sábado, 7 de septiembre de 2013

¡Mi abuelo es un beatle! Capitulo 4

La verdad era que el lugar que había conseguido para vivir en Londres distaba mucho de ser como su confortable habitación en su casa. Era una cueva a la que el conserje tenía el descaro de llamar suite y cobrarla como tal. Apenas si tenía una cama con un colchón desvencijado, una mesa, una silla, y un baúl. La “vista”, tan promocionada por el mismo conserje, era un montón de fondos de edificios llenos de chapas y perros que ladraban todo el día, y hasta esa vista se accedía abriendo la ventana a patadas. Hasta ahí, todo era horrible, salvo por la comodidad de la ubicación, ya que estaba bastante cerca del centro, y además tenía internet gratis que le robaba al buffete de abogados que estaba en el edificio de al lado. Gracias a eso, consultó varias páginas hasta que comprobó que Paul tenía razón: Ringo estaba en Liverpool y en dos días daría un concierto.
Estaba contando el dinero que Paul le había dado cuando su teléfono celular comenzó a sonar.
-Hija, soy yo, bueno si te digo hija es porque ya sabes que soy yo, tu madre.
-¿Qué pasa mamá? –dijo con tono cansino.
-Pasa que tu novio está aquí. Y me tiene cansada. Tu pato también me tiene cansada, o te apuras con esa búsqueda estrafalaria, o lo hago al horno.
-Pásame con el pato.
-Midori, te dije que está tu novio.
-¿Sabes? Me gustaría hablar mas con Giuseppe que con Jeremy.
-Cómo eres...
-¡Midori!
No pudo evitar una mueca cuando escuchó la voz de Jeremy, que le había arrebatado el teléfono a Caster. Con lo que le había dicho a su madre, no mentía: prefería escuchar “cuac cuac” antes que mil reproches.
-¿Qué hay? –dijo al fin.
-¿Que qué hay? ¡Midori ni me has llamado! ¡Tengo que venir aquí para preguntarle a tu madre si sabe algo de ti! ¡Se supone que soy tu novio!
-Y porque se supone que eres mi novio, no tienes derecho a gritarme.
-¿Vienes tú a reñirme? ¡Te fuiste sin siquiera avisarme!
-¡Jeremy claro que te dije! –la conversación ya la estaba sacando de su cabales -¡Lo que pasa es que nunca te importó!
-Si buscaras a tu padre, lo entendería. Pero, ¿a tu abuelo? Es por el dinero,
¿no?
-Qué básico eres Jeremy Miller. De verdad no te reconozco.
-¡No empieces con tu moral! ¡Tú nunca...!
Pero ya no escuchó más, sólo cortó la comunicación y apagó el celular. Tenía que pensar en el día siguiente.

*************
Compró el boleto mas barato, de la clase mas barata, en el tren mas barato. Cuando subió, sintió nervios y miedo.
Quizás obtuviera la misma respuesta que le había dado Paul, y al final todo sería en vano y saldrían ganando su madre y su novio. Tenía demasiado orgullo como para permitir eso.
Sin embargo, la idea de volver a casa si una respuesta, era peor. Jamás sabría de dónde venía y eso era triste.
Como siempre, la atacó el hambre, pero igual pudo combatirlo durmiéndose. Estaba cansada, y la verdad era que aquel asiento de tren era mas confortable que la cama del hotel. A propósito del hotel, lo había dejado reservado para cuando volviera. Era malo, sí, pero antes de que no tener nada, prefería eso.
El viaje se le hizo largo, varias veces despertó y varias veces se durmió. Al fin llegó, y allí le esperaba una lluvia torrencial.
-Ay pero qué bien. ¿Por qué será que tengo tanta mala suerte?
Decidió esperar en la estación a que parara de llover. Mientras tanto, preguntó a varios trabajadores de allí si conocían algún hotel. Todos la miraban de arriba a abajo y se sonreían. Luego le daban alguna dirección, que ella anotaba en su pequeña libreta.
Cuando la lluvia pasó, fue a cada una de esas direcciones. Como no conocía nada, cruzó la ciudad tres veces buscando esos hoteles, para obtener el mismo resultado: no eran hoteles como ella esperaba, sino de otro tipo....
-Todos me vieron cara de prostituta –dijo enojada, sentándose en una banca de un parque. -¿Acaso tengo cara de eso?
Buscó un espejito en su bolso y se miró.
-Pues...no me veo así. Estoy llena de acné, tengo cara de boba, uy Dios ese grano....Esta gente de Liverpool está loca.
Vio a una anciana cruzando la calle y se acercó a ella con paso ágil.
-Disculpe señora, ¿podría darme la dirección de algún hotel?
Descubrió  que la anciana la miraba con la misma cara que la gente de la estación.
-Qué inmoral....-dijo entre dientes, y echó a andar con su bastón.
-Pero señora....¡Maldita vieja desdentada! –pateó, furiosa, una piedra del suelo y enseguida gritó -¡Y maldita piedra también!
Al final se resignó y  comenzó a caminar sin rumbo, sin mirar siquiera la ciudad. En una tienda de ropa, al fin la tomaron en serio y le dieron una dirección. Cuando llegó, arrastrando los pies, comprobó que era un hotel decente.


