -¡Y maldita piedra también!
Al final se resignó y
comenzó a caminar sin rumbo, sin mirar siquiera la ciudad. En una tienda
de ropa, al fin la tomaron en serio y le dieron una dirección. Cuando llegó,
arrastrando los pies, comprobó que era un hotel decente.
Aquel lugar no se diferenciaba mucho de su cueva londinense,
pero era barato y además daban la cena. Enseguida averiguó dónde tocaría Ringo
y descubrió que las entradas estaban caras y...agotadas.
-¿Y ahora qué voy a hacer? –se dijo, agarrándose la cabeza.
Sintió no haberle pedido a Paul algún tipo de identificación como para que
supieran que el la mandaba allí, pero si se hubiera acordado de eso, no se la hubiera pedido. Se había ido de allí
tan enojada que lo que menos hubiera hecho sería pedirle ese favor. Aún estaba
enojada, pero a veces se le pasaba cuando comprendía que la situación era
complicada de entender.
-En fin....no me quedará mas remedio que recurrir a lo mas bajo.
********
Se había vestido toda de negro y desde la vereda de enfrente
miraba cómo la gente hacía fila para entrar al teatro.
-Esto está difícil –dijo tomándose la barbilla y mirando
casi con angustia. Lo cierto era que había mucha seguridad por todas partes y
escabullirse allí era tarea imposible.
Dio vuelta la esquina y se encontró con un callejón al que
daban los fondos del teatro. Si trepaba un muro y saltaba al otro lado, podía
subir por una escalerilla que daba lástima hasta una ventana de vidrio. Una vez
allí, tendría que romperla. Mas que nunca veía todo imposible, pero nada perdía
con intentarlo.
Agradeció haberse criado en el campo y estar acostumbrada a
trepar árboles y graneros, por lo tanto, el muro fue cosa de segundos. La
escalera daba un poco de vértigo, por el estado en el que estaba.
-Giuseppe, pato querido, si llego arriba sin matarme, el
triunfo te lo dedico a ti.
Subió los escalones de dos en dos, sintiéndose la mujer
araña y llegó hasta la ventana. Una vez allí se dio cuenta de que no tenía nada
con qué romperla.
-¡Qué mujer idiota eres! –se gritó, y maldiciéndose bajó
para tomar un trozo de ladrillo. Subió, esta vez con mas rapidez, y cuando
estaba a punto de romperla, algo le iluminó la cara, encandilándola.
-¡Alto ahí!
Dejó caer el trozo de ladrillo y apoyó la frente en la
escalera. Lo que le faltaba, la policía.
Pero algo de suerte tenía esa noche: no era la policía, sólo
personal de seguridad que la registró completamente y la catalogó como “fan
loca” para después, casi en un gesto de paternalismo, mandarla a dormir. Volvió
a su habitación de hotel, casi llorando. Las cosas estaban poniéndose mas que
complicadas y no tenía idea de cómo resolverlas.
De pronto, se le ocurrió algo: averiguaría dónde se
hospedaba Ringo, y también el teléfono de Paul.
Al día siguiente, buscó por internet el número de la productora
de McCartney y llamó. Era su último recurso, por mucho que le pesara.
***********
Paul escuchaba con atención la maqueta de su nueva canción. Mientras,
iba pensando qué arreglos le haría. De pronto, golpes insistentes en la puerta.
Bufó, odiaba que lo molestaran en un momento como ese, y todos sus empleados lo
sabían.
Abrió de mala gana y vio a una de sus secretarias, con el
teléfono en la mano, mirándolo casi con desesperación.
-Disculpe Sir Paul, pero es una situación grave. Su nieta quiere
hablar con usted, no pude convencerla de que llamara en otro momento, se puso a
chillar y a decirme de todo.
Extrañado y a la vez preocupado, Paul tomó el teléfono de
entre las manos de la mujer.
-Puedes irte, Deborah.
La secretaria dio media vuelta, aliviada.
-Niña malcriada –le escuchó decir Paul.
-¿Si?
-Paul, soy Midori.
-¿Tú? ¿Qué quieres? –dijo enojado -¿Y qué le has dicho a mi
secretaria?
-Tu secretaria es una estúpida que no me creía y me decía
que llamara más tarde. No tengo mucho saldo en el celular como para estar
llamando a cada rato. Estoy en Liverpool y necesito tu ayuda.
-Fuiste a buscar a Ringo. Y seguro que necesitas más dinero.
-Respuesta uno: Sí. Respuesta dos: No.
No pudo evitar soltar una risita, que ella interrumpió.
-No puedo verlo, no tengo entradas para su concierto y los
de seguridad me atraparon cuando quise meterme en el teatro. Necesito que
hables con él.
-¿Quisiste meterte en el teatro?
-Sí. Pual, habla con él.
-¿Y qué se supone que le tengo que decir?
-Y yo qué sé, dile que me conoces y que me reciba. No le
digas todo, de eso me encargo yo.
-Una pregunta, ¿cómo conseguiste mi número?
-Paul, está en internet por si no lo sabías. Y ahora dime
que sí, por favor.
-Mira niña....
-¡Por favor! Contesta sí o no, ¡pero ahora! La comunicación
se cortará...
-Sí.
En ese momento, Midori escuchó la voz de la operadora, que
le decía que debía recargar mas dinero.