Aquel lugar no se diferenciaba mucho de su cueva londinense, pero era barato y además daban la cena. Enseguida averiguó dónde tocaría Ringo y descubrió que las entradas estaban caras y...agotadas.
-¿Y ahora qué voy a hacer? –se dijo, agarrándose la cabeza. Sintió no haberle pedido a Paul algún tipo de identificación como para que supieran que el la mandaba allí, pero si se hubiera acordado de eso,  no se la hubiera pedido. Se había ido de allí tan enojada que lo que menos hubiera hecho sería pedirle ese favor. Aún estaba enojada, pero a veces se le pasaba cuando comprendía que la situación era complicada de entender.
-En fin....no me quedará mas remedio que recurrir a lo mas bajo.
********
Se había vestido toda de negro y desde la vereda de enfrente miraba cómo la gente hacía fila para entrar al teatro.
-Esto está difícil –dijo tomándose la barbilla y mirando casi con angustia. Lo cierto era que había mucha seguridad por todas partes y escabullirse allí era tarea imposible.
Dio vuelta la esquina y se encontró con un callejón al que daban los fondos del teatro. Si trepaba un muro y saltaba al otro lado, podía subir por una escalerilla que daba lástima hasta una ventana de vidrio. Una vez allí, tendría que romperla. Mas que nunca veía todo imposible, pero nada perdía con intentarlo.
Agradeció haberse criado en el campo y estar acostumbrada a trepar árboles y graneros, por lo tanto, el muro fue cosa de segundos. La escalera daba un poco de vértigo, por el estado en el que estaba.
-Giuseppe, pato querido, si llego arriba sin matarme, el triunfo te lo dedico a ti.
Subió los escalones de dos en dos, sintiéndose la mujer araña y llegó hasta la ventana. Una vez allí se dio cuenta de que no tenía nada con qué romperla.
-¡Qué mujer idiota eres! –se gritó, y maldiciéndose bajó para tomar un trozo de ladrillo. Subió, esta vez con mas rapidez, y cuando estaba a punto de romperla, algo le iluminó la cara, encandilándola.
-¡Alto ahí!
Dejó caer el trozo de ladrillo y apoyó la frente en la escalera. Lo que le faltaba, la policía.




Pero algo de suerte tenía esa noche: no era la policía, sólo personal de seguridad que la registró completamente y la catalogó como “fan loca” para después, casi en un gesto de paternalismo, mandarla a dormir. Volvió a su habitación de hotel, casi llorando. Las cosas estaban poniéndose mas que complicadas y no tenía idea de cómo resolverlas.
De pronto, se le ocurrió algo: averiguaría dónde se hospedaba Ringo, y también el teléfono de Paul.
Al día siguiente, buscó por internet el número de la productora de McCartney y llamó. Era su último recurso, por mucho que le pesara.
***********
Paul escuchaba con atención la maqueta de su nueva canción. Mientras, iba pensando qué arreglos le haría. De pronto, golpes insistentes en la puerta. Bufó, odiaba que lo molestaran en un momento como ese, y todos sus empleados lo sabían.
Abrió de mala gana y vio a una de sus secretarias, con el teléfono en la mano, mirándolo casi con desesperación.
-Disculpe Sir Paul, pero es una situación grave. Su nieta quiere hablar con usted, no pude convencerla de que llamara en otro momento, se puso a chillar y a decirme de todo.
Extrañado y a la vez preocupado, Paul tomó el teléfono de entre las manos de la mujer.
-Puedes irte, Deborah.
La secretaria dio media vuelta, aliviada.
-Niña malcriada –le escuchó decir Paul.
-¿Si?
-Paul, soy Midori.
-¿Tú? ¿Qué quieres? –dijo enojado -¿Y qué le has dicho a mi secretaria?
-Tu secretaria es una estúpida que no me creía y me decía que llamara más tarde. No tengo mucho saldo en el celular como para estar llamando a cada rato. Estoy en Liverpool y necesito tu ayuda.
-Fuiste a buscar a Ringo. Y seguro que necesitas más dinero.
-Respuesta uno: Sí. Respuesta dos: No.
No pudo evitar soltar una risita, que ella interrumpió.
-No puedo verlo, no tengo entradas para su concierto y los de seguridad me atraparon cuando quise meterme en el teatro. Necesito que hables con él.
-¿Quisiste meterte en el teatro?
-Sí. Pual, habla con él.
-¿Y qué se supone que le tengo que decir?
-Y yo qué sé, dile que me conoces y que me reciba. No le digas todo, de eso me encargo yo.
-Una pregunta, ¿cómo conseguiste mi número?
-Paul, está en internet por si no lo sabías. Y ahora dime que sí, por favor.
-Mira niña....
-¡Por favor! Contesta sí o no, ¡pero ahora! La comunicación se cortará...
-Sí.
En ese momento, Midori escuchó la voz de la operadora, que le decía que debía recargar mas dinero.
**********
Tomaba su desayuno mientras leía las noticias del periódico. El día se presentaba nublado y pronto llovería, aunque no hacía frío. Apuró su vaso de jugo y dio vuelta la página. De pronto, su teléfono comenzó a sonar.
-Bárbara, ¿me lo alcanzas?
Su mujer lo miró escéptica y estiró la mano hasta el mueble donde estaba el teléfono.
-¿Hola? –dijo luego de que se lo pasara y atendiera.
-Hola Ringo, soy Paul.
-Ay, ¿tú? ¿Qué quieres?
-Que mala onda tienes.
-Mírate, el viejito diciendo “mala onda”
-Ya, ya, no me molestes. ¿Estás en Liverpool?
-Así es. ¿Quieres venir? Pregunto así me voy.
-No te hagas el graciosito. Te hablo por algo serio. Bueno...no. Bueno, ya te enterarás.