**********
Tomaba su desayuno mientras leía las noticias del periódico.
El día se presentaba nublado y pronto llovería, aunque no hacía frío. Apuró su
vaso de jugo y dio vuelta la página. De pronto, su teléfono comenzó a sonar.
-Bárbara, ¿me lo alcanzas?
Su mujer lo miró escéptica y estiró la mano hasta el mueble
donde estaba el teléfono.
-¿Hola? –dijo luego de que se lo pasara y atendiera.
-Hola Ringo, soy Paul.
-Ay, ¿tú? ¿Qué quieres?
-Que mala onda tienes.
-Mírate, el viejito diciendo “mala onda”
-Ya, ya, no me molestes. ¿Estás en Liverpool?
-Así es. ¿Quieres venir? Pregunto así me voy.
-No te hagas el graciosito. Te hablo por algo serio. Bueno...no.
Bueno, ya te enterarás.
-¿Estás bien?
-Claro que estoy bien. Bueno, antes no. Aunque cuando me
acuerdo, me pongo pésimo.
-Me estás mareando. ¿Qué te pasa?
-Ya lo sabrás. Y no sabes cuánto te compadezco. –suspiró.
-No entiendo nada.
-Escúchame una cosa, Rin. Pronto te irá a ver una chica.
-¿Me vas a mandar una chica? Qué atento estás...
-No, no, no es lo que piensas. Es una chica, tendrá unos 18
o 19. Se llama Midori Watts.
-Mi ¿qué?
-Midori.
-Ése nombre es oriental. Ey, ¿esto no tendrá que ver con
Yoko?
-¡Ay no la nombres! No, no tiene nada que ver. Por favor, no
me pidas explicaciones, sólo déjala que te vea y ella ya te explicará.
-No será un atentado, ¿no?
-¿Piensas eso de mí? No te lo haría ni en broma.
-Bueno...
-Oye, te tengo que dejar. Que tengas suerte.
**********
Antes de quedarse sin saldo, había escuchado la respuesta de
Paul, por eso estaba allí, a las puertas de aquel lujoso hotel. Muy en el fondo
se su alma, sabía que él había cumplido.
-Necesito hablar con Ringo –le dijo con una sonrisa al
botones que estaba parado como estatua en la puerta.
-¿Quién lo busca? –preguntó sin siquiera mirarla.
-Midori Watts.
-Un segundo, por favor –el tipo sacó un handy de uno de sus
bolsillos y dijo algo inentendible –Sígame.
Viajó con él en el ascensor durante siete pisos hasta que
bajaron en un iluminado corredor. Llegaron hasta una puerta, escoltada por dos
hombres de traje negro.
-¿Nombre? –preguntó uno de ellos.
-Midori Watts.
El otro asintió y entró. Cinco minutos después, se asomó.
-Puede pasar.
Entró seguida por el mismo hombre. Sintió náuseas por los
nervios que tenía, pero a la vez se sentía feliz: Paul había cumplido, no se
había equivocado. Al fin apareció Ringo, y ella no pudo reprimir una risita al
verlo en bata y pantuflas.
-Hola –la saludó con una sonrisa –Paul me dijo que vendrías.
-Sí. Soy Midori, un gusto.
-El gusto es mío. Bien, tú me dirás. La verdad es que él no
me explicó nada.
-Mejor que sea así. Hablé con Paul por un asunto, y por el mismo
asunto tengo que hablar contigo. Perdón, con usted.
-¿Y qué asunto es ése?
Tomó aire y apretó las mandíbulas.
-Yo soy su nieta.
-¿Qué?
-Que soy su nieta. En realidad no lo sé con seguridad, pero
hay un cincuenta por ciento de posibilidad.
Para su sorpresa, Ringo soltó una carcajada.
-¿De verdad eres mi nieta? Esto tengo que tuitearlo –sacó su
celular de un bolsillo –A ver, una sonrisa.
-Oye, digo, oiga...esto no es una broma.
-¡Saliste hermosa! Ahora la subiré....-comenzó a escribir
ante la mirada alucinada de Midori –Tengo una nieta nueva. Peace and love. Y ahora,
“enviar”.
-¡No! ¡No, por favor!
-Tweet enviado.
-¡Es que no es broma!
-¿Cómo que no? –dijo con una gran sonrisa-Tengo que
reconocer que Paul es muy bueno para esto.
-¡No es ninguna broma de Paul!
-¿No? Ya me parecía, anda muy serio últimamente. Bueno, ¿de
qué programa de televisión eres?
-De ninguno.
-Bueno ya, deja de actuar, terminó la cámara oculta.
-No hay ninguna cámara oculta, ni micrófono, ni broma, ni
nada. Lo que digo es muy cierto.
La miró bien, observándola con detenimiento. Después, se
puso serio de repente y se sentó en un sillón.
-Tú...tú eres la nieta de Doris.
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Cuando dije que subiría una vez al mes, no creía que fuera tan literal jaja. Pero bueno, otros compromisos y falta de imaginación, me llevaron a que tardara tanto, espero que haya alguien que lo lea, y sino, no importa jaja.
Ah, les dejo un video (seguro que ya lo vieron) de la conversación telefónica Paul-Ringo XD
Y ahora los saludo diciéndoles...hasta el mes que viene XDD. Espero que no pase taaanto tiempo hasta que vuelva a subir.
Adiós!