-¿Estás bien?
-Claro que estoy bien. Bueno, antes no. Aunque cuando me acuerdo, me pongo pésimo.
-Me estás mareando. ¿Qué te pasa?
-Ya lo sabrás. Y no sabes cuánto te compadezco. –suspiró.
-No entiendo nada.
-Escúchame una cosa, Rin. Pronto te irá a ver una chica.
-¿Me vas a mandar una chica? Qué atento estás...
-No, no, no es lo que piensas. Es una chica, tendrá unos 18 o 19. Se llama Midori Watts.
-Mi ¿qué?
-Midori.
-Ése nombre es oriental. Ey, ¿esto no tendrá que ver con Yoko?
-¡Ay no la nombres! No, no tiene nada que ver. Por favor, no me pidas explicaciones, sólo déjala que te vea y ella ya te explicará.
-No será un atentado, ¿no?
-¿Piensas eso de mí? No te lo haría ni en broma.
-Bueno...
-Oye, te tengo que dejar. Que tengas suerte.
**********
Antes de quedarse sin saldo, había escuchado la respuesta de Paul, por eso estaba allí, a las puertas de aquel lujoso hotel. Muy en el fondo se su alma, sabía que él había cumplido.
-Necesito hablar con Ringo –le dijo con una sonrisa al botones que estaba parado como estatua en la puerta.
-¿Quién lo busca? –preguntó sin siquiera mirarla.
-Midori Watts.
-Un segundo, por favor –el tipo sacó un handy de uno de sus bolsillos y dijo algo inentendible –Sígame.
Viajó con él en el ascensor durante siete pisos hasta que bajaron en un iluminado corredor. Llegaron hasta una puerta, escoltada por dos hombres de traje negro.
-¿Nombre? –preguntó uno de ellos.
-Midori Watts.
El otro asintió y entró. Cinco minutos después, se asomó.
-Puede pasar.
Entró seguida por el mismo hombre. Sintió náuseas por los nervios que tenía, pero a la vez se sentía feliz: Paul había cumplido, no se había equivocado. Al fin apareció Ringo, y ella no pudo reprimir una risita al verlo en bata y pantuflas.
-Hola –la saludó con una sonrisa –Paul me dijo que vendrías.
-Sí. Soy Midori, un gusto.
-El gusto es mío. Bien, tú me dirás. La verdad es que él no me explicó nada.
-Mejor que sea así. Hablé con Paul por un asunto, y por el mismo asunto tengo que hablar contigo. Perdón, con usted.
-¿Y qué asunto es ése?
Tomó aire y apretó las mandíbulas.
-Yo soy su nieta.
-¿Qué?
-Que soy su nieta. En realidad no lo sé con seguridad, pero hay un cincuenta por ciento de posibilidad.
Para su sorpresa, Ringo soltó una carcajada.
-¿De verdad eres mi nieta? Esto tengo que tuitearlo –sacó su celular de un bolsillo –A ver, una sonrisa.
-Oye, digo, oiga...esto no es una broma.
-¡Saliste hermosa! Ahora la subiré....-comenzó a escribir ante la mirada alucinada de Midori –Tengo una nieta nueva. Peace and love. Y ahora, “enviar”.
-¡No! ¡No, por favor!
-Tweet enviado.
-¡Es que no es broma!
-¿Cómo que no? –dijo con una gran sonrisa-Tengo que reconocer que Paul es muy bueno para esto.
-¡No es ninguna broma de Paul!
-¿No? Ya me parecía, anda muy serio últimamente. Bueno, ¿de qué programa de televisión eres?
-De ninguno.
-Bueno ya, deja de actuar, terminó la cámara oculta.
-No hay ninguna cámara oculta, ni micrófono, ni broma, ni nada. Lo que digo es muy cierto.
La miró bien, observándola con detenimiento. Después, se puso serio de repente y se sentó en un sillón.

-Tú...tú eres la nieta de Doris. 


*-*-*-*-*-*-*-*
Cuando dije que subiría una vez al mes, no creía que fuera tan literal jaja. Pero bueno, otros compromisos y falta de imaginación, me llevaron  a que tardara tanto, espero que haya alguien que lo lea, y sino, no importa jaja.
Ah, les dejo un video (seguro que ya lo vieron) de la conversación telefónica Paul-Ringo XD
Y ahora los saludo diciéndoles...hasta el mes que viene XDD. Espero que no pase taaanto tiempo hasta que vuelva a subir.
Adiós!

lunes, 5 de agosto de 2013

¡Mi abuelo es un beatle! Capitulo 3

Mientras caminaba detrás del mayordomo, Paul se preocupaba cada vez más. La verdad era que veía poco a sus nietos y que de golpe se presentara uno de ellos allí no hacía mas que producirle malos pensamientos.
-Aquí está, Sir. –dijo el mayordomo, dándole paso.
Paul se asomó a una de la salas de su productora, y vio allí a una muchacha, sentada y comiendo con ganas. Esa, para nada, era alguna de sus nietas.
-Pero...¿quién es ésa chica?
-Sir Paul, dijo que era su nieta....-al mayordomo le tembló la voz. Si había sido engañado, en cinco minutos estaría despedido.
Su patrón negó con la cabeza, mirando a aquella chica, y entró a la sala con paso rápido, visiblemente indignado.
-¡¿Pero qué es ésto?! ¡¿Quién eres tú?! –hasta él mismo se notó lo alterado que estaba. Vio que la chica lo miraba sorprendida.
-Mmm...-Midori levantó una mano, haciéndole señas a Paul para que la esperara hasta que tragara lo que estaba masticando. Cuando terminó, se limpió con una fina servilleta –Disculpe, pero estaba comiendo y no podía hablarle con la boca llena. Midori Watts, un gusto.
Le tendió la mano pero Paul no respondió. La miraba alucinado, sin entender nada.
-Le explicaré bien quién soy.
-Eso es lo que quiero. Dígame ya mismo quién es y qué quiere, antes de que llame inmediatamente a seguridad.
-Bien. Soy  su nieta.
Lo miró con una sonrisa pintada en la cara. Ante todo, tenía que ser simpática con su posible abuelo. Por dentro se felicitaba a sí misma por la facilidad con la que lo había dicho, aunque eso no era una ventaja para el pobre Paul.
-¿Q...qué?
-Espere, espere, le diré bien todo. Mas o menos entre los años ’64 y ’65 usted anduvo con una chica. Bueno, por lo que sé, anduvo con miles.
-No tantas....-contestó Paul, inexplicablemente avergonzado.
-En fin, una de todas esas chicas era mi abuela. Quedó embarazada y tuvo a mi madre.
-Mira...¿cómo me dijiste que te llamabas?
-Midori.
-Ok, tienes un nombre raro. Midori, es muy improbable lo que estás diciendo.
-Tengo pruebas.
Paul tembló. A saber qué pruebas eran esas.
-Son algunas fotos, y el diario de mi abuela –explicó. Abrió un pequeño bolso que había dejado colgando en la silla y se sentó.
Paul miró a su mayordomo, que hizo un leve carraspeo, y con la mirada le dio a entender que podía retirarse. Su experiencia le decía que aquella chiquilla no encerraba ningún peligro para su seguridad.
Midori desparramó unas seis fotos sobre la mesa, luego de alejar hacia un costado su tazón de cereales y el vaso de jugo.
-Estas son las fotos, y aquí el diario –le tendió a Paul un libro blanco que en sus buenos tiempos también habría tenido hojas blancas. Ahora estaban amarillentas y desprendían olor  a polvo y humedad.
-Mira, yo...
-Ábralo donde está el señalador rojo, no quiero que lea lo demás, son cosas íntimas de mi abuela –lo interrumpió.
-Dime una cosa, ¿por qué no viene tu abuela a verme?
-Falleció. –Midori bajó la mirada. Era la primera vez en toda esa “reunión” que su ánimo enflaquecía.
-Perdona. Lo siento mucho.
Sólo asintió e hizo ruiditos con la nariz.
-¿Me da un pañuelo descartable?
Suspirando, Paul le tendió un paquetito que sacó del bolsillo interior del saco que llevaba puesto. Vio que la chica se sonaba la nariz ruidosamente y miraba a todos lados, buscando dónde arrojarlo. Lo dejó a un costado de la mesa.
-Oh no, mejor dámelo –extendió su mano y, con timidez, Midori le dio el pañuelo. Paul lo tomó con asco y lo arrojó a un cesto de basura que estaba al otro lado de la sala.
-Tiene buena puntería –dijo Midori sonriendo apenas.
-Debería haber sido basquetbolista de la NBA, a lo mejor así no se aparecían hijos y nietos. –se arrepintió enseguida de lo que había dicho, y mas cuando vio la cara de Midori.
Ofendida, se puso de pie y juntó las fotos con rapidez.
-Ey, ey, espera, discúlpame, no quise decir eso.
-Pero lo dijo.
-Ok, sí, lo dije. Por eso te pido perdón. Pero es que...no sé, estoy muy impresionado con todo esto. Muchas veces vinieron mujeres a decirme que yo era el padre de sus hijos, pero nietos....
-Tendría que haber venido m madre, pero ella no quiere saber nada con el tema.
-A ver, siéntate de vuelta, miraré esto –Midori obedeció y él volvió a sentarse frente a ella.
Tomó las fotos y las miró y las repasó una a una. Luego las dejó, con cuidado, sobre la mesa, asintiendo ante la atenta mirada de Midori.
-Doris era una chica genial.
A Midori s ele iluminó el rostro. Que Paul hubiera reconocido a su abuela y además recordara su nombre era un gran paso. Sin embrago, no dijo nada y se quedó observándolo.
Paul tomó el diario y lo abrió donde estaba marcado. Lo primero que notó fue una letra prolija y femenina, que con tinta negra poblaba las páginas del pequeño diario.

25 de noviembre de 1964.
Querido diario:
                        Hoy ha sido un día fantástico. Paul se acordó de mí y me llamó. ¿Puedes creerlo? ¡Paul McCartney llamando  a mi casa! Me invitó a ir con él a una fiesta, que será mañana en la noche. ¡Estoy muy nerviosa! Pese  a que estoy castigada, me escaparé por la ventana, como siempre. Espero no engancharme la ropa en las ramas del árbol.


26 de noviembre de 1964.
Querido diario:
                        Puedo decir que esta es la mejor noche  de mi vida. He salido con Paul, pero antes casi me maté bajando del árbol, y el perro de la vecina empezó a ladrar y casi me muerde también. Hasta ahí, todo fue  un desastre. Pero después al fin llegó Paul y fuimos a la fiesta, que por suerte no era muy elegante, asi que no desentoné con mi vestido azul. Al contrario, Paul me dijo que ese es su color preferido. Tomamos y bailamos mucho, él baila bastante mal, pero no importa. Cuando estábamos volviendo...¿a que no sabes qué? ¡Me besó! ¡Paul me besó! Lo amo, estoy enamorada de él, en la escuela se querrán morir cuando les cuente y....”

Paul pasó a la siguiente página, y luego a la siguiente, y asi hasta llegar a casi la mitad del diario. Midori lo miraba mientras comía galletitas, tratando de calmar su insaciable hambre. Le parecía que Paul estaba como quien lee una novela que no puede dejar para saber qué ocurrirá. Aunque Paul recordaba perfectamente esa novela. Doris había estado mucho tiempo entre ellos, aunque en aquella época vertiginosa, mucho tiempo en realidad era un par de meses. Al fin llegó a una arte del diario, o de la vida de Doris, que a él le interesaba, porque quizás pudiera ayudarlo a sacarse a esa chica de encima.
-¿Tu abuela te habló de esto?
-Sí, un día me contó.
-¿Y te dijo que yo soy tu abuelo?
-Mmm....
-Porque acá veo otra posibilidad –la interrumpió y le señaló una página del diario –Doris no solo anduvo conmigo, sino también con Ringo.
-Eso ya lo sé.
-Yo no. Tuve la sospecha pero nunca lo confirmé, después Doris desapareció completamente. Es muy loco enterarse de esto tanto tiempo después.
-Y sí, debe ser feo enterarse cincuenta años después, que te hicieron cornud....Ay, perdón.
Se tapó la boca, avergonzada por su metida d epata y también con miedo por la mirada asesina de Paul.
-Seguramente el padre de tu madre es Ringo.
-¿Y cómo lo sabe?
-Lo sé y punto. Tú no eres mi nieta.
Frunció el ceño, otra vez ofendida, y esperó a que Paul se arrepintiera, pero no lo hizo.
-Quizás Ringo tampoco lo sea. A lo mejor, tu abuela tenía otros novios.
-¿Está insinuando que mi abuela era una loca?
-No, pero si lo insinuara no estaría faltando  a la verdad.
Sintió que la rabia se apoderaba de ella y juntó las fotos y le quitó el diario de las manos.
-Ojalá no sea su nieta. Usted es una gran desilusión.
Guardó todo y, ya que estaba, se llevó las galletitas que estaba comiendo y terminó de tomarse el jugo. Se colgó el bolso, lista para salir de allí cuanto antes. Sin embargo, Paul no pudo evitar ceder. Tenía que reconocer que esa muchacha le daba curiosidad y también pena, seguramente sería algo muy duro para una joven estar buscando a un abuelo perdido en el tiempo.
-Discúlpame otra vez –alcanzó a tomarla de un brazo, para que se detuviera –De nuevo te explico que todo esto es muy extraño, pero no me da derecho a tratarte así. Perdón.
-Está bien. Sólo necesito su ayuda. Ah, y que me regale su último disco, lo bajé de internet pero no es lo mismo...
-¿Cómo vas  a bajarlo....? En fin, está bien –suspiró. En medio de todo el lío que se le había formado en la mente, le causaba gracia el desparpajo de Midori. Recién es ése momento, ella se dio cuenta de lo que estaba haciendo.
-No sé porqué me comporto así, pensaba que estaría muy nerviosa y que no me saldrían las palabras, y míreme, no paro de hablar y decir tonterías. Sepa disculparme.
-Ya, no te preocupes –estiró el cuello y alcanzó a ver al mayordomo espiando detrás de una puerta. –Ya que estás ahí, tráeme un disco para la señorita.
-Señor, yo sólo pasaba por aquí, no piense mal de mí...
-Sí, sí. Anda, tráeme un disco.
-¡Gracias! –exclamó Midori, y le dio un abrazo que tomó de sorpresa a Paul.
-Eh...eh...de nada....
-Ahora dígame, ¿va a ayudarme?  Sólo será un ADN.
-¿Qué? No, no pienso hacerme eso. Alguien puede enterarse y filtrar la información.
-Pero es la única forma...
-Pero no quiero someterme a eso.
Lo miró indignada.
-No me puede decir semejante cosa.
-Midori, trata de entender, soy un hombre famoso, cualquier cosa puede perjudicarme
-Usted ya tiene la vida hecha, y yo solo tengo 18 años, quiero saber quién es mi abuelo. Entiéndame usted a mí. Al final dice una cosa y después otra....
-No, no te enojes, te explicaré...
-Ay, ya no me moleste.
-Te recuerdo que fuiste tú la que vino aquí.
-Bueno, perdón por robarle su tiempo.
-Déjame pensar lo de los análisis, por favor...
El mayordomo se acercó con el disco.
-No quiero ese disco, después de todo, es muy aburrido, tendría que contar con un asesor que lo guíe para elegir las canciones.
-Pero ¿qué dices?
-Déme mi abrigo y mi maleta.
El mayordomo dejó el disco sobre una mesa pequeña y corrió a darle las cosas. Midori se abrigó y levantó con dificultad la maleta.
-Deja que te ayude
-No quiero –contestó contundente.
-Espera. Toma dinero, es para que vayas a ver a Ringo, no está en la ciudad.
-No quie...
-Vamos, tómalo. Por favor.
Miró los billetes y luego de pensarlo unos instantes, los tomó y los guardó en el bolsillo.
-¿Me das tu número de teléfono? Así puedo ubicarte.
-No lo necesitará. Ya volveré.

Paul no supo si aquello le sonaba como una promesa o una amenaza. Ya volvería. Decidió cancelar todos los compromisos que tenía para ese día y volver  a su casa. No diría nada a nadie de la extraña visita que había tenido, ni de su extraña “nieta”. Sí, sin querer, la había llamado así. 


***************
Hola!!! Después de bastante tiempo, he vuelto. Siento traerles un capitulo que esperaba que saliera mejor, pero salió así y no hubo forma de acomodarlo. Les prometo que el siguiente será mejor, o mas entretenido por lo menos.
Ahora les dejo muchos saludos a todos lo que leen esto!

jueves, 4 de julio de 2013

¡Mi abuelo es un beatle! Capitulo 2

-¡Ven aquí ahora mismo!
Caster sólo obtuvo por respuesta un portazo que sacudió toda la casa. Suspiró, resignada, mirando por la ventana a su hija, que caminaba llevando casi a rastras una pesada maleta.

***********
-Ay, ¿cómo puede ser que un poco de ropa pese tanto?
Midori dejó la maleta en el suelo, a pesar de que se ensuciaría con polvo, y se secó la frente sudorosa. Le gustaba vivir casi en medio del campo, pero detestaba tener que caminar hasta llegar al pueblo cuando se trataba de ahorrar en autobús. Hablando de autobús, éste se acercaba, y pasó a escasos centímetros de ella, envolviéndola en una nube de tierra. Tosiendo, levantó la maleta.
-Empezamos bien...-bufó, reanudando la caminata.
Escuchó un extraño ruido y se detuvo. Reconocía eso, es mas, cualquiera se daría cuenta de lo que era, pero no podía creerlo. Se giró y comprobó que no estaba equivocada.
-¡Giuseppe! ¿Qué haces aquí, pato?
Corrió hasta el animal, que sólo respondió con dos escuetos...cuacs. A pesar de la larga caminata, se veía muy fresco y elegante.
-¿Por qué me has seguido? Ahh...ya sé, piensas que te abandonaré. Pues te has equivocado patín, Midori regresará, ¡y con abuelo! ¿Qué te parece?
El pato sólo hizo otro “cuac” que a Midori le hizo parecer que estaba en desacuerdo.
-Tranquilo, los dos posibles abuelos son vegetarianos. No te comerán.
Giuseppe sólo dio un pasito hacia adelante y se dejó acariciar por su dueña.
-Ahora vuelve, ¿si? Vamos, ¡a casa pato loco!
Lo espantó con la mano y Giuseppe comprendió, porque dio media vuelta y emprendió el regreso a casa. Midori levantó su maleta y continuó caminando. Pero no pasaron ni dos minutos cuando otra vez tuvo que detenerse. En su bolsillo, la melodía de “Para Elisa” hacía que su teléfono celular sonara enloquecido.
-Hola –dijo perdiendo la paciencia.
-¡Midori ¿dónde estás?!
-Ah, Jeremy...
-¡Sí, soy yo! ¿Dónde estás?
-¿Acaso lo olvidaste? Te dije que hoy partiría a Londres.
-¿Queeé? –tuvo que alejar el teléfono de su oído para no quedar sorda -¿Qué te pasa? ¡Te dije que no hicieras eso!
-Y yo te dije que lo haría. Jeremy, sabes que esto es muy importante para mí y...
-¡Estás loca!
Cansada, cortó la comunicación y luego apagó el teléfono.
Jeremy era, desde hacía casi cinco meses, su novio. Pese al poco tiempo que llevaban juntos, ya estaban hartos de las peleas  que tenían casi a diario. Digamos que no eran la típica parejita de adolescentes enamorados y endulzados. Él tenía un humor cambiante que hacía que Modori se cansara.

Al fin llegó al centro del pueblo. Caminar unas pocas calles mas fue lo que le costó llegar hasta la estación de autobús.
-Buenas tardes, un boleto a Londres. El mas barato.
Sin siquiera responder a su saludo, el empleado le extendió el boleto y tomó el dinero.
-Saldrá a las 17:07 hs. –fue lo único que le dijo.
Midori agradeció y miró su reloj pulsera. Faltaba mas de media hora. Se sentó en una fría banca, y metió las manos en los bolsillos. Ya tenía hambre y le gustaba la idea de tomarse aunque sea un café bien caliente, pero no podía darse ese lujo. El dinero que llevaba era el justo y necesario.


Fiel a la famosa puntualidad inglesa, el autobús salió a las 17:07. Midori respiró hondo y cerró los ojos, una siesta no le vendría nada mal. Sin embargo, se dio cuenta que eso seria imposible: su estómago hacía ruiditos y su mente parecía haberse confabulado con él.
-Mmm...pizza....pollo al horno con papas....spaghettis....¡Basta Midori! Trata de dormir, ya comerás....
A su lado, un hombre gordo no tuvo mejor idea que abrir un paquete de galletas dulces. Midori sintió cómo se le hacía agua la boca. El hombre comía ruidosamente, mirando por la ventanilla, sin siquiera reparar en ella.
Le hizo una sonrisita. Quería verse simpática y quizás entablar una conversación cualquiera sólo para que el tipo le convidara.
-Disculpe, ¿podría decirme la hora?
-No llevo reloj, deben se cerca de las 6 de la tarde.
-Ahh gracias. A veces yo también me olvido el reloj, como hoy –rió apenas, mirando al tipo. Este sólo hizo un gruñido y nada mas.
Su plan no había funcionado, y ahora además, trataba de ocultar su reloj pulsera para que el hombre no lo viera. Se resignó a seguir escuchando el ruidito de la bolsa de galletas y cerró los ojos. Estaba ya entrando a un sueño poblado de golosinas, pastas y papas fritas cuando algo la sobresaltó: el hombre gordo también estaba durmiéndose, y roncaba. Roncaba como un rinoceronte asmático. Midori se acercó y estiró su brazo. Le robaría descaradamente las galletas, pero cuando ya estaba a punto de cometer ese delito, el hombre apretó la bolsa contra su pecho.
-¡Ayy! –no pudo reprimir un gritito de enojo y se volvió a acomodar en su asiento, cruzada de brazos. Le tocaría una noche de hambre y ruidos.



Estaba amaneciendo cuando vislumbró los edificios recortándose en la niebla. Los nervios comenzaron  a apoderarse de ella. ¿Y si todo salía mal? ¿Y si todo era un invento de su abuela? Y lo peor: ¿y si su madre tenía razón?
Ni bien el autobús entró a la ciudad, el hombre gordo bajó, llevándose con él las galletas. Midori vio como cada vez iban acercándose mas al centro.
Un hombre de los asientos del fondo se incorporó y caminó por el pasillo.
-Disculpe –le salió al paso -¿Podría decirme cómo llegar a ésta dirección?
El hombre tomó el papelito que ella le tendía.
-Je, otra fan –dijo en voz baja –Te conviene bajar en la próxima parada.
-Muchas gracias –tomó de vuelta el papelito y lo dobló bien, metiéndolo en un bolsillo de su jean.


*************
El autobús reanudó su marcha, dejando detrás de sí un remolino de hojas secas y humo. Midori tosió dos veces y se acomodó el cabello despeinado. Miró la calle: jamás había ido a Londres y se sentía perdida en ese lugar tan diferente a su pueblo, y  a su casa, donde el único ruido fuera de lugar eran los gritos de su madre. Bostezó y levantó la maleta. No tenía ni idea de cómo llegar.
Vio que en una esquina doblaba un grupo de personas. Se acercó a ellos, corriendo, y se percató de que todos eran orientales.
-Oigan ¿saben cómo puedo llegar a ésta calle?
Antes de que terminara de preguntarles y de mostrarles su papelito, todos empezaron a hablarle  a la vez, en un idioma desconocido, y haciendo señas para todos lados.
-Nota mental: nunca preguntes nada a un chino –se dijo a sí misma –Ehh...gracias, ¡adiós!
Corriendo, cruzó la calle, cuidándose de que los chinos no la siguieran.
Un autobús frenó y bajaron unas cuantas personas, entre ellas un niño de  unos 12 años con uniforme escolar.
-¡Ey! –le gritó. El chico se acercó, desconfiado -¿Puedes decirme cómo llego a ésta dirección?
El niño leyó el papel y casi se echó a reír.
-Es aquí.
-¿Eh?
-Aquí –con su dedo señaló justo el edificio que estaba detrás de Midori.
-¿Qué? –se giró y leyó un cartel –Ay...tienes razón, ¡qué tonta soy!
El niño asintió y ella primero lo miró con severidad  y después le  sonrió.
-Gracias.
-De nada –salió corriendo, sujetando su mochila.
-Bien Midori....ya llegaste.
****************

Con una sonrisa fingida, esperó a que abrieran la puerta. Por dentro, los nervios la estaban matando y repasaba una y otra vez en su mente el discurso que había preparado.
-¿Si? –al fin la puerta se abrió y apareció un hombre alto, de esos que tienen toda la apariencia de mayordomo para una película.
-Vengo a ver a Paul McCartney.
-¿Usted piensa que dejamos entrar a cualquier fan?
-Es que no soy ninguna fan. Soy su nieta.
-Oh, disculpe señorita, pase.
Sorprendida, Midori entró. No podía creer que fuera tan fácil entrar a MPL Communications.
-Sir Paul está reunido con un par de señores.
-¿Tan temprano?
-Le gusta aprovechar el día. Disculpe que la haya confundido con una fan, es que nunca vienen los nietos de Sir Paul, y por lo tanto no los conozco. Permítame –le quitó la maleta –Su abrigo.
-Ah si -gustosa, se quitó la chaqueta y se la dio, el hombre guardó todo en un gurdarropas.
-Mientas espera, ¿quiere tomar algo?
-¡Si, por favor! Quiero un tazón de leche con cereales, jugo de naranja, galletas dulces...En fin, quiero un buen desayuno.
-Acompáñeme.
Lo siguió a una sala donde, sentada ante una gran mesa, esperó a que le trajeran su nunca tan ansiado desayuno.
Y sí, había mentido, y encima estaba dándose lujos, pero no podía evitarlo. Aún no sabía si era nieta de Pual, pero eso le había servido para entrar allí y en poco rato, estar cara a cara con él. Al fin cumpliría su sueño, hablar con un beatle. Y quizás, su abuelo.

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-Bien, entonces también agreguemos Canadá a la próxima gira.
Un hombre, vestido de traje negro, anotó en su tablet, mientras otro vestido igual consultaba una agenda.
-Sir Paul, ¿enviamos sus requisitos?
-Sí, claro. Ya saben, lo de siempre, pero quiero que agreguen que necesito veinticuatro jabones.
-¿Tantos?
-Anota eso.
-Como diga, Sir.
Se escucharon unos discretos golpes en la puerta.
-¿Si?
-Sir Paul, su nieta vino a verlo.
-¿Mi nieta? Qué raro...Caballeros, discúlpenme, pero me preocupa que haya venido aquí uno de mis nietos, y encima tan temprano...Quizás haya pasado algo. Ya vuelvo.

Paul se puso de pie y salió de su oficina, siguiendo al mayordomo.


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Hola! Bueno, acá vengo yo, avisé que tardaría así que no protesten jaja. El tema es que ya subí, y espero que les haya gustado este capitulo. Agradezco a todos los que leyeron y comentaron el primer capitulo, me han dado ánimos para escribir y tratar de que sea de su agrado :) 
Me despido mandándoles un beso grande a todos!
Hasta luego!

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